‘La voz de mis hermanas’ de María Antonieta Flores

Por José Ygnacio Ochoa

La voz de mis hermanas. «Grupo Editorial Eclepsidra»

Todos los seres que aman la gran ensoñación
simplificada, simplicante, ante un cielo que no es otra cosa que «el mundo de la transparencia» comprenderán
la vanidad de las «apariciones».
Para ellos, «la transparencia» será la más real
de las apariencias…
Gaston Bachelard

Mujeres de junio y de todos los meses, hermanas eternas. Mujeres para toda la vida como raíces de árboles que lloran afectos. Entre ellas y los signos no existen dudas, el acuerdo es perdurable. Van y vienen como la vida y el consuelo. Esta larga expresión con la que iniciamos  lo sugiere el libro de La voz de mis hermanas de María Antonieta Flores*. Razones sobran por cuanto la «voz poética» deja al descubierto las ensoñaciones sin un tiempo y sin destinos. El vocablo arde en su furor entre horas de junio. Caminos interminables así es la memoria. Bachelard en el libro Los aires y los sueños destina un capítulo a «Las nubes» y lo ubica como uno de los «objetos poéticos» con una estrecha cercanía a la convicción de la imagen. Los signos en el caso de La voz de mis hermanas están en la estructuración de un cuerpo o mejor dicho su cuerpo poético, englobados entre la naturaleza y  el sentimiento por las hermanas representado en esta primera parte del poemario, luego deviene una motivación cercana a lo que he llamado contemplación, término que acuño a un estado del poeta para decir de su condición de demiurgo que lo podemos traducir en el «alma del poeta» amparado, por supuesto a su herramienta fundamental que no es otra que la palabra, vocablo o alfabeto. Allí se ampara la voz poética para decir de su contemplación. Entonces se contiene el poeta en su soledad para armar su caleidoscopio hasta visualizar aquello intangible, aquello que es volátil en la vida para que sobrevengan los poemas expuestos en este libro. Poemas agrupados también para contar, decir y significar otra realidad, esa realidad, repito, de ensueños. Porque de otra manera dejarán de ser poemas, así lo comprendemos. Comprensión que surge desde el éxtasis de la lectura contemplativa. Esta experiencia no es para sanar, ni elevar nada, ni para dejar legados y mucho menos buscar, entre ellos, explicaciones, no, en todo caso será causar una conmoción. Y, como toda conmoción, esta será efímera, sí. Es la única salida.

     Estamos en presencia ante un estrépito, es como un estruendo de emociones para sacudir (nos), para causar un temblor de lo humano y de las esperanzas. La voz poética se va transparentando en una naturaleza vislumbrada que a la vez se reconoce en los tiempos de devociones: rostro, cabellos, boca y hombro en el camino. El poema hecho cuerpo con la mirada y la palabra porque la voz que canta predica una emoción: solo quedan tus deseos…entonces aflora una determinación por lo poético, por lo fugaz rodeado en la naturaleza. Podríamos hablar de un ritmo poético donde acaece solo el encuentro de la palabra y su sensación de quedar con los fantasmas de la desorientación y el abandono.  Afirmamos que es como un  diálogo interior contenido de dolor—o coloque el lector el término que le sea cercano—. Lo que creemos que es cierto es la  disposición  de un código verbal que se reinventa en cada encuentro con la lectura. La voz poética de María Antonia Flores nos confiere una dinámica sobre la contemplación de una naturaleza hecha suya, esto por un lado, luego se funde con un estado emotivo que resulta de la decantación de un vocablo no solo acústico por la sonoridad originaria de sus combinaciones, sino que también es sentido por esa fuerza que se pueden denominar: confluencia de estados, unido al recogimiento de su «yo». El resultado es, disculpen lo obvio, el poema en el papel. En consecuencia deviene ese estruendo en su máxima expresividad, veámoslo en uno de sus poemas:

[…]
y una mujer muestra su cuerpo
musita su poema

mientras encuentra tu piel y tu mirada
para decirte que está aquí

y puedas extender tus raíces  (p. 11)

     Queda la sentencia de un estado que no es infundado, en todo caso se profundiza en su intuición. Se intensifica con las palabras en un orden personal de su alfabeto. La voz poética de Flores se construye desde esta condición de lo intangible. Dicho de otra manera, sería así: el componente de la emotividad más el componente de la escritura se traducen en el ensueño del poema. Evade conscientemente algunos elementos del orden establecido de la gramática para redefinirlo en otro estado y escribirlo con otro aliento/otro silencio. La voz de mis hermanas se reconoce en: … historias de mujeres solas…una sombra adolorida…encendiendo velas…el dolor de tus ubres…La entonación adquiere su fortaleza necesaria. Rememoramos a Bachelard cuando afirma que en la imaginación-voluntad el poema es oportuno y vibra en su esencia y quien lee se asocia en ese acontecer, único por demás, aparece en su soledad de la escritura para la poeta y de la lectura para quien lee, una soledad que tiene una motivación en el regocijo con la palabra, pero soledad en definitiva. La poeta recrea un acontecimiento emotivo desde su condición imaginaria, se muestra, se desnuda con:

[…]
las palabras que ahora llegan
subiendo por la sangre

una de ellas escudriña el futuro
y otra deja caramelos a los pies de la cama (p. 73)
[…]

     El acontecer de lo humano se materializa en el poema. Comparte su alfabeto dispuesto con miedos, dios misericordioso y con las hojas que el viento atraviesa. Nos unimos a su artejo, nos dejamos encumbrar de «poesía». Seguimos con Bachelard cuando expresa que en las nubes se radica lo cósmico como materia inapreciable pero susceptible en su sutileza para la creación de imágenes volátiles pertenecientes a un plano de lo sensitivo, es el mundo de luz, miedo, arraigo y constelaciones inexplicables en otro ámbito de los efectos y afectos de la vida. En ese orden, entonces, las imágenes de La voz de mis hermanas me concilian con «en el patio», con «los tatuajes del viento en la piel», con «después de noches de poesía», con «las grandes aflicciones»…estos son algunos de títulos de los poemas del libro que me llevan a la desavenencia  de lo material. En cada poema no se acaba nada, todo lo contrario, quedamos solos y nos embarcamos en un movimiento sin ruidos y como dice Bachelard de Novalis la poesía es el arte del dinamismo psíquico. Insisto en lo inmaterial a la vista para llegar a las bondades de la escritura creativa. La voz poética de Flores se nos presta para este acontecimiento. No hay reglas. Se reanuda otro mundo. El acontecimiento es desde el libro.

     Quiero detenerme especialmente en el poema «después de noches de poesía» (pp. 62-64) he allí un poema  —siempre el poema— no solo para leer, es perfectamente para ser representado, como un monólogo interior por lo que él pueda significar y sugerir  en materia de imágenes ante un espectador. Permítanme la elucubración y el riesgo, es una historia condensada de momentos como cuando vemos las nubes con sus azules, en ese acontecer aparecen: mujeres, ancianos, infancia, montañas, aguas, campos, girasoles, días, óleos, aromas y muchas más siluetas-imágenes-sombras: sí, todo en un poema para mostrar(se) con iluminación, música, aromas y silencios como la blanca Beatriz que todos conocemos. Entonces, percibimos que la palabra no se desgasta, más bien se prolonga  en la página. Es ascensión en tanto son lamentos, ondulación del dolor y amenazas atenuadas de las tormentas del pensamiento. La voz poética de Flores despliega una forma de cómo encauzar su artificio —la palabra labrada como artesana de su oficio— con el propósito de que lo subjetivo atraviese el tamiz de la amplitud por encima de un momento histórico y así perdure el poema sin imitaciones, sólo la que se le adjudique al lector. Su parábola creativa va en esa dirección. Por todo lo dicho, son poemas que se disponen en un imaginario con símbolos: signo de una poética, entonces y como dice un respetado amigo, no se diga más, aparecerá el vuelo onírico concebido en La voz de mis hermanas.      

 *La voz de mis hermanas de María Antonieta Flores. «Grupo Editorial Eclepsidra». Colección Vitrales de Alejandría. Poesía. 2005.

1 comentario en “‘La voz de mis hermanas’ de María Antonieta Flores

  1. Una reseña excelente para los versos de una poetisa asimismo excelente. La poesía en palabras de una fémina se tornan pasibles al oído humano pues su lado sensitivo es la sensualidad plasmado en versos de su mismidad, es su condición intrínseca de otra misma de poner el aroma de su «yo», de sexo opuesto, en el amor y pasión de lo propio, de su expresión como ser dadora de vida, de lo vital de su existir incuestionable; lanzar sus aromas al éter par que la vida continúe como fuente de lo permanente.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s