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Ediciones Estival/Revista Teatralidad

Ediciones Estival/Revista Teatralidad en la 13ª Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo, FILUC 2012:
Sábado 27 de oct.: Presentación de libros. Novedades.
Domingo 28 de oct.: Foro El Texto dramático en tres platos.

 SILVA A LAS DESVENTURAS EN LA ZONA SÓRDIDA
Alberto Hernández
Foto: Vasco Szinetar
Foto: SILVA A LAS DESVENTURAS EN LA ZONA SÓRDIDA<br /> Alberto Hernández</p> <p>                                                                                                                                        Foto: Vasco Szinetar</p> <p>1.-</p> <p>En algún lugar de la desmemoria colectiva, Andrés Bello se pregunta con tropical insistencia: “¿Por qué ilusión funesta/ aquellos que fortuna hizo señores/ de tan dichosa tierra y pingüe y varia, / el cuidado abandonan/ y a la fe mercenaria/ las patrias heredades, / y en el ciego tumulto se aprisiona/ a míseras ciudades, / de la ambición proterva/ sopla la llama de civiles bandos, / o al patriotismo la desidia enerva…?”. En algún sitio del olvido han quedado estos sonidos, este instante cuando el viejo autor, derrotado por tanto ruido, se marchó a otros espacios geográficos.</p> <p>Silva a la agricultura de la zona tórrida no sólo es un canto a los dones de la tierra. A la flora y a la fauna sino al hombre que vivía con ellas. Es un canto donde “la lisonja seductora” es también parte de un “ruinoso juego”. Es decir, este largo poema es una indagatoria, un inventario de conductas donde un verso habla “del engreído mando en la tribuna”. También es un poema político, un poema que revisa el discurso de quienes se han apoderado de la tierra, de quienes la llenaron de vicios, de quienes han hecho de ella recargo ideológico, falaz imagen de sus intereses.</p> <p>En homenaje a quien se negó a regresar a su tierra, el poeta Harry Almela escribió el poemario Silva a las desventuras en la zona sórdida (Ediciones Estival, Maracay 2012), donde dialoga con Bello y desentraña el “paraíso perdido” que significó la imagen de esa tierra desde la infancia y desde la edad otra de quienes aún creen que vivimos en el Edén. El juego con el título del antiguo poema desnuda el presente, le quita la piel a la “agricultura” y a una región que fue tórrida, como tórrida fue la relación que fue un día y hoy es sórdida licencia del “brillar en torno aceros homicidas”.</p> <p>2.-</p> <p>Tres geografías contiene este libro de Harry Almela: Mientras crece el semeruco, Postales y Silva a las desventuras en la zona sórdida. Tres tópicos que recogen tres libros donde el autor se somete al texto de Bello y viaja con él por distintos sitios donde verbaliza distintas desventuras.</p> <p>El tercer título, el que hace maromas con el de Andrés Bello, elabora una poética en la que el tiempo del viejo maestro se estaciona en el texto de Almela: allí se fijan el clima y los colores, metáforas y distancias. El autor recoge aromas de matas: nombra el cadillo, el culantro, la pira y el mastranto de memoria. El paisaje adquiere instantes de añoradas costumbres y disloca perspectivas, como si un túnel del tiempo trasladara objetos de un lugar a otro. La nostalgia también viaja en este desvelo poético: “Ya no hay bicicletas, / ni sillas de madera recostadas/ en las puertas de las casas,/ sosteniendo voces que murmuran/ cosas de otra edad”. Pero antes, al comienzo, el saludo clásico, la entrada que da pie para, desde un yo renuente, preguntarse; “¿Cómo puede un frágil recuerdo/ ascender hasta el poema?”. La teoría emplaza la osadía: la realidad se hace palabra. Un ruido confuso se convierte en música. Y luego: “¿De cuál ciénaga estéril/ intenta retornar ese chubasco, / ese aroma de hierba ensangrentada?”. También: “¿Puede la palabra/ profanar el sosiego, / la presencia?”. Bello hace silencio. El diálogo inconcluso destaca más adelante la angustia de quien escribe con la intención de saber de los hechos que este hoy sufre con la falsa máscara del pasado: “La lengua de pensar/ y de explicar/ se destroza/ bajo los cascos hirsutos/ que han regresado/ a devorarnos”. “La desventurada zona” es este tiempo verbal con trozos de imágenes  en las que Bello ambulaba haciéndose preguntas. Así, para rematar, el poeta Almela hunde la daga en la antigua desazón de nuestras miserias: “Salve desventurada zona/ de aquello de lo que somos/ hijos y padres, / y que anhela contar/ su leyenda,/ sabiendo, en todo caso,/ que nada vale la pena.// Ni el silencio”. Con razón la voz de Bello en el epígrafe nos conmina a vernos a los ojos: “No te detenga, ¡oh Diosa¡/ esta región de luz y de miseria”.</p> <p>3.-</p> <p>Mientras florece el semeruco es el yo actual, presente del autor. En estos poemas Harry Almela regresa a la visión de un hoy desde el cual invoca al viejo maestro, pero más, pide a la poesía que no lo salve de nada, y “Abandóname desnudo a la intemperie”. Esta exigencia es una justificación para confirmarse parte de la gramática de su existencia en la “desventurada zona” de estos días: “Vivo en una calle llena de mendigos, / en una ciudad de árboles que arden tercamente/ bajo el Sol detenido del verano”. Y así hasta el fondo del poema donde “la vida continúa, inocente, desde su precipicio”. A cierta hora el odio se concentra, se hace ingrediente del pesimismo: “Esta parece, al fin, / la hora de la bestia”. Se trata de un sujeto, de un “hombre que ahora escribe/ se debate solo/ entre la tempestad y la niebla”. Los poemas de este periplo hincan la piel. Y a sabiendas de esta afirmación, Almela se vale de Fito Páez y Joaquín Sabina para darse un paseo por el mundo, y seguro se sentía extraño como aquellos forasteros de la Venezuela de 1810 que don Andrés Bello destacó en su Calendario Manual y Guía Universal. La infancia se detiene en una ventana y desde allí es junio y las guerras interiores. Y así: “El gato traslúcido/ se asoma en la ventana/ y modula su maullido eterno”. El exilio voluntario, a la sazón para descubrir el otro yo del naufragio, se hace dolor en medio de todos los sueños. Por eso, “El mundo y yo no lo tenemos fácil”. La poesía también se exilia, se muda, se arranca la piel: la zona sórdida se siente de esta manera: “Los amigos se han hundido/ en el fondo de su plato sombrío.// He visto sus mariposas negras/ aletear dulcemente en mi almohada// (…) ”los que se han ido/ cada vez están más solos”. El poema se alarga como un animal eléctrico. Canta y calla. Se mueve y se detiene. El yo se hace muchos y desaparece. Y una parábola lo destaca: “Mientras tú y yo nos malgastamos/ en varios intentos por componer/ lo que Dios ha abandonado.// Mientras tú y yo nos consumimos/ frente a una taza de café caliente…”, hasta advertirnos parte de “los daños colaterales” que orillan el poema, que son la realidad de otro texto. Hasta la consigna que sacó a la muerte del juego político, mas no del colectivo ciudadano.</p> <p>Postales dice países y ciudades que el ojo del poeta ha visto o ha advertido desde sus desgracias, calamidades o frágil felicidad. Desde Haití, pasando por Praga, Ocumare de la Costa, Florencia o Cubagua, la voz de Almela no deja de revisar y decir del horario de sus desdenes y alcances. Deja al final el pueblo donde respira y se ahoga a las orillas de un lago que hoy es un terrible atentado, “Este poema no quiere ser feliz. // Solo desea levantar la muralla/ contra el mundo atroz que lo alimenta.// Ya no hay Arcadia azul,/ ni esponja dormida. / Solo humo y cadáveres (…) Desde aquí escribirás a tu demonio/ al linaje vehemente que desgasta, / al sueño de panal que te devora” (…).</p> <p>Al cierre, el poeta teoriza, lo hace en prosa para precisar el país que lo escribe y donde escribe. Desde  Vuelta a la patria hasta Mi padre el inmigrante, Rafael Cadenas y muchas sensaciones, el poeta Almela vertebra esta intensidad titulada Silva a las desventuras en la zona sórdida.
En algún lugar de la desmemoria colectiva, Andrés Bello se pregunta con tropical insistencia: “¿Por qué ilusión funesta/ aquellos que fortuna hizo señores/ de tan dichosa tierra y pingüe y varia, / el cuidado abandonan/ y a la fe mercenaria/ las patrias heredades, / y en el ciego tumulto se aprisiona/ a míseras ciudades, / de la ambición proterva/ sopla la llama de civiles bandos, / o al patriotismo la desidia enerva…?”. En algún sitio del olvido han quedado estos sonidos, este instante cuando el viejo autor, derrotado por tanto ruido, se marchó a otros espacios geográficos.

Silva a la agricultura de la zona tórrida no sólo es un canto a los dones de la tierra. A la flora y a la fauna sino al hombre que vivía con ellas. Es un canto donde “la lisonja seductora” es también parte de un “ruinoso juego”. Es decir, este largo poema es una indagatoria, un inventario de conductas donde un verso habla “del engreído mando en la tribuna”. También es un poema político, un poema que revisa el discurso de quienes se han apoderado de la tierra, de quienes la llenaron de vicios, de quienes han hecho de ella recargo ideológico, falaz imagen de sus intereses.En homenaje a quien se negó a regresar a su tierra, el poeta Harry Almela escribió el poemario Silva a las desventuras en la zona sórdida (Ediciones Estival, Maracay 2012), donde dialoga con Bello y desentraña el “paraíso perdido” que significó la imagen de esa tierra desde la infancia y desde la edad otra de quienes aún creen que vivimos en el Edén. El juego con el título del antiguo poema desnuda el presente, le quita la piel a la “agricultura” y a una región que fue tórrida, como tórrida fue la relación que fue un día y hoy es sórdida licencia del “brillar en torno aceros homicidas”.2.-Tres geografías contiene este libro de Harry Almela: Mientras crece el semeruco, Postales y Silva a las desventuras en la zona sórdida. Tres tópicos que recogen tres libros donde el autor se somete al texto de Bello y viaja con él por distintos sitios donde verbaliza distintas desventuras.
El tercer título, el que hace maromas con el de Andrés Bello, elabora una poética en la que el tiempo del viejo maestro se estaciona en el texto de Almela: allí se fijan el clima y los colores, metáforas y distancias. El autor recoge aromas de matas: nombra el cadillo, el culantro, la pira y el mastranto de memoria. El paisaje adquiere instantes de añoradas costumbres y disloca perspectivas, como si un túnel del tiempo trasladara objetos de un lugar a otro. La nostalgia también viaja en este desvelo poético: “Ya no hay bicicletas, / ni sillas de madera recostadas/ en las puertas de las casas,/ sosteniendo voces que murmuran/ cosas de otra edad”. Pero antes, al comienzo, el saludo clásico, la entrada que da pie para, desde un yo renuente, preguntarse; “¿Cómo puede un frágil recuerdo/ ascender hasta el poema?”. La teoría emplaza la osadía: la realidad se hace palabra. Un ruido confuso se convierte en música. Y luego: “¿De cuál ciénaga estéril/ intenta retornar ese chubasco, / ese aroma de hierba ensangrentada?”. También: “¿Puede la palabra/ profanar el sosiego, / la presencia?”. Bello hace silencio. El diálogo inconcluso destaca más adelante la angustia de quien escribe con la intención de saber de los hechos que este hoy sufre con la falsa máscara del pasado: “La lengua de pensar/ y de explicar/ se destroza/ bajo los cascos hirsutos/ que han regresado/ a devorarnos”. “La desventurada zona” es este tiempo verbal con trozos de imágenes en las que Bello ambulaba haciéndose preguntas. Así, para rematar, el poeta Almela hunde la daga en la antigua desazón de nuestras miserias: “Salve desventurada zona/ de aquello de lo que somos/ hijos y padres, / y que anhela contar/ su leyenda,/ sabiendo, en todo caso,/ que nada vale la pena.// Ni el silencio”. Con razón la voz de Bello en el epígrafe nos conmina a vernos a los ojos: “No te detenga, ¡oh Diosa¡/ esta región de luz y de miseria”.
3.-Mientras florece el semeruco es el yo actual, presente del autor. En estos poemas Harry Almela regresa a la visión de un hoy desde el cual invoca al viejo maestro, pero más, pide a la poesía que no lo salve de nada, y “Abandóname desnudo a la intemperie”. Esta exigencia es una justificación para confirmarse parte de la gramática de su existencia en la “desventurada zona” de estos días: “Vivo en una calle llena de mendigos, / en una ciudad de árboles que arden tercamente/ bajo el Sol detenido del verano”. Y así hasta el fondo del poema donde “la vida continúa, inocente, desde su precipicio”. A cierta hora el odio se concentra, se hace ingrediente del pesimismo: “Esta parece, al fin, / la hora de la bestia”. Se trata de un sujeto, de un “hombre que ahora escribe/ se debate solo/ entre la tempestad y la niebla”. Los poemas de este periplo hincan la piel. Y a sabiendas de esta afirmación, Almela se vale de Fito Páez y Joaquín Sabina para darse un paseo por el mundo, y seguro se sentía extraño como aquellos forasteros de la Venezuela de 1810 que don Andrés Bello destacó en su Calendario Manual y Guía Universal. La infancia se detiene en una ventana y desde allí es junio y las guerras interiores. Y así: “El gato traslúcido/ se asoma en la ventana/ y modula su maullido eterno”. El exilio voluntario, a la sazón para descubrir el otro yo del naufragio, se hace dolor en medio de todos los sueños. Por eso, “El mundo y yo no lo tenemos fácil”. La poesía también se exilia, se muda, se arranca la piel: la zona sórdida se siente de esta manera: “Los amigos se han hundido/ en el fondo de su plato sombrío.// He visto sus mariposas negras/ aletear dulcemente en mi almohada// (…) ”los que se han ido/ cada vez están más solos”. El poema se alarga como un animal eléctrico. Canta y calla. Se mueve y se detiene. El yo se hace muchos y desaparece. Y una parábola lo destaca: “Mientras tú y yo nos malgastamos/ en varios intentos por componer/ lo que Dios ha abandonado.// Mientras tú y yo nos consumimos/ frente a una taza de café caliente…”, hasta advertirnos parte de “los daños colaterales” que orillan el poema, que son la realidad de otro texto. Hasta la consigna que sacó a la muerte del juego político, mas no del colectivo ciudadano.
Postales dice países y ciudades que el ojo del poeta ha visto o ha advertido desde sus desgracias, calamidades o frágil felicidad. Desde Haití, pasando por Praga, Ocumare de la Costa, Florencia o Cubagua, la voz de Almela no deja de revisar y decir del horario de sus desdenes y alcances. Deja al final el pueblo donde respira y se ahoga a las orillas de un lago que hoy es un terrible atentado, “Este poema no quiere ser feliz. // Solo desea levantar la muralla/ contra el mundo atroz que lo alimenta.// Ya no hay Arcadia azul,/ ni esponja dormida. / Solo humo y cadáveres (…) Desde aquí escribirás a tu demonio/ al linaje vehemente que desgasta, / al sueño de panal que te devora” (…).
Al cierre, el poeta teoriza, lo hace en prosa para precisar el país que lo escribe y donde escribe. Desde Vuelta a la patria hasta Mi padre el inmigrante, Rafael Cadenas y muchas sensaciones, el poeta Almela vertebra esta intensidad titulada Silva a las desventuras en la zona sórdida.

El director, dramaturgo y critico teatral venezolano Juan Martins fue premiado como MEJOR DIRECCIÓN por la obra MARIANA de José Ramón Fernández con la exquisita actuación de Mirla Campos, juntamente con José Ygnacio Ochoa en los ajustes técnicos. Una alegría compartir con este grupo venezolano en el III FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO CLÁSICO ADAPTADO 2012. véase más en facebook.com/juan.martins

Presentan en la Librería Kalathos «Poética del desatino» de Alberto Hernández

El sábado 28 de mayo en Kalathos

“POÉTICA DEL DESATINO” DE ALBERTO HERNÁNDEZ. (Ediciones Estival)
El próximo sábado, a las 11 y 30 de la mañana, en la Librería Kalathos, será presentado el libro Poética del desatino (aforismos), del poeta y escritor Alberto Hernández.
Se trata de un libro de desafíos, de un despropósito donde el autor se desnuda y avisa de su incomodidad en el mundo. Un libro para leer de pie, acostado o dormido. Bajo la lluvia o a pleno sol.
La obra será presentada por la también poeta Edda Armas. Además, tendremos con nosotros la presencia de su editor Juan Martins, escritor, dramaturgo y crítico teatral.
La librería Kalathos está ubicada en el centro de Arte Los Galpones, 8va. Transversal de Los Chorros, entre la Av. Ávila y calle Ávila, galpón 11, Urbanización Los Chorros, Caracas. Telf 0212 2852820/ email libreriakalathos@gmail.com

***

 Claves y Estrategia Metateatrales

Bajo este mundo de las apariencias subyace la base filosófica del metateatro en sus dos formas de pensamientos de carácter interdependiente la “vida como un teatro” y la “vida como un sueño” en el que los niveles interaccionan dando apertura a nuevos y complejos procesos metafísicos, simultáneos, contrapuestos, mezclados, fusionados o alternados, que suponen un verdadero reto, no sólo para los dramaturgos y directores, sino para los actores convocados a interpretar personajes metateatrales.

La compleja estructura del metateatro en todas sus instancias requiere procedimientos distintos a los del teatro tradicional con los que estamos asumiendo en la actualidad los procesos de análisis y creación metateatral en el que los actores y creadores deben articular procesos de alteración y modificación entre el teatro, la vida y el sueño que ofrece este universo fenoménico de la multiplicidad del yo.

En este sentido los creadores no se limitan sólo a la forma del TDT sino que crean otras estrategias que plantean en el plano de la recepción, procesos autorreflexivos más complejos y (des)estabilizadores en los que el espectador experimenta la dicotomía entre el ser y no ser, entre vivir y soñar, entre actuar y no actuar, en la medida que actuar significa pensar, imaginar, percibir, desear y a la vez actuar hacia los demás, uno mismo, y el mundo.

En este sentido es preciso que los actores, conozcan los aspectos básicos del mecanismo y funcionamiento del juego metateatral en el que se encuentran inmersos a la vez que se distancian de los efectos confusos de lo que es, de lo que no es y de lo que puede ser.

En este sentido el metateatro constituye una tarea pendiente desde el punto de vista de la interpretación/creación, ya que lo estamos abordando a través de paradigmas tradicionales de interpretación/ creación teatral, que no responden, ni corresponden, a la naturaleza del fenómeno metateatro. [1]


[1] Claves y Estrategia Metateatrales de María Gray . Ediciones O´grelo. Madrid 2011. (Capítulo IV, Págs. 79-80).

Lunes, 14 de junio
Congreso Hispanoamericano de Escritores

MESA REDONDA SOBRE LA SITUACIÓN DEL TEATRO Y EL LIBRO TEATRAL EN EL CONGRESO HISPANOAMERICANO DE ESCRITORES       MADRID. Casa del Libro de Gran Vía, 29

19,40h
El libro teatral en Hispanoamérica, con Juan Martins (Venezuela) Camilo Pellegrini (Brasil) y Marco Antonio de la Parra (Chile)

20h
Mesa redonda: El futuro del libro teatral

Modera: Raúl Hernández Garrido (España)

Participan: Lola Blasco (España), Luis Araujo (España), Daniel Veronese (Argentina), Luis Miguel González Cruz (España), José Henríquez (Chile), Amaranta Ossorio (México-Colombia) y Marcos Malavia (Bolivia).

Dentro del Congreso Hipanoamericano de Escritores, CHÉ

juan martins

El destacado dramaturgo, poeta y crítico teatral venezolano te invita a visitar la web del evento participa este lunes. En que señala su experiencia como editor.

  • Con este Congreso se pretende compartir experiencias con autores que viven en gran medida fuera de sus países y que coinciden en la necesidad de buscar formas de ofrecer las propias creaciones ante el empuje de las grandes multinacionales de la industria cultural. Podría decirse que se tratará de “diversidad cultural”. Aunque al tratarse de creadores, nunca se sabe.
  • Se celebra en Madrid, Alicante, Marbella, Santander, Jerez y León y el primer Congreso Hispanoamericano de Escritores, organizado por Ediciones Irreverentes con la colaboración de Radio Exterior de España (REE), la Casa del Libro, el Instituto Francés, el Centro Checo de Madrid, Europa Press, Absurda Fábula,Cambio 16, La Vida es Bella y Teatro del Astillero.

Congreso

Crítica teatral y revista ‘Teatralidad’te invitan

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