Butacas de media tarde

 juan martins

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Al tratarse de la «Compañía de Repertorio del Teatro de La Ópera de Maracay» esperamos por la institución lo mejor y, con Tartufo de Molière*, sucedió cuando presenciamos un «ensayo general ante público» el cual me confirió goce estético, además de saber, en segundo lugar, que se está  haciendo y se quiere, profesionalmente, hacer al innovar el trabajo con alto perfil frente aquel compromiso de organización y nivel de actuaciones. Ahora bien, esto se destaca en la estructura de ritmo, al que defino como tal cuando la cadencia, proyección de la voz y desplazamientos se encuentran en su lugar, a modo de expresar aquella disciplina que lo pide. Ahora bien, ¿cuáles indicios nos permitió registrar tales signos en la composición de la puesta en escena?: lo diré en una palabra: organización. Desplazamientos y gestos proporcionados sostuvieron, insisto, esa estructura. Lo que, a un tiempo, permitió por su parte, los mismos niveles de la actuación con diferencias técnicas entre ellas, por su puesto por las distintas experiencias que cada quien aportó. Y aquí rige la labor de la dirección, colocar en simetría esas diferencias en la composición. Además del nivel, afianzar de cada uno el talento hacia el desarrollo del espacio escénico: lo orgánico como línea discursiva que le infirió Reynaldo Hidalgo. Y es cuando hay que destacar, a modo de ejemplo en esa línea conceptual, la actuación de Firelley Fernández en su rol de Dorina, jocosidad, ritmo y desplazamiento en cada punto de aquel espacio escénico: la proyección de la voz venía acompañado del gesto y el traslado (por la carga de los signos: mirada-gesto-dicción) sobre el perfil de su personaje: la comicidad sobria ante el cuidado del discurso actoral, la técnica y la aptitud permitían aquel goce estético con el cual dicho espacio queda definido sobre la siguiente cadena: dentro/fuera-arriba/abajo-izquierda/derecha: significación. Y esto lo decimos porque los actores (en la unidad actor-actriz) tenían ese compromiso con el desplazamiento por lo extensivo del escenario de la sala. Entonces es cuando la actriz, así como el resto del elenco, deben llevar la proyección de la voz hasta el resto de esa sala. Y lo consiguieron en el componente de espacio (su uso por medio del desplazamiento), movimiento y voz. Signos estos que logran unirse por la capacidad de la actuación, sobre todo, el estilo que se le otorga a la anterior dinámica mencionada: el carácter orgánico de la misma. Tal disposición nos permite identificarnos con la interpretación del personaje. Así que la relación actor/personaje encaja sobre la escenificación. Es decir, sabemos de la condición del texto en cuanto a su estructura cerrada por ser un clásico, sin embargo, la recepción del público acepta la novedad —su contemporaneidad— por la veracidad de dicha interpretación: el ritmo es colocado por la necesidad de «sentir» y «hacer sentir» las condiciones «naturales» de los personajes. Y esto también, por eso lo decía, es técnica actoral.

     Volvamos al asunto de la actriz/personaje, queda definido el modo en que se instrumenta el texto (desde la interpretación) para el lenguaje del cuerpo y cómo éste instrumenta la emoción con el propósito de racionalizar (el texto) y, a priori, construir justo lo que estamos hablando: la voz, el gesto, los desplazamientos y, junto a ello, las coordenadas de la actuación dispuestas, en último término, para la visión del público. Se estructura cuando el drama (en tanto obra) se da en ese tejido entre la fábula (el relato teatral, lo diegético) y su escenificación o se entendería en la medida que los actores desarrollan una acción en un espacio y tiempo definido para la visión del público, puesto que el texto se consolida por medio de estas interpretaciones («semiológicas» del texto dramático) a partir de aquella modalidad orgánica, sentida, emocional e imaginaria a la cual se le asigna. Tiene teatralidad no tanto por la escenografía: un salón (¿a lo francés?) con butacas antiguas y decorado medieval. Eso, por sí solo, como sabemos, no agregaría mayor importancia, sino que más bien lo reconocemos por el uso que le dan a tales dispositivos, los actores/actrices. Todo cambia cuando este público se emociona, identificándose con lo lúdico y gracioso. La visión queda transparentada por el humor y la ironía. En esa línea se mantiene en la continuidad: Daniel Romero  en el rol de Orgón. Fuerza, ritmo y registro, acentuó la formalidad de aquel estilo. Y, sin dejar su carácter interpretativo, mantiene la exigencia del director por procurar el nivel en relación con las actrices y actores o es agradable saber que esa continuidad se mantendrá sobre la sucesión: argumento, conflicto y desenlace o catástrofe de la obra. Desde el comienzo está propuesto con la presencia de Mirla Campos por medio de su representación con el personaje Señora Pernel, cuando hace de lo orgánico su modo, estilo, discurso y registro de una poética ya definida en sus años de carrera, pero lo importante aquí es cómo Reynado Hidalgo lo organiza y lo suma al resto del elenco en equilibrio —sobre ese sistema— con su enunciado y responsabilidad artística ante lo definido. Definición poética que propone, por su parte, Campos en su formalidad como actriz con la cual se compromete con su mística y disciplina a la que nos tiene acostumbrados. Tan cierto es que más adelante lo veremos confirmado ─por la disposición del discurso─ en la actuación de Daniel Vásquez con su personaje Señor Leal: gracia y fuerza, veracidad y también ritmo. No en vano el público lo disfrutó en creces. Se debe este logro por todo lo anteriormente afirmado y de cómo éste lo aseveró por estilo y compromiso con la dirección. Estoy seguro que en futuras funciones tal nivel crecerá en virtud del resto del elenco. Los jóvenes (actores y actrices) se sostuvieron con ahínco profesional, con el cual no dieron oportunidad en bajar, cambiar o desnivelar sus interpretaciones. En tal sentido es muy plausible en estos jóvenes talentos porque la estructura actoral se los exige. La actuación de Alejandro Restrepo en el rol protagónico de Tartufo mantuvo su registros, centro y energía en la poética del espectáculo. Habría que destacar algunos aspectos de lo orgánico a diferencia de otras funciones que notamos, en cambio, con mayor nivel de centro y fuerza «sígnica» en las anteriores. Su responsabilidad es mayor, el cuidado debe serlo para mantener la alta calidad que he hemos visto en Restrepo, una razón menor ante lo alcanzado: sostener el ritmo, registro y cadencia de la poética del espectáculo. Siguiendo en este orden de ideas, Julmer Pérez en su compromiso con el personaje Cleanto nos agradó, desde su perspectiva, cómo ha evolucionado este joven actor con talento y vigor de una puesta en escena con respecto a otra. Es agradable notar ese cambio sostenido en su preocupación por lo que impone el discurso de la representación. Hay un aspecto que su director podrá considerar y es el hecho que, al irrumpir con el vestuario de época y el actual, subraya el lugar lúdico de la propuesta, sin embargo, ese argumento debe consolidarse en la intención del relato (enunciar que hay un cambio de vestuario por medio de lo diegético, esto es, decir que eso está sucediendo por medio del diálogo, una suerte de metateatro que anuncie tal cambio, a modo de subrayar ese estado lúdico del discurso y justificar la oposición ayer/hoy de la historia como se quiere actualizar). Más adelante continuaré ─seguro que tendré la oportunidad de volver a verlo─ con el resto del elenco. Es evidente que el espectáculo evolucionó en la calidad, confirmándose que siempre habrá público diferente para cada función. Gracias por darnos a la ciudad un buen teatro. Espero entonces que podamos tener un encuentro en la «Escuela de Espectadores». Ya que es un compromiso de convivio que este elenco se mantenga con tal nivel de energía, o sea, se sostenga la calidad del convivio. Es el rigor que debe fijar su director./Teatro de la Ópera de Maracay, 23.09.16

*Ficha artística: Señora Pernel: Mirla Campos · Orgón: Daniel Romero · Elmira: Claudia Blanco · Damis:  Néstor Orozco· Mariana: Adela Rivas · Valerio: Juan Pablo Picón · Cleanto: Julmer Pérez · Tartufo: Alejandro Restrepo · Señor Leal: Daniel Vásquez · Oficial de Policía: Ricardo Ceballos · Dorina: Firelley Fernández. Dirección: Reynaldo Hidalgo. Producción: Compañía de Repertorio del Teatro de La Ópera de Maracay.

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Acerca de Juan Martins

Dramaturgo. Escritor. Crítico Teatral con trayectoria internacional. Editor. Destacado con varios premios. (Ver más en la sección «Editor» de este blog). Se ha distinguido como crítico en diferentes festivales latinoamericanos de teatro (Brasil, Ecuador y Argentina). Conduce la revista de crítica literaria y teoría teatral «Teatralidad». Ha recibido el premio «Mejor dirección» con el espectáculo «Mariana» de José Ramón Fernández e interpretado por la actriz Mirla Campos en el III Festival Internacional de Teatro Clásico Adaptado 2012. Argentina. «Él es Vila-Matas, no soy Bartleby», «El delirio del sentido, desde un poética del dolor y otros ensayos» y «Novelas son nombres, ensayos inexactos» son sus más reciente libros de ensayos publicado en «Ediciones Estival», Venezuela. Con la misma tiene en imprenta su otro libro de ensayo «De qué hablo cuando hablo de Murakami» (2016).
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8 respuestas a Butacas de media tarde

  1. Alejandro Restrepo dijo:

    Agradecido por su apreciación y necesaria crítica. El compromiso es mejorar. Ciertamente hay asuntos que discutir a fín de evolucionar. Gracias por el tiempo dedicado estimado. Saludos.

  2. Daniel Romero dijo:

    Feliz día Juan… INMENSAMENTE agradecido por acompañarnos en este viaje y por tomarte la molestia que implica el desglosar un montaje para su posterior crítica… Agradecido a mi vez, por tan hermosas palabras acerca de mi trabajo, sobre el cual sigo buscando el crecimiento. Espero verte pronto en otro de nuestros montajes! Y cuenta conmigo para aprender en esa “Escuela de Espectadores”

    • Juan Martins dijo:

      Gracias Daniel, espero que se pueda lograr un encuentro en la Escuela de Espectadores: podría ser en los espacios del Teatro de la Ópera o bien en el auditórium del Iutar, dado al carácter itinerario de la misma. Para el cual debe estar público que haya asistido o, simplemente, quienes quisieran estar en este encuentro creadores-público. Abrazo.

  3. Julmer Perez dijo:

    Buenos días y feliz inicio de semana Juan Martins; agradecido por tomarte el tiempo en primer luga, en asistir y apoyar con tu presencia en esta locura en donde juntos un grupo de artistas (actores) con el fin de dar vida a personajes y a su vez a una pieza clásica que a mi entender y lo manifiesto con humildad no es nada fácil quisimos dar vida a esta hermosa historia con la responsabilidad y carácter que amerita… y en segundo lugar por tus palabras y objetividad al dirigirte hacia nosotros (actores) la dirección, produccion y puesta escénica; con tan importante crítica tecnica viniendo de tu parte, en lo personal muy agradecido; no me toca si no seguir aprendiendo en este mundo en donde ya hace algun tiempito hahaha, me aventure en el ARTE las TABLAS en donde de locos todos tenemos un poco; aprender aprender aprender. Muchas gracias.

  4. Firelley Fernández dijo:

    La presencia del público siempre se agradece y la crítica especializada es igualmente necesaria. El hecho de tomar un tiempo de agenda para asistir, apreciar y escribir concienzudamente, es de agradecer. Puede erizarme la piel un elogio, pero me eriza porque me compromete aún más! Gracias Juan Martíns.

    • Juan Martins dijo:

      El compromiso es de todos por el teatro. En él estructuramos el «convivio teatral» cuya relación nos estrecha en la labor bien hecha. Gracias y esperamos que se dé el encuentro en la Escuela de Espectadores, allí será muy enriquecedor para y por el teatro.

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