El libro de las ilusiones

juan martins

El libro de las ilusiones

En El libro de las ilusiones de Paul Auster, editado por Anagrama (2003) el artista se desvanece por su ética, aquella a la que se somete a rigor. Acá su autor se introduce en la vida y obra de Martin Hamm para decirnos del arte, el cine y su relación con la literatura. Acaso es uno, el mismo en las condiciones de lo narrativo. De lo que funciona para este contexto del relato. La vida de un actor que, dada las circunstancias, se vuelve hacia su patrón de compromiso con lo que debe ser a su vez la vida del artista. Sobre el rigor de un compromiso ético. La vida de éste sostiene el nivel de la voz del narrador en paralelo con lo biográfico, desde la primera persona: testigo imperante y voyeur para mirar, ser mirado y colocarse en el contexto de un artista cuyo arte, el cine mudo, se desplaza hacia lo que ya sabemos (nos advierten en la contraportada del libro): el cambio de imagen por una personalidad o cómo se desvanece un estado estético/personal por otro. Y de allí la ilusión. Aquí el honor que le hace Paul Auster a la historia del cine: la antes excentricidad de un actor mediático será entonces consciente, en su madurez, de sus condiciones éticas para el arte a modo de artificiar el mito: el personaje mediático se alterna, se transfiere, en el transcurso del relato, en lo cotidiano para otorgarle el valor humano al arte: la obra, el trabajo en la elaboración estética, el placer y el divertimento en la construcción del discurso artístico. El arte entonces como modo de vida, donde arte y vida se reúnen en las diferentes visiones del narrador. Digo diferente puesto que los personajes dialogan en torno a dichas perspectivas estéticas: literatura, cine y vida dispuestos en la narración. Y claro, de algún modo el yo poético del autor se deviene en este diálogo para el cual se ha construido las condiciones intelectuales de los personajes. La voz del narrador mira a partir de esas visiones, de la alteridad con la que se representa esa realidad. Y esto es lo que importa aquí. La vida de un actor, su pasión por el cine, cómo se ve sometido a la realidad, a las circunstancias que adquieren su matiz por los acontecimientos que se desarrollan. Una visión crítica del cine, de su entorno, en la que la veracidad (las contradicciones entre lo real de la industria cinematográfica y lo real del personaje) se coloca a un nivel ficcional. Es decir la visión crítica hacia ese mundo se ajusta al narrador que con toda intención quiere Auster ajustar (siempre desde la literatura). Con todo, el protagonista David Zimmer es un escritor y profesor de Vermont quien encuentra sentido a su vida al descubrir aquel desenlace del actor Hector Mann. Un vínculo entre uno y otro pone en manos del lector aquella contradicción para anunciarnos su visión del arte (la del narrador, acaso, la del lector). Ésta donde se entiende al cine y la actuación en el rigor de la disciplina artística: la obra, dejando a un lado otras contingencias más bien ajenas al arte del cine en sí mismo, en cambio, hallará las condiciones estéticas como hecho real, cuya legitimidad define al arte. Ya sabemos qué sucede con la industria del cine y de cómo es el mercado, el capital lo que induce y deja a las «consideraciones» de especialistas aquello que, bajo el supuesto de esa industralización, debe ser arte. Las diferencias entre cine y película, entre el artificio y lo poético, entre lo efímero y lo perdurable y, al cabo de lo que nos interesa, entre la vida y el arte. Así que su duplicidad narrativa, crea otro espacio del relato: David Zimmer nos relata a su vez la vida del actor Hector Mann que tiempo atrás lo daba por desaparecido a la luz de la fama y el prestigio. Sin que nadie sepa más de él, David Zimmer dará con su paradero por causas del azar, de la improvisación y de la dinámica a la que se somete el propio Zimmer. Hundido en una depresión, de pronto, quiere conocer más de este actor del otrora cine mudo. Entonces una cosa lo llevará a la otra, hasta que en esa simetría de los relatos se encuentran en circunstancias tan inverosímiles como su origen, nos encontramos con la vida de un actor que finalmente terminan produciendo una película que nadie verá. Sólo Zimmer. Todo se desvanece en la narración. El actor, su película, el hecho mediático de su personalidad. ¿Un honor al cine? Sí, apenas consideremos de cómo un actor de películas, cuya tendencia será trasladarse del éxito y al desconocimiento o al desvanecimiento. Alguien, Zimmer, descubre lo que está sucediendo en medio de esa distancia, de las características de aquella noción estética: el arte es la representación de lo mediático, al artista se compleja en esa relación, en sus propias contradicciones, adquiere conciencia —ya sea por una causa ética o poética—, de las condiciones de esa realidad. Sin embargo, todo se desvanece, puesto que Hector Mann también desaparecerá. Y todo terminará allí. No así en la conciencia del sujeto/narrador. Dicha intersubjetividad queda definida en la estructura de lo narrativo. El personaje, Zimmer, es pensamiento, aspectos conceptuales que receptará el lector, puesto que el ensayo, en tanto género, se introduce en lo narrativo para establecer aquella duplicidad del discurso narrativo/filosófico. Además, como lo hemos dicho, el relato dentro del relato para destacar un lugar de la ficcionalidad: dudar de la representación, dudar de aquellos aspectos subjetivos y de la relación entre lo subjetivo y lo objetivo como definición de la realidad. Del arte.

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Acerca de Juan Martins

Dramaturgo. Escritor. Crítico Teatral con trayectoria internacional. Editor. Destacado con varios premios. (Ver más en la sección «Editor» de este blog). Se ha distinguido como crítico en diferentes festivales latinoamericanos de teatro (Brasil, Ecuador y Argentina). Conduce la revista de crítica literaria y teoría teatral «Teatralidad». Ha recibido el premio «Mejor dirección» con el espectáculo «Mariana» de José Ramón Fernández e interpretado por la actriz Mirla Campos en el III Festival Internacional de Teatro Clásico Adaptado 2012. Argentina. «Él es Vila-Matas, no soy Bartleby», «El delirio del sentido, desde un poética del dolor y otros ensayos» y «Novelas son nombres, ensayos inexactos» son sus más reciente libros de ensayos publicado en «Ediciones Estival», Venezuela. Con la misma tiene en imprenta su otro libro de ensayo «De qué hablo cuando hablo de Murakami» (2016).
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