Elixir de amor

juan martins

En el marco del VII Circuito Nacional de Teatro hacia el Bicentenario de la Independencia se ha presentado Elixir de amor, bajo la puesta en escena y dirección general de Gabriela Céspedes y con la actuación de Guillermo Troncoso en el rol de «Nemorino» en una comedia que une diferentes técnicas títeres, Comedia del arte y música en la unidad de la representación. Ha sido una experiencia placentera, en la que se recoge el actor como unidad de su significancia (el sentido final que toma el público de la obra), de aquella estructura del divertimento donde el actor es signo, unidad y cuerpo. Lo he dicho y tengo que repetirlo aquí: el hecho lúdico se integra, ordena el decurso de la propuesta y coloca al espectador en el lugar de la gracia, el divertimento y la risa, pero esta risa es producto de una catarsis, es decir, nos reímos como para sostener el diálogo con la representación. Si entendemos que este uso de la comedia del arte quiere darle un sentido a la respiración, al cuerpo del actor en el sentido de la respiración: la máscara que instrumenta el cuerpo, le otorga la utilidad que él necesita para tratar con las transiciones de las diferentes caracterizaciones. Es decir, el actor se identifica con esa respiración a modo de fragmentar los distintos segmentos de la representación: el uso de los personajes, el cambio de uno en otro personaje, de una interpretación por otra para continuar con el nivel narrativo de esa sintaxis que se organiza a través de las diferentes técnicas usadas. Al seguir el relato teatral quienes estuvimos de público, aun los niños, entregamos toda nuestra expectativa. Nos emocionamos con el espectáculo por tanto se nos conduce la mirada sobre esos niveles de la caracterización dando a lugar al ritmo de un espectáculo bien hecho y, por ello, la ficcionalidad adquiere su orden para el relato. Un relato que está dirigido a todo público pero sucede por la articulación que nos ofrece el actor: canto, utilización del títere y uso de la máscara dispuestos en esa dinámica para el disfrute de la composición escénica. Hay un mecanismo a destacar, deja claro el actor que no quería mostrar un dominio de una técnica sobre la otra, antes bien, instrumentaba cada uso sobre una prioridad: el relato, conque, la interpretación del texto dramático adquiere ese sentido. El unipersonal se antepone por las necesidades de la sintaxis del relato teatral. A ver, tratemos de explicar esto: el actor nos cuenta, pero nos cuenta desde la articulación del cuerpo, como vengo diciendo, de la utilización de las técnicas para el desarrollo de representación. Y esa dinámica se disfruta con el agrado de estar viendo la correcta asignación de la vocalización, el silencio, su respiración y los matices colocados en los resonadores de la voz: se proyecta con esa función animada de la voz para alcanzar la atención de un público con necesidades diferentes en su condición de espectadores. Todo tipo de público en el mismo lugar exige del actor tal nivel interpretativo. Hemos sido testigo de una obra tierna, sentida y sensible para el divertimento. La utilización de los muñecos como eje narrativos ha sido uno de sus alcances con este tipo de público: la honestidad de usarlo más en su condición de actor que titiritero ha sido un gesto responsable que le vierte ese sentido de belleza.

Santiago del Estero, Argentina

Diseño y realizacion de mesa: Alajandro Pelegrina
Diseño Lumínico: Tito Garnica.
Preparador Vocal: Enrique Lucero.
Selección y Realización Musical : Gerónimo Machín.
Pintura de Telón: Modesta Reboredo.
Diseño y Realización de Vestuario: Claudio Dilello.
Diseño y Realización de Vestuario Títeres: Omar Lateana.
Realización de Máscaras y Títeres: Gabriela Céspedes.
Edición Musical: Ariel Buttini.
Puesta en escena y Dirección General: GABRIELA CÉSPEDES.
Fuente de la fotografía: sitio facebook de Guillermo Troncoso
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Acerca de Juan Martins

Dramaturgo. Escritor. Crítico Teatral con trayectoria internacional. Editor. Destacado con varios premios. (Ver más en la sección «Editor» de este blog). Se ha distinguido como crítico en diferentes festivales latinoamericanos de teatro (Brasil, Ecuador y Argentina). Conduce la revista de crítica literaria y teoría teatral «Teatralidad». Ha recibido el premio «Mejor dirección» con el espectáculo «Mariana» de José Ramón Fernández e interpretado por la actriz Mirla Campos en el III Festival Internacional de Teatro Clásico Adaptado 2012. Argentina. «Él es Vila-Matas, no soy Bartleby», «El delirio del sentido, desde un poética del dolor y otros ensayos» y «Novelas son nombres, ensayos inexactos» son sus más reciente libros de ensayos publicado en «Ediciones Estival», Venezuela. Con la misma tiene en imprenta su otro libro de ensayo «De qué hablo cuando hablo de Murakami» (2016).
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