El abrazo del tamarindo

juan martins

El abrazo del tamarindo (Edit. Alfaguara, 2007) de Milagros Socorro, título evocador, relación con la sensualidad que recibe de entrada al lector. Y digo así porque se sostiene hasta el final del relato. Y con esta estructura voy adquiriendo, como lector y en la medida que esta seducción se hace representar en la lectura, las condiciones de vida de los personajes. Son éstos quienes se componen, puesto que la narración toma lugar en el desarrollo de aquella realidad que les pertenece sobre los límites de este relato el cual se construye desde una poética de lo femenino. Acá sin embargo lo femenino es constructor de aquella experiencia del lector. No es mero aditamento ideológico, sino que su dinámica nos produce el encanto necesario en toda lectura. Y aquí el «encanto» nos arrastra por el lado sensual de la palabra, reducida al componente erótico, pero a partir de una noción liberadora de la mujer en su relación y unidad con su entorno socio-cultural. Es lugar común repetirlo, pero adquiere otra dinámica mucha más renovadora entre tanto la lectura nos produce y representa el placer de la belleza femenina. Y ella, siendo lo que interesa, es liberadora: lo femenino se describe, no toma juicio, no califica al lector no-femenino que lee el discurso, lo hace partícipe como todo buen cuento debe hacer: la unidad del discurso se asienta en la significación de lo femenino, en tanto se representa en la lectura. El lector inicia su periplo al descubrir las posibilidades de lo erótico. Lo elaborado estéticamente se hace discurso literario para tratar con lo femenino como condición de la belleza y así la sensualidad, en ese descubrimiento del cuerpo, se hace otredad: me declaro en el aprendizaje de lo femenino que no soy. Cada personaje se nos dice en la voz de una niña, una vez pasada la pubertad, se encontrará con la realidad de ser mujer. Pero esta realidad está condicionada, más que de los hechos reales del relato al que pertenece esta voz, lo estará a la mirada de aquellos otros personajes que intervienen para descubrir la condición de lo femenino cuando el sexo —desde esta poética de lo erótico— es liberadora de las tensiones emocionales. Cada una de las mujeres presentes desarrolla ese potencial de «constituirse» sobre el dominio del cuerpo y por consecuencia deviene en una racionalidad de las emociones del que no serán del todo conscientes. El cuerpo de lo femenino es entonces aquella unidad a la que hacía arriba referencia. El relato está dicho desde esa formalidad del personaje y de cómo Milagros Socorro va conformando la sintaxis necesaria en el discurso del relato: se fragmenta el relato en capítulos, a su vez, con otros que se imbrican en otros breves discursos-relatos para tejer la ambición de la escritura y de lo que se va haciendo escritural en ello: un breve relato separado del otro, como si las emociones se fueran representando en imágenes hasta alcanzar el nivel mayor de esas emociones: la voz de la narradora dispone en primera persona su protagonismo y edificación verbal en la formalidad del relato. Ahora bien, Tales fragmentos del discurso se muestran sucedidos de la vida erótica de cada una de las mujeres. No necesitamos saber más, porque sólo disponemos de la medida del personaje y cómo enfrenta sus propias condiciones de lo erótico y cómo lo desenvuelve para sí en los límites del relato. Vuelvo a decirlo, el cuerpo es una unidad sígnica para definir un mayor sentido: lo erótico como estética del cuerpo. Es decir, las escenas de lo erótico componen la continuidad del relato de acuerdo a esta estética de lo femenino. Y nos importará por su dimensión humana.

Poco le costó a Samuel tenderla sobre la colchoneta e inducirla a que se sacara la ropa.
—Dime algo, chico, algo de amor.
—Lepidóptero emputecido —susurra él, la voz ronca.
Una explosión de risa sacude el cuerpo de Araceli.
—Tú no estás bien de la cabeza.
—Eso es verdad —concede él, camino a las profundidades.

La vida de la púber protagonista y voz narradora dispone de su naturaleza, como lo hace Araceli a su modo, para dominar la realidad y comprenderla. Entiende, por ejemplo Araceli, que su naturaleza erótica será lo que la constituye como mujer en la medida que domina su energía creadora. En ese caso el hombre, Samuel, no es un instrumento sexista sino mediador. Si entendemos bien, sabremos que Samuel goza de su libre albedrío, pero se mueve en el relato desde un control subjetivo el cual lo impulsa y, en un contrario a ese movimiento, Araceli (lo femenino) se moverá desde una racionalidad de las emociones. Ambos, hombre y mujer, se precipitarán después de todo sobre las exigencias de sus personajes. Entonces el discurso no reprime la condición del otro (lo masculino) sino que lo libera de su protagonismo. Los hombres están en la condición de su naturaleza erótica también, sin embargo no ejercen poder en las decisiones de las mujeres, manteniendo inalterable el destino que se forja en la historia, en una alusión que deviene en el lector. Lo que el lector defina de las acciones es lo importante, puesto que adquiere el nivel de reflexión del relato y su posibilidad hermenéutica como producto cultural que es la literatura después de todo. De alguna manera los hombres son constructores de aquella realidad y son coherentes, puesto que no necesitamos más para el relato. Todo está funcionando allí sin excesos de testosterona. No necesitamos otra cosa que no sea coherente con el discurso de esta breve novela, cuento, donde lo ficcional se da justo en la cimentación de estos personajes. Por medio de lo erótico se trasgrede la realidad para instaurar aquella del que sólo dispone la voz de la narradora. Lo erótico como realidad en sí misma y fragmentación de los personajes en pequeñas anécdotas y tiempos que se unirán en la visión del lector, lo cual instaura a su vez aquella condición estética de lo femenino: la disposición del cuerpo en lo erótico representa la otredad del lector: se desdobla en el placer de la lectura, las sensaciones, la erotización de lo escritural cuando el lector la representa para su deleite. Y así la disfrutamos. La desinhibición de los estímulos cumple este rol de otredad. La historia del relato, sencilla: cómo un grupo de mujeres llegaron a la vida de la protagonista para constituir una orquesta de vallenatos y, acto seguido, liberar su condición de mujeres ante un gesto irreverente de usar el sexo. Desdoblando cualquier moral ante la aventura. Hecho para el placer, el relato es un encuentro con esas emociones. Siempre que nos definimos a partir de lo femenino descubrimos, como opción, parte de esa otredad. Pienso que el relato de un personaje en otro (una pequeña ficción en otra) no es más que la formación de este discurso al nivel del pensamiento del lector. Con todo, lo que se quiere es divertirle, a la vez, que lo induce a su propia memoria, donde se subraya cierto distanciamiento de lo emocional cuando la voz de la narradora nos relata su encuentro con la sexualidad y adquiere su nivel poético en el tratamiento de lo erótico.

Anuncios

Acerca de Juan Martins

Dramaturgo. Escritor. Crítico Teatral con trayectoria internacional. Editor. Destacado con varios premios. (Ver más en la sección «Editor» de este blog). Se ha distinguido como crítico en diferentes festivales latinoamericanos de teatro (Brasil, Ecuador y Argentina). Conduce la revista de crítica literaria y teoría teatral «Teatralidad». Ha recibido el premio «Mejor dirección» con el espectáculo «Mariana» de José Ramón Fernández e interpretado por la actriz Mirla Campos en el III Festival Internacional de Teatro Clásico Adaptado 2012. Argentina. «Él es Vila-Matas, no soy Bartleby», «El delirio del sentido, desde un poética del dolor y otros ensayos» y «Novelas son nombres, ensayos inexactos» son sus más reciente libros de ensayos publicado en «Ediciones Estival», Venezuela. Con la misma tiene en imprenta su otro libro de ensayo «De qué hablo cuando hablo de Murakami» (2016).
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s