Simetría de lo imaginado

juan martins

Jesús Miguel Soto Con la sorpresa que nos da el rostro de un joven, Jesús Miguel Soto, nos prendemos con su cuento ganador en el «sexagésimo cuarto Concurso de cuentos de El Nacional». Su cuento, La República de Fennelly conduce al lector a su deseo interior que se produce desde un lenguaje sencillo con la estructura de la metáfora: un país llamado «Fennelly». Lo hace desde la subjetividad que establece una relación inmediata con nuestro país, con nuestro contexto: el país es una metáfora, pero es también un estado de ánimo, puesto que el lector hilvana su conexión socio-política: la estructuración de un «país» a partir de la formalidad narrativa conduce aquella necesidad del lector de interpretarnos, quizás, un intento de hacernos «comprender» el momento político que estamos viviendo, sólo que lo estructura con el recurso literario y sobrevenido en la sintaxis del relato. Esa sintaxis se envuelve, como decía, dentro del movimiento interior que está en la subjetividad del lector. Y claro, como vienen las cosas, leer, en el contexto de los personajes, cómo construyen un país con espacialidad, nombre, capital y coordenadas definidas componen, al ojo del lector, su funcionalidad lúdica: tal gracia (con la gracia de sus personajes tan jóvenes como el escritor) adquieren su propio ritmo: cada uno de nosotros los lectores (en este caso los lectores venezolanos) nos constituimos sobre el relato. Cierta imaginaría que viene funcionando en el inconsciente colectivo del país: ser otros constituyéndonos en la metáfora. Al principio del relato, todo es un feliz juego de edificación imaginaria, una lectura de la realidad: hacer posible una república cuya composición política forma parte de la alienación ideológica a la que estamos sometidos cuando además es permisible hacer de las coordenadas de nuestro apartamento una república.

Ese ritmo cambia y, como es natural, la condición subjetiva del lector, es decir, comprender que esa pequeña realidad se nos convierte en un drama de lo más parecido a la realidad venezolana:

Pero luego ocurrió el asunto de los uniformes y entonces Tobías y yo intercambiamos mudas y amargas impresiones de desasosiego, pero fuimos incapaces de contravenir o cuestionar a Alberto

«Alberto», el líder del grupo que se da a la tarea, ha hecho de su apartamento una «república» que deviene en cambios hasta el punto de militarizar por asunto de seguridad de estado. Así que lo lúdico sirve de conexión con el lector: el entusiasmo inicial que produce la posibilidad de constituir un territorio liberado, en el marco de la imaginación, va desvaneciéndose para hacernos entender que el individuo es incapaz de asumir  la responsabilidad política de lo que significa la libertad. Y se da a lugar un sistema dentro del otro. Todo termina en una organización simétrica de dominación. Ahora, el pequeño apartamento es un lugar de diatribas. De pugnas políticas en la que el sujeto estará alienado a ese espacio de poder por pequeño que sea.

La voz del narrador se sostiene como testigo que no tiene pretensiones de interpretar esa realidad, por el contrario, se sostiene con autenticidad en la condición de un personaje joven también que sólo quiere relatarnos sus emociones. Sencillamente eso: un hecho vivencial. Y no más. Como si quisiera colocarnos en el lugar del juego:

Al cerrarse la reja del edificio a mis espaldas conjeturé que una vez que Tobías inaugura su propio Fennelly las chicas crearían otro más minúsculo dentro del de Tobías donde apenas si cabría un perro pero sin su dueño….

La veracidad del relato es posible en el estado subconsciente del lector: imaginar una realidad diferente: es el inconsciente dinámico que se ejerce a partir de aquel lenguaje sencillo. Dada a la notable juventud de ese narrador tendrá tiempo éste para hacer de ese  lenguaje su técnica narrativa. La cual aplaudiríamos los lectores. Eso corresponderá a su tiempo de escritura decirnos hacia dónde va su discurso. Pero vaya que hemos disfrutado entretanto de este cuento.

Fuente de la fotografía: Papel Literario/El Nacional, 1º de agosto de 2009

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Acerca de Juan Martins

Dramaturgo. Escritor. Crítico Teatral con trayectoria internacional. Editor. Destacado con varios premios. (Ver más en la sección «Editor» de este blog). Se ha distinguido como crítico en diferentes festivales latinoamericanos de teatro (Brasil, Ecuador y Argentina). Conduce la revista de crítica literaria y teoría teatral «Teatralidad». Ha recibido el premio «Mejor dirección» con el espectáculo «Mariana» de José Ramón Fernández e interpretado por la actriz Mirla Campos en el III Festival Internacional de Teatro Clásico Adaptado 2012. Argentina. «Él es Vila-Matas, no soy Bartleby», «El delirio del sentido, desde un poética del dolor y otros ensayos» y «Novelas son nombres, ensayos inexactos» son sus más reciente libros de ensayos publicado en «Ediciones Estival», Venezuela. Con la misma tiene en imprenta su otro libro de ensayo «De qué hablo cuando hablo de Murakami» (2016).
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