Ella imagina

Carlos Rojas

ella-imaginaLa más reciente creación de la Agrupación Teatral Coordinación de San Felipe bajo la producción de Lusvio Ramírez, se presenta durante la XXVI Edición del Festival Internacional de Teatro de Occidente 2008, Ella imagina del escritor español Juan José Millas.
Era consciente que Armando Holzer se sintiera atraído por la novela de Millas. Holzer es un especialista en contar historias de gente que no tiene historia, como confirman los protagonistas de La Sangre de Berbel, Titus Andronicus de Shakespeare y Ella imagina. El creador venezolano, responsable reconocido tanto de la nouvelle vague como del realismo caribeño, es un investigador apasionado de la insignificancia de lo cotidiano. Busca el sentido de una vida sin regocijos ni intimidaciones, que puede ser la de cualquier tipo que pasa por la calle, la de los marginados de notoriedad, que somos los más.
Armando Holzer, estructura con libertad en la confección de la partitura dramática de Juan José Millas, ha depurado bastante la novela, y la narración ha ganado en fuerza, una fuerza sutil y poética. Ella, una mujer discreta y taciturna a la que conoceremos durante toda la puesta como Ella; encerrada en una habitación de un hotel. Allí conoce a Vicente, ellos se enamoran y empiezan a vivir juntos. La anécdota es mínima, casi banal. Quizás se cuenta en una sinopsis de ocho líneas. La sugerencia de la puesta está en el personaje, en la difícil comunicación de los seres, en la sublime simplicidad de los matices, una y mil veces inadvertidos, en el profundo silencio de los sentimientos que solemos llamar vulgares.
De entrada, la diferencia entre Ella y Vicente es altamente significativa. Ella es producto y víctima de una sociedad que tiene una imagen muy concreta de la mujer como objeto de seducción, sumergida en la soledad de su habitación, cuenta con sus obsesiones y evoca sus recuerdos de infancia. La piel y la interioridad.  Y Vicente es simplemente un recuerdo la excusa para contarnos este maravilloso relato urbano. Ella se ve reducida a un sufrimiento aislado y definitivo. Desde el primer momento se interpone entre ellos (Ella y Vicente, un personaje imaginario y ausente en presencia física), una barrera mucho más insalvable que las mismas diferencias sociales y culturales que luego provocarán la separación.
Feminista o no, la pieza de Holzer carga las tintas en la ceguera del hombre “que no sabe descubrir el tesoro que ella encierra” y al que no redime -porque además inútil, es sólo momentáneo- el gesto de llorar tras el encuentro con Vicente. Las lágrimas no empañan la conciencia de una demolición, de un sacrificio progresivo de ella en aras de una clase social y de un prestigio cultural irrenunciable. El amor es un don que sólo puede ser intercambiable cuando se da una búsqueda, tan desinteresada como arriesgada, de la intensidad ajena. Y el don hay que aceptarlo, sin limitarse únicamente a ofrecerlo.
Armando Holzer ha llevado a cabo una puesta en escena intimista, con muchas palabras, revelándola de una cuidada sensibilidad en el uso del lenguaje rico en precisiones, atenta por igual a las obsesiones y a las cosas. La acción avanza con un ritmo mesurado, en el que se hace preciso “entrar”, y no quedarse fuera. Algunas imágenes están tan bien construidas con una delicadeza significativa fuera de lo común, casi con ternura.
El monólogo se mantiene en pie con gracia y con verismo, haciendo honor al autor del lienzo cuyo título recogen la puesta y la novela, Vermer de Delft, pintor “de la soledad y el tiempo interrumpido>” sugeridor de una profundidad que no se expresa con palabras ordinarias, y a la que tampoco se accede con la primera mirada.
La soledad y la obsesión. Son, en parte, la consecuencia de todo lo anterior. Holzer ha creado un universo singular. Mediante la sabia iluminación (con pequeñas luces y mezclada iluminación artificial y natural) logra unos climas y atmósferas muy pertinentes, que trasmiten óptimamente esa sensación de obsesiones y soledad, típico del buen teatro de autor. La escenografía, tiene una acusada personalidad. Es todo un hallazgo la habitación de hotel de ella. Es otro personaje en escena. La música juega un papel importante en el movimiento de la puesta, y su utilización dinámica contrasta a favor con el estatismo de la escenografía. Otro tanto puede decirse de la potente interpretación donde sobresale la sobriedad expresiva e interpretativa de la actriz Elsy Loyos. También puede hablarse de la perspicaz y delicada dirección de Holzer.
Ella imagina es una propuesta realmente interesante, con pleno derecho para ser inscrita en la escena teatral venezolana, y en un lugar destacado. Aquí hay una reflexión mucho más elaborada sobre la condición humana, que en sus monólogos, es directa y concretamente física. Pero estas diferencias son explicables.
Expresivamente, Ella imagina está llena de sugerencias. La pieza es muy rica porque todos los temas se entrelazan, se cruzan, y reaparecen bajos distintas formas, a través de un pequeño detalle, un recuerdo o una alusión cuando pasan a primer término. Holzer hábil director que ha conseguido una gran unidad y coherencias internas, y a pesar de la multiplicidad y complejidad de los argumentos, les ha dado un sitio y un sitio adecuado. Adentro y afuera del teatro.
Ojala mis palabras puedan estar a la elevación de semejante ofrenda que nos confieren esta excelente trinidad conformada por Millas, Loyos y Holzer. ¡Gracias totales!

Fuente: Diario Vea

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Acerca de Juan Martins

Dramaturgo. Escritor. Crítico Teatral con trayectoria internacional. Editor. Destacado con varios premios. (Ver más en la sección «Editor» de este blog). Se ha distinguido como crítico en diferentes festivales latinoamericanos de teatro (Brasil, Ecuador y Argentina). Conduce la revista de crítica literaria y teoría teatral «Teatralidad». Ha recibido el premio «Mejor dirección» con el espectáculo «Mariana» de José Ramón Fernández e interpretado por la actriz Mirla Campos en el III Festival Internacional de Teatro Clásico Adaptado 2012. Argentina. «Él es Vila-Matas, no soy Bartleby», «El delirio del sentido, desde un poética del dolor y otros ensayos» y «Novelas son nombres, ensayos inexactos» son sus más reciente libros de ensayos publicado en «Ediciones Estival», Venezuela. Con la misma tiene en imprenta su otro libro de ensayo «De qué hablo cuando hablo de Murakami» (2016).
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