¡El Burlador!

Carlos Rojas

Tirso de Molina gustó siempre de la reinterpretación, sobre todo de las fábulas clásicas, y de la ambigüedad emocional. Las verdades pierden así su tendencia a lo dogmático y permiten lo elusivo, adquiriendo una irreverencia muy especial. Sobre una comedia española del siglo XVII: “El Burlador de Sevilla“, el grupo Guarroteatro, ha construido un espectáculo manteniendo el título original de la obra, que acaba de presentarse en la Escuela Nacional de Artes César Rengifo, bajo la dirección de la inteligente y joven promesa Cassandra Indriago.

Resulta especialmente interesante la complejidad del trabajo, que aparece como un excepcional donde las escrituras y los referentes se transparentan, convocando hacia un presente narrado las imágenes que pertenecen no solamente al pasado histórico-mítico sino también a diferentes culturas: el ciclo español que refleja el Convidado de Piedra; la reinterpretación descomunal correspondiente a la versión de Indriago, con su subversión de perspectivas y contemporaneidad de sentimientos y razones; la óptica del grupo y la directora que con la puesta replantea toda la historia y por supuesto la visión personal de cada espectador, capaz de dialogar con la propuesta a partir de sus propios antecedentes culturales.

Entonces, la puesta en escena y sus posibilidades es la que está en primer plano. Y esto también en lo emocional, ya que cuando hablamos del  curioso montaje debemos recordar que la columna de la escritura es una epidermis, y en este caso se trata de la epidermis de sus personajes frente a los daños del engaño, el abandono y la traición. La piel, la hipocondría y la falsedad, los tres componentes básicos de la literatura del autor español lanzados aquí al escenario, manejados con una gran claridad, donde las imágenes hablan como textos y lo sonoro se propone como una imagen más que enlaza y construye el espectáculo. Y en ese campo aparece la evocación de la tragedia como marco referencial, el uso de lo ibérico en cantos y en la música más la aportación por momentos de los excelentes juegos escénicos de los actores principales: (Francisco “Paco” Díaz y Arnaldo Mendoza) y la transformación que permite pasar al español como lengua y sonoridad rítmica mientras el género se desliza -sin caer, casi como un eco del verso español-de la austeridad latina al posible melodrama. Así, el español reclama su espacio no sólo de transporte conceptual sino también de continente estético.

Y aquí tal vez, justamente por la riqueza de la propuesta, se echa de menos un trabajo de mayor elaboración en el plano vocal y escenográfico, para que este concuerde con el clima general del montaje y con el desapego de un cierto naturalismo que la teatralidad evita en el gesto.

Y un cierto cuidado en el momento del clímax de las exaltaciones, que tiende a desarticular la narración, pudiendo excluir al espectador que no puede cautivar la impregnación de estímulos.

En definitiva, una propuesta madura de teatro, del que tal vez se me escapan las connotaciones teatrales que pudieran haber agregado sus actores, pero que nos habla de un teatro adulto y de un grupo de indudable solidez artística, capaz de jerarquizar la escena teatral actual.

Especial para el diario Vea/Un punto de vista

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Acerca de Juan Martins

Dramaturgo. Escritor. Crítico Teatral con trayectoria internacional. Editor. Destacado con varios premios. (Ver más en la sección «Editor» de este blog). Se ha distinguido como crítico en diferentes festivales latinoamericanos de teatro (Brasil, Ecuador y Argentina). Conduce la revista de crítica literaria y teoría teatral «Teatralidad». Ha recibido el premio «Mejor dirección» con el espectáculo «Mariana» de José Ramón Fernández e interpretado por la actriz Mirla Campos en el III Festival Internacional de Teatro Clásico Adaptado 2012. Argentina. «Él es Vila-Matas, no soy Bartleby», «El delirio del sentido, desde un poética del dolor y otros ensayos» y «Novelas son nombres, ensayos inexactos» son sus más reciente libros de ensayos publicado en «Ediciones Estival», Venezuela. Con la misma tiene en imprenta su otro libro de ensayo «De qué hablo cuando hablo de Murakami» (2016).
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Una respuesta a ¡El Burlador!

  1. Adrian salgado dijo:

    Razón tenía Borges, cuando decía. “Yo tengo ojos, no puntos de vista”.

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