[post]vanguardia en «El coronel no tiene quien le escriba»

Juan Martins

el-coronel-no-tiene-quien-le-escriba.jpgVengo tratando de establecer una definición poética del público como elemento que interviene en esa relación que se establece una teoría de los significados para un análisis más objetivo a la la hora de interpretar una obra de teatro. Esto es así si se quiere el lugar de la comunicación que se impone en todo su discurso sobre una obra como lo es «El coronel no tiene quien le escriba» de Gabriel García Márquez. Como es sabido, versionada y dirigida por Carlos Giménez para la agrupación «Rajatabla». Esto es un buen ejemplo para decir cómo interviene este público en el sentido general de un espectáculo que se repone en la cartelera después de más de una década. El resultado: aceptación del público. Vuelve a encontrarse con un gran espectáculo: se sostiene el discurso de su director con la estructura escénica. Esto no lo ponen en duda nadie cuando este público se ha levantado al unísono a aplaudir. Y eso es lo que asimila en ese contexto el espectador: coherencia y estructura escénica. Una dinámica muy particular que ha sabido identificar a lo largo de estos años.

Habrá que evaluar esas condiciones del mencionado público venezolano en un ensayo mayor a éste. Por ahora, me permito registrar esa noche en la que pude ver una función donde el lenguaje escénico me llegaba con claridad: un relato teatral que se sobrepone al espectador. Condiciona su subjetividad y completa esos niveles del espectáculo mediante recursos estéticos que son, en estos momentos, ya categoría estética si vamos a hablar de una tradición teatral en Venezuela. No habrá modo de sostener lo contrario. El discurso de «Rajatabla» está sostenido. Ir en contra de las tradiciones es tarea de quien quiera innovar. Delante de cualquier tradición le antecede un movimiento contrario que emerge y que se antepone a esa tradición. Y en este momento trato de alcanzar cuáles pueden ser aquellas posibilidades, en el seno mismo de «Rajatabla», un movimiento estético que subleve las propias condiciones de esta agrupación. Y al ver esta versión de «El coronel no tiene quien le escriba» caigo en cuenta que el asunto no sólo en la figura de un nuevo espectáculo que sostenga la vanguardia del grupo. Y, por consecuencia, la vanguardia del teatro venezolano. Esto debe surgir en la misma dinámica de la agrupación. En una relación interna que surja de ella los elementos de una introversión la cual permita estéticamente registrar una nueva tendencia dentro de la institución. De eso no tenemos duda. Digo todo esto , puesto que ha sido una puesta en escena simétrica, coherente con el discurso rajatableano. Esto subraya la palabra espectacular (este término lo he leído de la mayoría de los que han visto la obra). Lo que demuestra a su vez que Meyerhold no se equivoca cuando colocaba al público en un lugar especial del análisis comunicacional de la obra de teatro: como una variable estructurante en el sentido y cómo determinar en él una línea conceptual que va desde el texto al público propiamente dicho para sostener lo que a la luz de hoy puede llamarse como «Teoría de la significación». Y toda crítica es, a mi criterio, teoría. Y, si se quiere ser riguroso, científica, pero en la acepción humanística de la palabra. Esto es, aportar en el actor una herramienta de compresión que se desarrollará a posterior. A partir de aquí el crítico no concede, sino que registra el sentido de la obra. Y lo digo para sostener un fragmento de la obra (una función siempre será para el crítico un fragmento de la realidad escénica) pero que le permite registrar lo que aquí quiero subrayar: la actuación. Todo creador necesita de este aporte de la crítica en la medida, insisto, que se ajuste a ese nivel objetivo de interpretación. Lo que hace dialéctico la lectura entre éste, el crítico, y el creador (léase actor).

El trabajo que desarrolla Germán Mendieta en la representación de «El coronel» se sostiene técnicamente en esas exigencias. Pero voy a permitirme establecer el análisis sobre algunos de esos alcances. Sin otra intención que no sea la de interpretar lo que el actor dispuso como representación en ese compromiso estético. Considero que este actor —ya magistral en su carrera artística—, dispone de una serie de recursos que lo hace al él a uno de los mejores actores del país. Esto ya se ha dicho. Acá lo reitero. Pero establezco algunas diferencias que son propias del oficio y me estoy refiriendo al nivel de energía que se representa en el escenario. Este actor ha alcanzado en otras representaciones un nivel mayor con este nivel de energía. Así pudimos ver un desempeño profesional pero distante de aquél actor que denomino de enclave. Quiero usar este término en el sentido más grotowskiano de la palabra. Es decir, un actor que se debe a una estructura actoral y a un comportamiento estético que le exige la agrupación. Responde más a necesidades estéticas que devienen del discurso. Hace teatro dentro de unos lineamientos definidos: quizás en el orden de una necesidad expresiva. Y a mi modo de entenderlo, es un actor de rigor orgánico en la actuación. Al decirlo así nos estamos refiriendo también a la técnica teatral. Se expresa en este actor la representación de lo sentido. De esta manera elementos tan subjetivos como el dolor, la angustia, el recuerdo y el amor se hacen físicamente reales mediante el uso actoral. En ese caso el «dolor» (el «dolor» del personaje) acerca al público, se contiene en él. De modo que la veracidad de ese «dolor» se identifica con el sentir del espectador. Ahora bien, esta veracidad no es más que una formalidad del signo en la representación del actor. Por medio de esa formalidad el actor compone la figura del signo, en la que pueden estar funcionando distintos signos a la vez. En el gesto, por ejemplo, del «dolor» se expresa gestual mente sobre el rostro. Y el actor se vale de la suyas para mostrarlo: todas las posibilidades histriónicas que le da la ocasión además del rostro. Así un tanto con las diferentes emociones: la depresión, la angustia, el desarraigo, el abandono y, en el caso de «El coronel», la soledad. Cuando es llevado al rostro el espectador puede interpretarlo junto con el estado de ánimo del personaje. Y es cuando el actor establece su componente poético. Siendo así Germán Mendieta es un actor que ha experimentado ese proceso en otros montajes que ha participado: «En un lugar de la macha» y «Buñuel, Lorca y Dalí»1. Aquí se pone de manifiesto esa relación gesto [signo]-representación [«dolor»]-público [recepción del signo]. Como puede apreciarse el sentido de la comunicación está dado sobre la significación del dolor. Esto no puede dejarse a un lado de todo una trayectoria. Así que sólo demuestra un aspecto de reflexión que no se agota aquí. Al contrario, se requiere someter esta idea a la discusión teórica a objeto de demostrar las diferencias entre una actuación y otra. Con todo, subrayo el uso de la energía como categoría semántica. Este concepto de energía adquiere una dimensión metódica si la colocamos en el lugar conceptual que le corresponde: energía [sentimiento=soledad]-signo [representación]-público. Sabemos que cada función es diferente, pero el director debe registrar esos cambios sin que se someta el estado poético de la obra. Ese registro lo encuentra en el interior mismo de la agrupación. Del hecho de cómo se asocian ante una nueva experiencia y del reestreno de cualquiera de sus espectáculos. Eso los hace a ellos a una agrupación de «enclave»: comprometida con su estética por encima de cualquier interés para-teatral. Eso lo sabe Mendieta y sus actores. Porque esos niveles de energía lo establecieron otros actores más jóvenes dentro del espectáculo. Marcando dos líneas diferentes en la representación. Porque un tanto hizo lo mismo el resto del elenco que está consolidado en su trayectoria. Quiero decir con esto que por una parte las actuaciones han sido técnicamente impecables, pero que les exige registrar aquellos niveles de actuación orgánica y de temple poético que caracterizó en sus mejores momentos a sus propuestas. Y no voy a decir lo que se ha dicho en otras partes con irresponsabilidad metódica. No al contrario, es un acto de fe en una agrupación que ha marcado un hito en la historia del teatro venezolano. Y lo está haciendo. Además hace de esto una modesta nota de crítico ante la presencia y el éxito con el que nos están representado en el país de Argentina. Siendo éste el mejor honor que se puede hacer a su creador Carlos Giménez..

Por su parte, sólo se quiere aquí, en un análisis estructural, poner un ejemplo de lo que pude ser en un futuro muy próximo una nueva irreverencia en la estética rajatableana. Me veo comprometido a un segundo ensayo que nos permita continuar con este diálogo entre la crítica y sus actores.

caracas 2007

 

 

 

1Es importante destacar que ambos espectáculos están dirigidos por José Domínguez lo que delimita una tendencia estilística que en su momento puede relevarse como un hecho estético en «Rajatabla», en la medida que le permita establecer los niveles de comparación y de «distanciamiento poético» a modo de incorporar aquellos aspectos estéticos e ideosincráticos que legitimen nuevas tendencias en la trayectoria de esta institución.

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Acerca de Juan Martins

Dramaturgo. Escritor. Crítico Teatral con trayectoria internacional. Editor. Destacado con varios premios. (Ver más en la sección «Editor» de este blog). Se ha distinguido como crítico en diferentes festivales latinoamericanos de teatro (Brasil, Ecuador y Argentina). Conduce la revista de crítica literaria y teoría teatral «Teatralidad». Ha recibido el premio «Mejor dirección» con el espectáculo «Mariana» de José Ramón Fernández e interpretado por la actriz Mirla Campos en el III Festival Internacional de Teatro Clásico Adaptado 2012. Argentina. «Él es Vila-Matas, no soy Bartleby», «El delirio del sentido, desde un poética del dolor y otros ensayos» y «Novelas son nombres, ensayos inexactos» son sus más reciente libros de ensayos publicado en «Ediciones Estival», Venezuela. Con la misma tiene en imprenta su otro libro de ensayo «De qué hablo cuando hablo de Murakami» (2016).
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