Los comparseros, a partir de la plástica y dramaturgia de César Rengifo

Luis Alberto Rosas

El pasado domingo 22 de Julio, finalizó la segunda temporada de la pieza coreográfica Los comparseros, a cargo de la XIII Promoción de licenciados del Instituto Universitario de Teatro, bajo la batuta de Miguel Issa, quien inspirado en la obra artística del maestro César Rengifo, estructuró un espectáculo plástico- corporal en el que los 15 jóvenes pudieron demostrar sus habilidades corporales.

Puede resultar incoherente y hasta irónico que un grupo de graduandos de la universidad del teatro, presenten un espectáculo en donde se da primacía a la danza contemporánea, donde la historia dramatúrgica esté ausente, la interpretación de un texto teatral es nula, así como la construcción de un carácter sobre el escenario brilla por su ausencia. Sin embargo, esto fue lo apreciado en la Sala Anna Julia Rojas del Ateneo de Caracas, cuando se dio inicio a la temporada de Los comparseros montaje profesional 2007, con motivo de la graduación de otra camada de jóvenes artistas que han decidido apostar por el teatro como profesión y se han licenciado en el quinceañero IUDET.

El IUDET como institución universitaria forma licenciados en teatro en menciones como: actuación, gerencia y producción, diseño teatral y docencia. En su pensum de estudio figuran, es cierto, varias materias relacionadas con la expresión corporal y la apreciación musical, sin embargo no es el fuerte de la carga académica de estos estudios. Un actor no cabe duda, es voz, cuerpo y emociones y son éstas sus herramientas a la hora de interpretar. Pensamos hay que buscar un equilibrio entre las tres a la hora de realizar un montaje de este tipo, no es que no se pueda hacer, porque de hecho se realizó, sino porque precisamente abogando por una formación actoral, en esta puesta en escena estuvieron ausentes la voz y las emociones, resumidas en la anécdota dramatúrgica, la interpretación actoral y la verdadera encarnación de personajes que nos permitieran evaluar a los noveles actores.

Es totalmente posible argumentar que con el correr del tiempo, el teatro y en consecuencia su representación, se ha alejado de los cánones tradicionales, permitiendo la fusión de disciplinas como el arte plástico, la música, el video, la danza, entre otros. Sin embargo, somos de la creencia que la esencia de la representación teatral no se puede perder, mas cuando se trata de mostrar el trabajo realizado por estudiantes que han pasado cinco o más años en el seno de una institución llamada a formar licenciados en teatro y no en danza, para eso existe el “homólogo” Instituto Universitario de Danza (IUDANZA).

Nuestro análisis crítico no quiere descalificar el esfuerzo de estos quince participantes y nuevos licenciados (Adriana Devia, Alyeska Gil, Alexander Rivera, César Betancourt, Darío Soto, Guillermo Londoño, Javier De Vita, Catherine Pimentel, Khalil Gómez, Leire Orozco, Luis Enrique Torres, Mérida Becerra, Moisés Berroterán, Regina González, Ysandra González) ni mucho menos el de su director, de quien conocemos su profesionalismo y entrega por brindar en sus trabajos la síntesis de la danza-teatro, desde la agrupación que lidera: DRAMO. Creemos que aquí está la respuesta a nuestras interrogantes. Miguel Issa es llamado a dirigir al Instituto Universitario de Teatro, el público que ha seguido el trabajo de este profesional escénico sabe lo que se encontrará sobre la escena si va a apreciar un espectáculo que esté dirigido por él, es decir, no es un error de dirección lo anteriormente expuesto, en lo absoluto, todo lo contrario, nos parece que lo logrado por Issa en este espectáculo es de un alto nivel estético y que supo plasmar, captar la esencia del mundo de Rengifo, para sintetizarlo de manera hermosa sobre el escenario. Ese no es el punto. La diatriba se plantea en la necesidad de mostrar un trabajo donde prevalece por encima de la interpretación teatral la danza contemporánea y la expresión corporal.

 

Lo anterior nos hace concluir que Los comparseros es un bello trabajo escénico de imágenes hermosamente logradas, con un sabor a Rengifo innegable, en el que los graduandos pudieron demostrar cómo llevar a feliz término la resolución planteada por el director-coreógrafo, y a la vez darse cuenta que la danza contemporánea requiere una concentración, disciplina y organicidad, distinta a la corporeidad de un actor de teatro, que trabaja su cuerpo en función de un carácter a interpretar y de comunicar a través del gesto la “emocionalidad” requerida por su papel, para dar luego paso a la palabra, que estará modificada inevitablemente por el cuerpo físico y la contundencia emotiva que lleva impresa.

 

No tomamos como un error lo visto en Los comparseros, simplemente hay que estar conscientes de la disciplina a la que estamos dedicándonos para no confundir los objetivos para los cuales nos formamos, no quiere decir que no podamos vivir la experiencia de pasearnos por otras formas de representación sobre el escenario, todo lo contrario, siempre hay una riqueza en ello, sin embargo no podemos olvidar que el nivel de abstracción de la danza impide la claridad de la representación teatral en esencia.

Fuente: ALIARTS

Caracas, 8 de agosto de 2007

Comentarios: luisalbertorosas@gmail.com

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Acerca de Juan Martins

Dramaturgo. Escritor. Crítico Teatral con trayectoria internacional. Editor. Destacado con varios premios. (Ver más en la sección «Editor» de este blog). Se ha distinguido como crítico en diferentes festivales latinoamericanos de teatro (Brasil, Ecuador y Argentina). Conduce la revista de crítica literaria y teoría teatral «Teatralidad». Ha recibido el premio «Mejor dirección» con el espectáculo «Mariana» de José Ramón Fernández e interpretado por la actriz Mirla Campos en el III Festival Internacional de Teatro Clásico Adaptado 2012. Argentina. «Él es Vila-Matas, no soy Bartleby», «El delirio del sentido, desde un poética del dolor y otros ensayos» y «Novelas son nombres, ensayos inexactos» son sus más reciente libros de ensayos publicado en «Ediciones Estival», Venezuela. Con la misma tiene en imprenta su otro libro de ensayo «De qué hablo cuando hablo de Murakami» (2016).
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