De lo teatral en el género infantil

juan martins

000_1610.jpgEn los espacios de «Escena8» pudimos disfrutar del espectáculo No me abraces por e-mail de Aníbal Grunn y dirigida por Daniel Alfonso Rojas. Una obra de teatro infantil cuya producción era visible en su calidad y organización por parte del grupo «Pandilla Teatro». En principio todo contenido de color, vestuario y maquillaje que sincronizan, por esa condición, un trabajo disciplinado cuya estructura está constituida para el espectáculo infantil. Ahora bien, tal organización de estos signos se disponen en una estructura clásica en el rigor del género infantil: su disposición estética, en la estructura de los signos, la representación y construcción del espacio escénico apuntan hacia esa concepción.

En la composición de estos elementos pudimos ver un orden algo cerrado sobre la puesta en escena. Es decir, por una parte, es indudable el buen tratamiento de los colores en el vestuario que connota toda esa relación que se establece entre el color-vestuario-actor-público. Allí, esa línea de la comunicación está establecida para el gusto de ese público infantil. De esta manera, la puesta en escena se da a lugar ya que el niño (su público) se identifica con esos signos. Al identificarse con está codificación del lenguaje, como lo sabe hacer, desde la risa, el entusiasmo, la alegría —que se pudo notar entre quienes estuvimos entre el público— está haciendo que la obra sea «funcional». Ahora, insisto, es «funcional» porque todo estaba organizado en ese estricto orden del signo teatral. Sin embargo esos signos encuentran su lugar en la representación. De esta manera se compone el signo para que el niño «vea» sobre el escenario esa (de)codificación hecha teatro infantil y estructura de género a objeto de que el niño «vea» el texto sobre el escenario. La estructura dramática estaba bien planteada en ese sentido. Pero eso no es suficiente. El niño necesita reconocer ese lenguaje en una codificación que la pone la dirección del montaje. Lo que la hace definitivamente obra de teatro. Y en este caso el texto se cierne sobre su lenguaje en una pieza que bien reconoce esas necesidades para su teatralidad. Con ello, la relación entre el texto (en tanto a lo que se nos muestra como texto dramático) se establece sobre una anécdota con la que el niño organiza, por su parte, el entretenimiento y aquella alegría.

La responsabilidad del director entonces es darle a la representación su lugar en el espacio escénico de manera que nos permita, con cierta objetividad, una lectura de la obra (entendemos por obra el momento en que el texto dramático está siendo representado). El eje de la representación actoral se expresó en el actor Aníbal Figueroa en el rol de «Varilla». En la medida que desarrollaba su representación toda la puesta en escena se iba centrando en este personaje, en el que lo acompañaba el resto del elenco. En esa disposición mantuvo éste su responsabilidad con el personaje, coherente con la dinámica que se quería para la puesta en escena.

000_1622.jpgY en un tanto le siguió la actuación de Daniela Santana con su personaje de «July». Sostuvieron aquellas exigencias del lenguaje para el entretenimiento del público. Cada uno de los actores y actrices consiguieron esa estructura de la actuación en un mayor o menor valor. A mi criterio, Daniela Santana supo sustentar con una excelente representación esos niveles. Esta joven muestra un gran talento en la actuación y un conocimiento del género infantil. Esto lo afirmo por lo siguiente: sostuvo el ritmo, junto con Aníbal Figueroa, del espectáculo. Además coordinó la comunicación con su público, teniendo una responsabilidad mayor ante todo el espectáculo, ya que, se nos presentó cierta asimetría en la dirección. Esto quiere decir que los actores no tenían un lugar preciso en el escenario, confundiendo un poco el espacio que debían ocupar como personajes. Esa asimetría se confundía, dado al hecho de la representación, con determinada estridencia. Ante un espectáculo de buen perfil en la producción, y con un equipo actoral comprometido con el discurso infantil, la dirección del espectáculo sabrá registrar a futuro esa organización de los actores sobre el escenario para otorgarle ritmo y síntesis como lo exige cualquier obra.

En este caso, la síntesis es necesaria para que los actores desarrollen todo su potencial sobre la estructura actoral. Cabe destacar que no se trata aquí de un problema del discurso, sino de la técnica y, por tanto, del dominio del espacio escénico y cómo se dispone de los actores y las actrices en esa relación del actor-espacio-escénico-público. Por consecuencia los componentes del espacio escénico, como hemos indicado, están expresados precisamente en el lugar que ocupa cada actor en relación al otro. De alguna manera se está describiendo al desplazamiento como signo teatral. Y en tanto a ese desplazamiento es que hay que desarrollar esa síntesis actoral. Por ejemplo, que el actor se desplace sólo cuando así le requiera el ritmo del texto y un tanto lo que le impone el discurso del actor. Puesto que el actor es una unidad de significación en él todo signa y es sentido. Cualquier hecho que no se nos explique en sí mismo estaría atentando ante esa teatralidad. Así, pudimos notar que el actor, Aníbal Figueroa, se sentía aislado para algunos momentos de su representación. Y para ese momento apreciábamos como una suerte de vació o de escena innecesaria en el contexto de la obra. Allí, hay pérdida de ritmo. Y claro, esos son instantes del espacio teatral. No de la totalidad del espectáculo. Y si lo delimitamos ahora es por destacar el talento inherente de esta agrupación y su responsabilidad ante un género que exige de sus creadores cada vez más disponibilidad. Disponibilidad que se evidencia en la agrupación «Pandilla Teatro».

Lo destacado hasta ahora describe la relación del signo teatral con el desplazamiento del actor, a su vez, con una descripción conceptual de la «energía» usada por el actor o la actriz en la obra. Esa «energía» no es más que una carga semántica de la interpretación: el sentido teatral en una obra de teatro infantil se facilita cuando, en el nivel de entusiasmo, el niño participa activamente. Eso pudimos notarlo como una constante. Pero hubo aquellos instantes cuando la simetría y la economía de los movimientos no estaban en su lugar. Lo que significa que, el cuidar estos elementos, le dará a la obra una dimensión compleja sobre su discurso. Esto es independiente de la técnica y el discurso que conciba la agrupación o de lo que entiende del oficio. Bien sea esta o no una experiencia convencional, sabemos, en cambio, que lo convencional está planteado aquí, y lo que importa es cómo esta modesta crítica pueda ser un aporte, en la dialéctica del discurso, para el equipo de actores que con su riesgo animó a los niños en esa tarde de un sábado de asueto.

Caracas, 7 de abril 2007.

Post scriptum: está de más decir aquí la importancia de un espacio como «Escena 8» en pro de desarrollar un espacio teatral en la Mercedes de Caracas. Ante lo que tanto se está necesitando como son las salas de Teatro en nuestro país es una alternativa invalorable la cual requiere de todo el apoyo de su público. ¿De que sirve tanta irreverencia política sin el desarrollo de espacios culturales?

*este artículo será publicado en teatroenmiami.net

About these ads

Acerca de Juan Martins

Juan Martins, dramaturgo y crítico teatral. Editor.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s