Antropofagia a dos actores

juan martins

La pieza «Antropofagia», Primer Premio en el VII Premio de textos dramáticosdomingo-palma-escritor.jpg SERRANTES, 2006 de Domingo Palma se suscribe en un teatro que he venido definiendo como «teatro de lo urbano», en tanto a la estructura del drama y la composición de los parlamentos. Esto quiere decir que los personajes se definen en la modalidad del parlamento, en su edificación como lenguaje: el ritmo, el uso del habla, los giros lingüísticos quieren conferir ese sentido en el drama. A su vez es la manera en que Palma se entiende con el teatro y cómo admite el hecho de escribir para el teatro. Entiende que es, y no otra cosa, el lenguaje quien aporta las condiciones de esa escritura. El ritmo será entonces quien contribuya para esa teatralidad que busca todo dramaturgo. También es un modo de constituirse en su concepción de la literatura. Le interesa narrar, pero aquí la narración está sujeta a las exigencias del drama, del ejercicio escritural en el teatro. Quizá no sea casual el hecho de que subtitule la misma con la frase «Obra de teatro para dos actores». De antemano nos anuncia —si consideramos que todo signa y tiene sentido en el texto dramático— las condiciones con las que nos vamos a encontrar en, éste, el texto.

Para dos actores que tienen que concebir qué es el ritmo teatral y por medio de qué se establece en la escritura. Es evidente, en el rigor de la escritura, que el uso de oraciones cortas, dentro de también parlamentos concisos, apuntan hacia esas condiciones rítmicas de lo dramático. Por una parte, es una exigencia técnica de la escritura teatral que le otorga velocidad en el diálogo y contundencia en la comunicación de los personajes y, por consiguiente, el lector-espectador se sostiene en la definición de ese ritmo. Anotemos un hecho curioso: la pieza se inicia con expresiones lingüísticas:

Pachino.— …upper, upper, upper, upper, upper,de izquierda, izquierda, up de izquierda, buscando, buscando, siempre al cuerpo, torso, tripas, entrañas, corazón, Frazier con estilo congorocho, busca reventarlo hacerlo un ocho y Alí no se deja ni se queja con cada golpe que Frazier le da Alí riendo lo besa en la oreja Frazier con este estilo cerrado, puños en círculo apretado, .. (tira los puños estilo Frazier)

(…)

Tales usos del vocablo y del lenguaje, propio del boxeo, se incorpora como introducción mediante el habla de este personaje que se caracterizará por sostener esa realidad que se identifica en su lenguaje: realidad y pensamiento se establecen. Así que las oraciones cortas, la expresión breve y algunas veces inexpresivas quieren dar sentido a esa realidad caótica en la que viven dichos personajes, los cuales se corresponden con la realidad de la ciudad. Y precisamente la labor del dramaturgo es desarrollar la acción del drama o saber cuáles son esos signos verbales que le permite ser responsable con esa teatralidad. En este caso representar, en lo escritural, a un personaje como lo es «Pachano», frustrado por la violencia y por el contexto al que pertenece. Nada nuevo ni en el cine ni en el teatro. Aquí lo importante es cómo su autor nos lo define como literatura. Cómo nos dice, insisto, por medio del parlamento, de la naturaleza de ese personaje. Y lo conquista a través de ese lenguaje. Diría más, utilizando el parlamento que se impone como estructura del drama. Es decir, el lugar de un parlamento en otro, sin mayor extensión que la que exija una comunicación rápida y, como decía, rítmica. Si se quiere, es una escritura veloz porque así lo exige la realidad de los personajes y finalmente la estructura del drama:

 

Oímos el sonido de una moto pasar.

Viejoloco.— Viene el pizzero, tengo hambre.

Pachino.— ¿Cómo sabes?

Viejoloco.— Me suenan las tripas

Pachino.— Que es el pizzero

Viejoloco (entiende).— Ah

Pachino.— ¿Es el único que sube en moto?

Viejoloco.— No, hombre.

Pachino.— ¿Entonces?

Viejoloco.— Por el motor

Pachino.— Es una moto, una moto es una moto

Viejoloco.— No, ese modelo

Pachino.— ¿Qué modelo?

Viejoloco.— A esa Kawa le cambiaron la cámara por una Finnegan Pin

(…)

 

 

El lenguaje es quien nos dice de una realidad, pero cuidando el parlamento donde, a su vez, el autor consigue y le confiere la formalidad de su dramaturgia técnica y conceptualmente: la ciudad se nos dibuja, también, la condición social de los personajes, pero a diferencia de los personajes de Román Chalbaud, en Domigo Palma … (más)

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Acerca de Juan Martins

Dramaturgo. Escritor. Crítico Teatral con trayectoria internacional. Editor. Destacado con varios premios. (Ver más en la sección «Editor» de este blog). Se ha distinguido como crítico en diferentes festivales latinoamericanos de teatro (Brasil, Ecuador y Argentina). Conduce la revista de crítica literaria y teoría teatral «Teatralidad». Ha recibido el premio «Mejor dirección» con el espectáculo «Mariana» de José Ramón Fernández e interpretado por la actriz Mirla Campos en el III Festival Internacional de Teatro Clásico Adaptado 2012. Argentina. «Él es Vila-Matas, no soy Bartleby», «El delirio del sentido, desde un poética del dolor y otros ensayos» y «Novelas son nombres, ensayos inexactos» son sus más reciente libros de ensayos publicado en «Ediciones Estival», Venezuela. Con la misma tiene en imprenta su otro libro de ensayo «De qué hablo cuando hablo de Murakami» (2016).
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