Sobre el texto

—en torno a «El búfalo americano» de David Mamet—

por Fermín Cabal

Durante la década de los sesenta el teatro de autor sufre un indiscutible declive en todo el mundo. Tras la desaparición de Brecht, y el agotamiento de las fórmulas del absurdo, la palabra parece que vive sus horas más bajas. Puesta bajo sospecha por Beckett, escarnecida por Ionesco y pisoteada por los jóvenes actores y directores que descubrían el Cuerpo del Actor como templo sagrado de la Inocencia Perdida, la pretensión de Decir a la antigua usanza, ¡como los griegos!, resultaba sencillamente ridícula. Ocurrió en todo el mundo y los Estados Unidos no fueron una excepción. Por eso la súbita irrupción, nada menos que con tres obras, de un nuevo y joven autor, David Mamet, fue un auténtico impacto en los medios teatrales neoyorquinos.

Los detractores de Mamet, que nunca le han faltado, señalaron ya desde el principio que su teatro apostaba por el encuentro con el público (malo, muy malo), que se basaba esencialmente en el diálogo (televisivo, vulgar), que requería actores de la vieja escuela (o sea intérpretes, ¿pero no habíamos acabado ya con eso?), y que además tenía la anacrónica pretensión de hablar sobre los Grandes Temas (qué desfachatez, esto ni es posmoderno ni es nada). Creo que tenían razón.

“El Búfalo americano” es una de esas tres piezas con las que Mamet inició su carrera de éxitos. Es una obra que hunde sus raíces en Chejov y en Pinter, y que posee un ritmo verbal vigorosísimo, casi intraducible. Parte del habla coloquial del lumpen americano, pero a través del humor y de la violencia adquiere una pretensión poética desvergonzada, irritante para muchos. Desde que la leí, allá por el año 86, supe que algún día iba a montarla, y lo conseguí tres años después con un espectáculo del que estoy orgulloso. Tuve además la satisfacción de reincidir dirigiendo el doblaje de la película años después, con Dustin Hoffman como protagonista, que a mí no me hizo olvidar a Santiago Ramos.

He dicho antes que el diálogo de Mamet era intraducible, y lo sigo pensando. He tratado de alcanzar la intensidad verbal, el ingenio y la poesía del maestro norteamericano y espero que algo del original haya sobrevivido a estas operaciones delicadas y pueda llegar a ustedes de la mano de este grupo de noctámbulos que se atreven con todo y que estoy seguro de que van a sorprenderles.

Fuente: http://www.acontratiempo.net/paginas/ResegnaBufalo.htm

Nota del editor: creo importante crear un ciclo de reflexión en torno a la influencia del teatro de David Mamet en la dramaturgia latinoamericana, en tanto lo estilístico y la estructura del lenguaje. De allí que abrimos un espacio a tal introversión en nuestro blog. /juan martins.

 

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Acerca de Juan Martins

Dramaturgo. Escritor. Crítico Teatral con trayectoria internacional. Editor. Destacado con varios premios. (Ver más en la sección «Editor» de este blog). Se ha distinguido como crítico en diferentes festivales latinoamericanos de teatro (Brasil, Ecuador y Argentina). Conduce la revista de crítica literaria y teoría teatral «Teatralidad». Ha recibido el premio «Mejor dirección» con el espectáculo «Mariana» de José Ramón Fernández e interpretado por la actriz Mirla Campos en el III Festival Internacional de Teatro Clásico Adaptado 2012. Argentina. «Él es Vila-Matas, no soy Bartleby», «El delirio del sentido, desde un poética del dolor y otros ensayos» y «Novelas son nombres, ensayos inexactos» son sus más reciente libros de ensayos publicado en «Ediciones Estival», Venezuela. Con la misma tiene en imprenta su otro libro de ensayo «De qué hablo cuando hablo de Murakami» (2016).
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