ESPECIAL FESTIVAL IBEROAMERICANO DE TEATRO DE CÁDIZ (I)

Inmerso en la cautivante atmósfera geográfica gaditana y atrapado por la desbordante sensación festiva que genera la XXI edición del Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz veo como lo disímil, lo plural y lo maravilloso de la cultura escénica española y latinoamericana discurre como fuente enriquecedora para mis sentidos. Recientemente inaugurado –el pasado martes 17- y con extensión hasta el venidero 28 de octubre, casi treinta compañías, más de ochocientos invitados nacionales e internacionales, diversos eventos y encuentros de discusión, reflexión y crítica activados dinámicamente lo cual genera en propios y extraños, la sensación que el arte y la cultura está ahora latiendo en esta magnética región española.

Dentro de las distintas compañías, grupos y montajes tanto de teatro y danza que se han presentado, he podido presenciar algunas producciones que será objeto de análisis de esta primera entrega.sonlar-1.jpg

SONLAR

El colectivo Danza Teatro de La Habana (Cuba) con su singular propuesta “Solar” abrió fuegos ante una concurrida asistencia al subir el telón inaugural del FIT Cádiz en el Gran Teatro Falla. Una creación coreográfica y dirección de Rene de Cárdenas que aborda como eje temático, lo cotidiano del microcosmos humano y socio cultural que habita en una comunidad urbana habanera. Con la excelente técnica y manejo corporal y expresivo, la presencia de una trouppe de jóvenes bailarines asume con énfasis la exigencias de la escena generando sin ambages, una estructura creativa engranada con la grandilocuencia del ritmo de la percusión del objeto y del cuerpo. Danza asentada en el estilo “Meyumaná” genera un alud de significantes no verbales que son capaces de instaurar en el público, la decodificación del aquí y ahora de sus personajes bailarines.

Hay esa dramaturgia del objeto/ instrumento del cuerpo / instrumento que arma compases, timbres, sonidos, variaciones rítmicas, cadencias y sutilezas que, en sí, componen situaciones del vivir tanto de parejas que se encuentran en el amor, lo ritual ancestral, las caras de la calle con sus pícaros, vivos de ocasión y otros aspectos del vivir en una reducción casi minimalista de lo urbano. Cada objeto sea escoba, pipotes, bastones, poncheras, mesas o sillas; cada parte de la humanidad de bailarín sea pierna, boca, cabeza, palmas, torsos, se juntan en vibrantes oscilaciones contorsiones para imbricarse en conjuntos parejas o solos la esencia de significar y comunicar un todo, que para cada quien será un agujero para otear el universo de seres en lo que es, quizás, lo perenne urbano de la urbe habanera.

Buen trabajo coreográfico. Justeza técnica en cada bailarín. Compenetración y sincronía grupal son los logros alcanzados con este espectáculo “Solar”. Salvo la sensación de reiteración de algunas secuencias / escenas y la mixtura de influencias de códigos coreográficos ya tipificados en los grandes medios audiovisuales quizás comprometen la eficacia de la identidad caribeña de este espectáculo. Si hubiese más compactación del tiempo de la propuesta, y más organicidad en la construcción de algunos ejecutantes se lograría tenerse un montaje perfectamente armónico para todo aquel que lo confronte. Con todo, generaron el aplauso de aceptación del público que asistió a la inauguración del festival. Mi aplauso en términos amplios a toda la compañía en los cuales figuran: Yudeskia LLanes, Yaina Santana, Silvia Herrera, Adelia Álvarez, Ileydis Ramos, Yuniet Meneses, Felix Ricardo López, Iván Enrique Valdespino, Yurien Rivero Aguilar y Borys López. El trabajo de dirección general y de producción Cristina Lobeto estuvo en magnífica concordancia con el concepto de la trouppe.sonlar-12.jpg

MESTIZA POWER O EL RETRATO DE LA MUJER CONTEMPORÁNEA

Otra propuesta vista fue la deliciosa puesta en escena de “Mestiza Power Retrato de la mujer contemporánea” ofrecida por la delegación teatral mexicana Sa´as Tun. Bajo una dramaturgia y dirección de Concepción León Mora es público espectador que pleno la Sala Central Lechera constató como el teatro testimonial esculcaba con ánimo de drama y ribetes de comedia aplomada, los vericuetos de la cultura e idiosincrasia de las féminas mayas. Los aspectos de formación cultural familiar, las raíces de su educación como mujer y su lucha de identidad ante el hombre, las urgencias del vivir cotidiano con sus amargos, sinsabores, pequeñas alegrías, esperanzas de un porvenir, la ruptura de la tradición formativa del individuo mujer que no tiene adolescencia sino adultez y que en ese tránsito debe saber acometer su destino, las necesidades de su individualidad frente a los adversos de la cara opuesta que ha sido el sexo masculino con su poder, prepotencia y soberbia de género son partes de gran todo que signa el discurso dramático expuesto.
No es solo un retrato descarnado de la mujer, sino una denuncia de lo que actualmente ocurre en un país como México en su parte indígena. La mujer que tradicionalmente vive en las comunidades rurales con sus maneras y formas de cultura, se ve atropellada en su propio entorno por la miseria, el hambre y las necesidades. Si emigra hacia ciudades más urbanas –caso de Mérida en la zona del Yucatán- pues lo que era asumido como identidad o tradición se fuerza, se malea porque deben adaptarse a otros valores. Es ver la dicotomía del sobrevivir. Es el canto de la esperanza aunque haya chiste, cotidianidad o anhelo. Tres mujeres revelan en juego escénico donde lo familiar se imbrica, se teje, se arma y se muestra en sus profundas “situaciones específicas” de madre a hermana, de hermana a media hermana. También tres monólogos que se complementan aunque se edifiquen por separado. Las vivencias de una indígena frente a la arrogancia y soberbia del amor masculino que impone sus reglas de no querer asumir el compromiso del matrimonio, de querer tener a la mujer comprada a la necesidad del sexo y no de la familia instituida, de la resistencia de esta a defender su dignidad de independencia, que también debe tener una claridad meridiana de saberse servicio de una mujer que la mira con desdén, que la ignora en su condición de trabajadora es una arista.

Otra arista es la ofrecida por la yerbatera con su ancestral creencia de los poderes de la naturaleza, de la sabiduría culta y entrenada de reconocer los arcanos del bien o del mal que llegan en forma de aire o lluvia, de descifrar los misterios de su saber y ponerlos al servicio de su dignidad con sus congéneres, de poder distinguir lo frágil de lo actual ante lo vital de la memoria en su lenguaje y su eco de mujer sabia es otra. Otra, la indígena que va de la ruralidad a la urbanidad y comprende que debe saber sobrevivir ante los impuestos de una cultura ajena donde cualquier objeto material es un bien para su defensa y su autoestima y no para deslastrarse de los nexos culturales fueron, en suma, la triada de este teatro testimonio.sonlar-42.jpg
Espectáculo sencillo en su capacidad de decir sin ostentar. Cada elemento es conductor de significados. La dirección hace justo equilibrio entre lo verbal dramático y la inclusión de lo no verbal que adiciona mayor peso de significación. Es una dirección que entendió la capacidad histriónica que es la que construye su discurso con el gesto, la voz, el cuerpo, los silencios, el ritmo interno, la interrelación con el espacio y los objetos y que sabe tomar del soporte lumínico y sonoro, los necesarios para hilar su relación de contarnos ¿por qué soy y he sido? Mujeres actrices que supieron comprender con lo orgánico la fuerza de un mensaje que a casi todos nos emocionó. Tanto Asunción Haas, Conchi León y Guadalupe López conformaron tres excelentes actuaciones que aplaudimos por su franca entrega con la construcción de sus personajes y con cada secuencia de acción. Hubo en ellas disposición técnica, dúctil perspicacia de comunicarse entre si y con la platea. No hubo excesos todo consistente. En sí la dirección no llenó el espacio de elementos escenográficos superfluos (labor de Manuel Araiza) sino obligados: una gran hamaca central, tres poncheras de metal con agua en primer plano, colgantes quizás vasijas, quizás elementos de molienda. Todos con un contenido que adiciona más misticismo tras su uso. La iluminación acorde para empujar la atmósfera. El apoyo técnico y de promoción justo de Luis Velázquez para apoyar a su colectivo. En fin, fue un digno y hermoso montaje que me habló muy bien del teatro mexicano testimonial. Mi aplauso.
Carlos Herrera/Bitácora Crítica en arrumbear.com

criticanacional2005@yahoo.es

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Acerca de Juan Martins

Dramaturgo. Escritor. Crítico Teatral con trayectoria internacional. Editor. Destacado con varios premios. (Ver más en la sección «Editor» de este blog). Se ha distinguido como crítico en diferentes festivales latinoamericanos de teatro (Brasil, Ecuador y Argentina). Conduce la revista de crítica literaria y teoría teatral «Teatralidad». Ha recibido el premio «Mejor dirección» con el espectáculo «Mariana» de José Ramón Fernández e interpretado por la actriz Mirla Campos en el III Festival Internacional de Teatro Clásico Adaptado 2012. Argentina. «Él es Vila-Matas, no soy Bartleby», «El delirio del sentido, desde un poética del dolor y otros ensayos» y «Novelas son nombres, ensayos inexactos» son sus más reciente libros de ensayos publicado en «Ediciones Estival», Venezuela. Con la misma tiene en imprenta su otro libro de ensayo «De qué hablo cuando hablo de Murakami» (2016).
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