Trastos viejos, una propuesta dramatúrgica de Javier Vidal*

Acabo de leer «Trastos viejos» del destacado actor y dramaturgo venezolano Javier Vidal. La disfruté. Y quiero expresar lo que en principio es una primera lectura. Trate de hacerlo desprendido al comienzo del prólogo de Javier Moreno (muy bien escrito, sea dicho de paso, y por lo mismo podría prejuiciar mi lectura).

Lo leí a éste una vez que tenía la pieza terminada. Y fue correcto. Puesto que prefiero dejarme llevar por una «sensación» que me transfiere una primera lectura. Esta es, la sensación del dolor, en el mejor sentido poético de la palabra. De alguna manera una estética del «dolor» se nos exhibe por medio de los parlamentos y, si se quiere, en los diálogos. Me explico, los diálogos toman la estructura narrativa de la pieza. Lo que en otros términos se ha llamado la sintaxis narrativa del relato teatral.

El dolor, como sensación y sentimiento, se desplaza por medio de la historia de los personajes: ellos dicen para sí lo que la historia quiere ganar en el relato, siendo esta la forma del dolor como emoción abarcarte del lector-espectador. dsc08221.JPG

Por momentos la historia se nos vuelve muy intimista, no subjetiva, sino intimista como si el autor quisiera hacernos suya su noción de vida y de condición de inmigrante. No es así cuando todo eso se desprende del autor para identificarse con un hecho social: el país y la violencia sólo presentado como sustrato de otra historia que está prevaleciendo en el discurso: el sentido del dolor de morir en este país a pesar de ser un inmigrante español viejo y pobre.

Y la peor condición de ellos es ser víctima de su miseria: quedarse solos por sus errores, aun, ideológicos, puesto que los recuerdos se mezclan con un pasado histórico algo anacrónico, cuando al lector (o al público) se les habla de anarquismo, libertad y principios que, en este momento de los diálogos, no son más que excusas para hablarse entre dos personajes Eusebio y Floral respectivamente, los cuales representan un sentido histórico para el autor (o por lo menos hayamos esa intención en nuestra condición de lectores): el dolor de morir como inmigrantes en un país que sólo les pertenece por las circunstancias de vivir y morir en él.

Quizás por esa razón acuerden suicidarse ante la muerte del tercero, Wilmer, quien es hijo del primero y sobrino del segundo, pero representado como residuo de sus vidas.

Entonces cuando los personajes son víctimas de sí mismos en el sentido subjetivo y psicológico de esta historia y no político. La sintaxis del relato no quiere presentarse como una propuesta social sino, más bien, como forma expresiva de un teatro psicológico y expresionista. Expresionista por aquello del dolor como sensación estética. Decía Pessoa —o uno de sus heterónimos— que la sensación es una de las máximas expresiones del poeta y, por consecuencia, del poeta dramático.

Nos preguntamos entonces: ¿ha tenido que ver esto en algo con esta escritura? No lo sabremos sino hasta que determinemos un análisis comparativo con el resto de la obra de Vidal.

Por ahora me conformo con decir que aquél sentido del dolor le otorga a la pieza una fuerza dramática definitoria. Porque si algunas veces el texto se presenta de forma convencional con textos y parlamentos largos ello será por la marcada emotividad que nos quiere identificar el autor con la edad de los personajes y con cierto sentimiento del abandono y, como lo exige su estructura, de parsimonia de los personajes a objeto de envolvernos en éstos, los personajes hasta conducirnos a una introducción plena del dolor. Y quizás el autor quiera profundizarnos más en lo que hay de nuestras vidas ante la vejez y la muerte.

(*) Este texto fue escrito algo más de un año y aprovecho la oportunidad de publicarlo a la luz de su estreno en la Sala Rajatabla este jueves 21 de septiembre/juan martins.

Fotografía Rajatabla

Fuente: TeatroenMiami.com

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Acerca de Juan Martins

Dramaturgo. Escritor. Crítico Teatral con trayectoria internacional. Editor. Destacado con varios premios. (Ver más en la sección «Editor» de este blog). Se ha distinguido como crítico en diferentes festivales latinoamericanos de teatro (Brasil, Ecuador y Argentina). Conduce la revista de crítica literaria y teoría teatral «Teatralidad». Ha recibido el premio «Mejor dirección» con el espectáculo «Mariana» de José Ramón Fernández e interpretado por la actriz Mirla Campos en el III Festival Internacional de Teatro Clásico Adaptado 2012. Argentina. «Él es Vila-Matas, no soy Bartleby», «El delirio del sentido, desde un poética del dolor y otros ensayos» y «Novelas son nombres, ensayos inexactos» son sus más reciente libros de ensayos publicado en «Ediciones Estival», Venezuela. Con la misma tiene en imprenta su otro libro de ensayo «De qué hablo cuando hablo de Murakami» (2016).
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