La emotividad como teatralidad en “Mi planta de naranja lima”

Juan Martins

“Mi planta de naranja lima”,versión dramática de la novela homónima de José Mauro De Vasconcelos escrita y dirigida por Aníbal Grunn, relata la historia de un niño, “Zezé”, que descubre a la temprana edad de seis años dos sentimientos inexorables como los son el amor y el dolor como condición humana de ser adulto. Sólo por medio de aquel dolor este niño reconoce a la realidad de la vida. Una historia conmovedora demvc-007f.JPG mucho éxito literario en Brasil. Es el argumento del que se sostiene “La Compañía Regional de Teatro de Portuguesa” para traernos, en su reposición, un drama sensible y enternecedor. En él se traduce el dominio actoral de Jesús Plaza al asumir el rol de “Zezé” por medio de un dominio corporal ejemplar, puesto que es visible la identificación de éste con la propuesta. Se relata la vida del niño desde la voz del adulto. El relato se arma desde las condiciones del drama esta vez. Es decir, sabemos que nada fácil es construir un drama desde la extensión de una novela que, por rigor, es estrictamente verbal. Sin embargo, los elementos del drama están planteados: se ordena y se dispone desde la actuación en la composición de una escena sobre la otra. Y sobre Jesús Plaza descansa la mayor parte de la continuidad de la obra que asume con acertada responsabilidad, ya que se mantiene a lo largo de las acciones y mediante los diferentes ritmos del personaje. Sostiene la complejidad de las emociones por su interpretación estructural. Habíamos dicho, en otras ocasiones, que su actuación es orgánica. Esta vez arraiga su método porque es sobre esas condiciones que el actor, Jesús Plaza, registra su representación y debemos decir que tal representación identifica muy bien los signos de la lectura de la novela. Queda clara la historia hasta conmovernos y formar, junto a los actores y las actrices, parte de ella. Una lectura que en otros momentos he llamado “interpretación semiológica del texto dramático” la cual explora y hace teatro de una estructura literaria que accede al alma del espectador, confiriendo una relación directa con el relato para quienes estuvimos de espectadores. Creo que aquí reside el mayor mérito de esta propuesta: la versión dramática de Aníbal Grunn: alcanza traducir de una novela aquellos signos (ahora entendidos para el teatro) que le aporten síntesis y teatralidad la cual apuesta al actor como eje de representación de las repercusiones dramatúrgicas de la obra. Nos hace pensar que esta versión está elaborada para este actor. Esto nos explica cómo este actor estructura y codifica el lenguaje que en principio formaba parte de su realidad literaria e, insito, se nos convierte en una visión escénica de placer visual.

Cuando digo actuación orgánica me estoy refiriendo al hecho de cómo el actor o la actriz nos involucra en un complejo proceso emocional. Donde vemos que el actor (y este es su caso en particular) se “emociona” y “vive” el dolor del personaje, haciendo del dolor una construcción poética al racionalizar esas emociones y reintegrarlas a la realidad de la escena, al hecho artístico. De allí que la poética de este actor descansa en estas estructuras estéticas. Le calza muy bien este tipo de historia y personajes, conduciendo una línea estética muy singular dentro de la “Compañía Regional de Teatro de Portuguesa” que rige Carlos Arroyo. A partir de allí, se va estructurando toda la puesta en escena. El trabajo del colectivo subraya al personaje “Zezé” —y con ello la actuación—, en tanto que extiende las posibilidades escénicas de la historia del personaje por encima de las individualidades actorales, otorgando protagonismo a la puesta en escena antes que a un actor en específico. Por eso explicaba la naturaleza de ese espacio escénico desde los logros de Jesús Plaza como actor y en referencia a una estética actoral de este colectivo (doonde nos extenderemos en un próximo ensayo). Considerando esos aspectos, Aníbal Grunn, va entretejiendo la disponibilidad del elenco y por ese mismo camino lleva al actor Wilfredo Peraza en su representación del “Tío Edmundo” y el “Portu” quien compone estos mismos niveles orgánicos y acompaña magistralmente a Jesús Plaza en la representación, confiriendo credibilidad y figura a sus personajes y, por ende, acomoda la historia de acuerdo a la síntesis dramática que exige la puesta en escena. Termina facilitándonos una lección de sentimientos que muchas veces nos lo da el arte: cuando una puesta en escena nos conmueve es porque en ella están todos los elementos que tienen que estar para justificarse estéticamente. Así la emoción se nos racionaliza por medio del arte. Debo destacar la actuación del niño Randy Montilla en la representación de “Totoca”, hermano de “Zezé”, quien nos ofrece una ajustada interpretación y, sinmvc-019f.JPG mayores ambiciones, reduce su actuación a la realidad del relato cuando encontramos una interpretación muy natural y espontánea pero que impulsa el perfil del personaje sin desprenderse de él. Y en un niño esto es mucho qué decir. La dirección se cuida bien de ese equilibrio. Y un tanto hace Emilger Arroyo en su rol de “Gloria”, hermana de “Zezé”, se sostiene estructuralmente en su personaje y responde a esa naturaleza con un registro estético sencillo pero que le es suficiente para desarrollar una buena actuación, sencilla pero emotiva a la vez. Siendo la segunda vez que vemos destacarse el talento de esta muy joven actriz con apenas dieciséis años de edad. A mi criterio es la evidencia de una metodología de aprendizaje y enseñanza actoral inherente ya al quehacer artístico de Carlos Arroyo y su colectivo. Aportando una estructura sólida en el grupo actoral como pocas en el país. Y creado desde esa perspectiva su discurso.
Sobre ese equilibrio de la actuación y la puesta en escena se representan los personajes de Carlos Arroyo: “El padre” y el “Doctor” que tuvieron el objetivo, junto a la representación de “Ariovaldo” por parte de Federico Collado, de figurar sólo aquello que les exigía el espacio escénico y el relato teatral, personajes que forman parte del entorno familiar de “Zezé”, sin pretender arrojarse, como dije, al hecho más importante que era la historia de éste dentro del drama. Una vez más el equilibrio de la propuesta se detallaba en la dirección del montaje. Y aquí la puesta en escena es muy inteligente porque de lo contrario tendríamos una extensión que dispersaría la atención del público sobre el eje de interpretación que es, como dije, la vida de “Zezé” y su dolor por la pérdida de un amigo, “El Portu”. Tan sencillo es como emotivo. En esa línea de trabajo se exhibe la actriz Edilsa Montilla en la representación de “La madre” y “La maestra”, acoplando su rol en la historia de acuerdo a las condiciones de su personaje, pero en esta ocasión vimos más firme a la actriz en una postura moderada y natural, cediendo con limpieza y precisión su actuación, permitiéndose notar en esta actriz otros perfiles de interpretación que, a primera vista, mostró dominio y limpieza. Quizás tengamos en esta actriz una mejor disposición para este tipo de personajes que debe subrayar en su estilística para futuras representaciones. Hecho que sabrá cotejar en el marco de aquél proceso de aprendizaje actoral al que me refería.

Tenemos, con todo, una excelente propuesta que nada tiene que envidiarle a lo mejor del teatromvc-001f.JPG Latinoamericano y será suficiente con corroborarlo en un análisis comparativo con otros espectáculos para demostrarlo. Y basta, por una parte, con detenernos en la estructura completa alcanzada en la escenografía para mostrar una estética que trata con singularidad la imagen visual del espectáculo, rodeando al actor de una poética muy particular y que subraya la ficción como ejercicio de la escena en todos sus componentes.

Este artículo será publicado en proxima edición de Teatroenmiami.net

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Acerca de Juan Martins

Dramaturgo. Escritor. Crítico Teatral con trayectoria internacional. Editor. Destacado con varios premios. (Ver más en la sección «Editor» de este blog). Se ha distinguido como crítico en diferentes festivales latinoamericanos de teatro (Brasil, Ecuador y Argentina). Conduce la revista de crítica literaria y teoría teatral «Teatralidad». Ha recibido el premio «Mejor dirección» con el espectáculo «Mariana» de José Ramón Fernández e interpretado por la actriz Mirla Campos en el III Festival Internacional de Teatro Clásico Adaptado 2012. Argentina. «Él es Vila-Matas, no soy Bartleby», «El delirio del sentido, desde un poética del dolor y otros ensayos» y «Novelas son nombres, ensayos inexactos» son sus más reciente libros de ensayos publicado en «Ediciones Estival», Venezuela. Con la misma tiene en imprenta su otro libro de ensayo «De qué hablo cuando hablo de Murakami» (2016).
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