(Ideas para hilar fino ahora mismo)
Pedro Maldonado Rojas
Es necesario invocar, para este vital llamado, a los chamanes, a los modernos juglares, a los sociólogos, pedagogos, promotores culturales, a los representantes de los entes culturales a nivel gubernamental, a los creadores, a las comunidades, en fin, a todos los dolientes y demás hierbas aromáticas del teatro de calle de Venezuela, a fin de pedir un merecido espacio de su apretada agenda para razonar el por qué este paciente ahora está en la Unidad de Cuidados Intensivos (U.C.I.) de cualquier centro hospitalario. El año pasado, COMEDIANTES DE MERIDA hizo la V GIRA NACIONAL desde suelo merideño hasta el estado Nueva Esparta y hace un mes recorrió varios estados del Occidente del país y el panorama sigue desalentador, aterrador por decir algo más dramático, pues si a ver vamos, sobran los dedos de la mano si contamos los grupos estables dedicados al teatro de calle.
Este panorama desalentador está diagnosticado en zonas densamente pobladas como Caracas, Zulia, Carabobo, Anzoátegui y Aragua por citar algunas, espacios demográficos donde casi se dan la mano con aquellos estados donde la actividad artística es nula o raquítica en número de agrupaciones. Está por demás comprender su bajo impacto social como factor de incidencia en el mejoramiento de la calidad de vida de las comunidades, no sólo como derecho natural sino como derecho constitucional, objetivo que el Estado venezolano debe asumir bajo la óptica de la inversión social y no como un gasto o adorno, enfatizando aquello en que la cultura no debe ser la guinda de la torta, sino el plato central de la mesa. Es necesario entonces, vital para ser más precisos, hacernos algunas interrogantes. Veamos algunas de ellas en este singular rosario de cuentas por aquí y por allá:
¿Por qué han venido desapareciendo y no aumentando los grupos dedicados al teatro de calle? ¿Si el presupuesto destinado a la cultura ha crecido, cómo se explica la ausencia de grupos en las zonas urbanas y rurales de nuestro país? ¿Cómo hablar de la importancia del teatro comunitario cuando vemos que no crece en cantidad y mucho menos en calidad artística? ¿Existe una Política teatral real y coherente en esa dirección? ¿Están funcionando las diversas instancias de poder de las comunidades para promover el teatro de calle? ¿Hasta cuándo seguimos confundiendo teatro de calle con teatro en la calle? ¿Seguiremos dando pie para que nos consideren los hermanos menores del teatro, algo así como los pobrecitos sujetos a exploración sociológica o de vitrina como muestra en vías de extinción? ¿Continuaremos rindiendo honores a la cofradía de la IRRESPONSABILIDAD cuando no somos capaces ni de entregar los recaudos para el catálogo de los eventos? ¿Por qué el concepto de Producción, no sólo de los montajes, lo tenemos por el subsuelo?
Hacemos un respiro y volvemos con el rosario de preguntas: ¿Vamos a seguir levantando banderas en cuanto a flojera, apatía, conformismo, ausencia de rigor en la investigación, el no atrevimiento en la puesta en escena y el “Cuánto hay pa’eso cuando pretendemos cobrar honorarios hasta en eventos de carácter reflexivo? ¿Obviando en algunas ocasiones la realidad económica actual, por qué no hemos seguido investigando la calle como arquitectura teatral en la experimentación, desarrollo y promoción del teatro de calle y sólo presentamos cuando nos pagan? ¿Por qué creemos que lo sabemos todo y nos resbala lo relacionado con la formación? ¿Hemos comprendido, en estos tiempos de aires endógenos, la escasa, por no decir nula, dramaturgia para ser llevada a las instituciones educativas, grupos y comunidades? ¿Cómo dejar a un lado la importancia de la red entre municipios y estados para el estímulo y la promoción de este ACTO DE FE en las áreas de la formación, producción, difusión y divulgación? ¿Seremos capaces de entender por qué este paciente está en la U.C.I.? Agregue usted las otras preguntas y comprenderemos la densidad de este aterrador panorama.
En América Latina estamos a la cola de Colombia, México, Brasil y Argentina, países que nos llevan años de ventaja escénica. ¿En qué y cómo estamos fallando? En Colombia, por citar 4 ejemplos que conocemos de primera mano por haber participado en algunos de ellos, hay dos pueblos de menos de 30.000 habitantes cada uno, Carmen del Viboral (cerca de Medellín) y Mesitas de Colegio, cercano a Bogotá, donde hacen anualmente sendos Festivales de carácter internacional con la presencia de 4 y 6 países; en una comuna de Medellín, especie de alcaldía menor llamada “La Estrella”, tienen también su Festival Internacional y en Bogotá están organizados en la Red Capital de Teatro Callejero, donde tienen cabida las colectivos de avanzada en cuanto a producción de montajes y eventos.
¿Y en Venezuela qué? Sólo disponemos como referencias las Muestras que hizo la extinta Asociación de Teatro Popular Venezolano (ATPV) organizadas en su momento por Robert Rodríguez, Alvaro Daly, Angélica Campos y Oscar Acosta entre otros tenaces y aguerridos creadores y promotores del teatro de calle. Luego varios colectivos se sumaron y dieron vida al ENCUENTRO TIMOTES (Un espacio para la reflexión) que realizó 5 citas y después se esfumó por diversos motivos, siendo el último de ese evento el realizado en el 2004 en Morón, estado Carabobo. De resto, los resultados son anoréxicos. En la actualidad, intentando sacar al paciente de la U.C.I., los Comediantes de Mérida efectúan anualmente en autogestión y cogestión con distintos entes gubernamentales, el ENCUENTRO MERIDEÑO DE TEATRO DE CALLE, cuya filosofía es mostrar las producciones y luego se analizan técnica y artísticamente a fin de impulsar y mejorar profesionalmente los trabajos. A los grupos merideños se les garantiza alojamiento, comida, logística técnica y transporte interno; al invitado fuera del estado se le brinda los pasajes de retorno, pues no se pagan honorarios a ningún colectivo. Vale la cuña para informar desde ya que el III Encuentro está pautado del 1 al 4 de mayo del 2008, aún falta por definir el municipio sede del evento.
Sacar al paciente de la U.C.I. y llevarlo a piso como misión prioritaria, es tarea de todos, con todos y para todos. Sin tanto rebuscamiento metafísico, filosófico ni hormonal, debemos apuntar, como mínimo, a una acción a corto plazo con la venia de la decidida participación de los dolientes comprometidos en esta comunión, lejos de intereses grupales, individuales y más lejos aún, de las diatribas partidistas que ningún favor le hacen al desarrollo de la cultura. Sirvan entonces estas ideas para hilar en esa dirección, escudriñando y profundizando con el concurso de los presentes, en las tareas a emprender en pro del teatro de calle venezolano. De no hacerlo, estaríamos alimentando su ya larga estadía como paciente que reclama a gritos nuestra decidida intervención en franca comunión por un mañana mejor, tejiendo nuevas auroras abonadas en múltiples corazones de Arlequín. En lo personal estoy comprometido en ello, y con esta noble causa, los Comediantes de Mérida. ¡Así sea!
Razonado, comedidamente, en la ya calurosa Mérida,
en septiembre de 2007.













2 comments
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Septiembre 7, 2007 en 5:04 pm
El teatro de calle de Venezuela en la U.C.I. «
[...] El teatro de calle de Venezuela en la U.C.I. [...]
Diciembre 27, 2007 en 12:10 pm
Alliosn schlesinger
Nos interesa tener mejor información, pues nos gustaría participar con nuestro espectáculo de calle en vuestro festival gracias
Alliosn Schlesinger.