Mujeres en el aire

 Juan Martins

 Mujeres en el aire, escrita y dirigida por Mariela Asensio y presentada en los espacios de «Ciudad Cultural Konex» recrea aquella visión de que el teatro adquiere su definición más allá de las categorías o lasificación de teatro comercial.  Éste lo es en tanto que mantiene la medida de la comercialización, la medida de un número de espectadores. Ese día del que pude disfrutar de la función, la sala estaba hasta el tope. Si esa es la medida del mercado, entonces nada más habría que agregar para definirlo. Pero estamos en un espectáculo estructurado desde la puesta en escena: consiente de los códigos de esa comercialización, también nos encontramos con la justa necesidad estética. Un teatro de ritmos, desplazamientos y movimientos los cuales devienen en gracia, en el sometimiento del cuerpo del actor sobre la intención de aquél ritmo. Las actrices se instrumentan en la caracterización de los personajes. Esta es la necesidad que se impone: aquella donde se ridiculizan los personajes hasta el límite de lo que se explica como ridículo. El espectador apenas tiene tiempo para racionalizar, si acaso tenga que hacerlo. Mariela Asensio lo sabe y dispone de esas características de la dramaturgia: rápida, concisa y de diálogos cortos a modo de otorgarle aceleración y firmeza al ritmo de la puesta en escena. De modo que las actuaciones vayan por el  mismo camino. Y lo consigue: signos tras otro, creando una secuencia de sentido, de imágenes que se introducen en el espectador como si estuvieran ante un hecho publicitario, ante un «producto». Esto se logra porque utiliza y organiza los signos (tanto aquellos verbales como escénicos) con el mismo orden que lo hace la publicidad de la televisión cuando «vende» el producto publicitario. Es decir, se coloca la puesta en escena, a un mismo nivel de la publicidad. Y como se comprende, se requiere de una dramaturgia cónsona con ese discurso: la mujer como objeto de consumo dispuesta en una vitrina, a partir de las leyes que rigen ese mercado. Esta condición de la mujer/objeto se dispondrá sobre todas las caracterizaciones de los personajes: orientadas a esa cosificación del sujeto. De allí que se instrumente la articulación del show business: mujeres/objeto en manos de un hombre que las media en esa receta de la publicidad. La gestualidad es el artificio con el cual se construye esta propuesta estética. El actor José María Muscari recrea el carácter: movimiento, gesto y desplazamiento para la corporización de ese discurso y lo hace con el ritmo, la gracia y la comicidad de aquél Show Man quien medida, como arriba indicaba, las condiciones del texto dramático. Y si quien escribe lo dirige sabrá construir la teatralidad. Dicha teatralidad se vale de las características de ese medio para expresarlo: publicidad, estridencia y  música pop en un mismo orden del espectáculo con la intención de representar lo que le es propio a la ciudad hegemónica y urbana las cuales obedece esas leyes del mercado: la mujer/objeto, víctima de un sistema ideológico en el que impera los valores de cambio de una sociedad capitalista. Es entonces cuando el espectador no alcanza a pensar ni saber lo que está sucediendo. Es también, lo que induce el ritmo de la escritura, un objeto/espectador: se cosifica ante la realidad del espectáculo. Y por otra parte, la disposición del espacio escénico lo argumenta: es el cuadrante de aquella imagen del televisor que se le repite ante sus ojos de un modo fragmentario en un cuadro escénico. Las actrices responden a ese discurso de la caricaturización del gesto, la voluptuosidad artificial impuesta condicionada a tales exigencias del show business. Así que cada actriz, en un mismo nivel de actuación,  cuida con detalle su representación: mujeres que reproducen, que se hacen producto de esa realidad.  Por ello, los personajes no tienen identificación: son el vacío de la estupidez a la cual se dejan someter.

La máscara queda construida en ese orden estético. En esa construcción, en tanto signa la corporeidad de aquellos gestos y acentúa la relación mujer/objeto, artificio/producto y racionalidad/irracionalidad de la caracterización se erige el cuestionamiento social a modo de ligitimar el rechazo al proceso de cosificación al que someten a la mujer en este tipo de eventos, donde la noción de la «belleza» se mide por las trazas de la comercialización. Las actrices alcanzan esa comicidad cuando colocan al límite el uso estético de la máscara, le confiere intensidad teatral mediante movimientos abstractos, giros y desplazamientos automatizados los cuales dibujan a los personajes hieráticos. El uso del vídeo coloca la puesta en escena en otro lugar de la reflexión: imágenes que nos hacen entender que estamos más bien ante un drama. La comicidad se desvanece, la sonrisa va desvaneciendo en el espectador para dar lugar al drama: la pérdida de esperanza en una sociedad capitalista cuyo único valor es el consumo. Es una comedia inteligente dispuesta en un formato comercial del teatro. El equilibrio entre arte y espectáculo se consolida.

Buenos Aires, 14 de julio

About these ads

Acerca de Juan Martins

Juan Martins, dramaturgo y crítico teatral. Editor.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s