Jorge Dubatti
Un discurso presionado
La crítica como género[1] debe definirse por sus condiciones de producción, ya que en el texto están inscriptas las marcas de su elaboración. Se trata de un género presionado por distintas tensiones, a saber: el centimetraje, la ilustración, el “reflejo” de actualidad, la situación del área en el diario o la revista, el estilo de redacción, las medidas del título y los cortes que obligan a recurrir a prioridades, a la brevedad y la síntesis para dar cuenta de un objeto complejo. La crítica literaria-teatral es, por lo tanto, un discurso presionado y el producto de un emisor complejo. En el producto final han intervenido diversos sujetos: redactor, editor, diagramador, a su vez influidos por intermediarios como los jefes de prensa, los departamentos de publicidad, la dirección.
Quiero entonces proponer un modelo ideal o utópico de una crítica literaria-teatral plena, que muchas veces no se resuelve en la práctica –víctima de esas condiciones de producción-, pero que orienta permanentemente las opciones, criterios y luchas –metas por lograr- en materia de discurso crítico. En el marco de las condiciones institucionales de la poética crítica de libros, recorto mi utopía crítica.
Toda crítica debería tener capacidad de producción de pensamiento. Se trata de otorgar dignidad intelectual a la práctica crítica. Capacidad de articular pensamientos amplios y complejos. Ideas, mucho pensamiento e hipótesis.
Debería establecer conexiones con la cultura, es decir, con la vida, la política, la historia, la existencia integral del hombre. Conectar la obra con los grandes debates de la cultura actual.
Toda crítica debería evidenciar un alto grado de elaboración. Se trata de procesar los materiales con la mayor laboriosidad posible, en contra de la crítica del apuro o el desentendimiento.
Además el crítico debería tener un amplio conocimiento de la bibliografía anterior al texto que está leyendo. No se trata de ostentar erudición, sino más bien descubrir la utilidad que se le puede dar a la bibliografía previa. Esto implica una formación permanente del crítico.
Debe transmitir pasión, predicar con el ejemplo, conmover. Invitar a la discusión, al rechazo, al placer.
El ideal lingüístico del crítico debería ser el de la transparencia, precisión técnica y alto grado de comunicabilidad. Una crítica debería tener al menos transparencia expresiva, precisión y concisión en un equilibrio entre términos del habla común y términos técnicos debidamente explicados. Hay que defender un lenguaje técnico específico, que diferencia la crítica literaria de otras formas del periodismo, como la crónica de deportes o el artículo de fondo sobre economía.
El crítico debe tener la capacidad de establecer relaciones y de leer tendencias, fenómenos amplios, no sólo particulares. A estos aspectos hay que sumarle: la lucha contra las preconcepciones, los prejuicios y clichés, la superación de los lugares comunes y los clichés, los prejuicios y los preconceptos estéticos e ideológicos. El crítico como un “laboratorio de percepción y autopercepción”, según las acertadas palabras de la crítica mexicana Luz Emilia Aguilar.
Y practicar la reflexión epistemológica, pensar en cuáles son las condiciones de posibilidad de su discurso. ¿Cómo piensa la literatura? ¿Cuál es para él su rol de mediador? ¿Qué logros y novedades puede aportar desde la construcción de su lectura? ¿Desde dónde lee, con qué posibilidades y límites?
Y evitar las tautologías, no descubrir lo ya descubierto, no repetir lo ya muy conocido. Dar entidad a nuevos corpus/nuevos planteos. Favorecer la circulación, el movimiento y la recepción de los libros. Cumplir una función organizadora: construir mapas o imágenes de la literatura de una época, un país o el mundo, diseñar órdenes múltiples a partir de jerarquías en las que lo guían básicamente “las preguntas: ¿qué es la poesía? ¿es éste un buen poema?, [que] constituyen las dos metas teóricas de toda labor crítica” (T. S. Eliot[2]).
Debería entablar estrecho contacto con el campo literario-teatral, frecuentar a los artistas y las instituciones del campo, “vivir” dentro de él.
Finalmente, asumir un rol intelectual: decirle la verdad al poder. El crítico de literatura debería cumplir, en tanto intelectual, una función en la sociedad en la que vive: estar atento a los manejos del poder, estar en guardia contra las manipulaciones editoriales o comerciales de los libros. Contra el mero negocio, contra el mero mercado. Contra el negocio de los editores, contra el negocio del medio, contra el negocio del crítico o de la “banda” de amigos a la que el crítico pertenece.
Las revistas y los suplementos ayudan a leer cuando sus críticos fundan con sus lecturas nuevas territorialidades de subjetividad. Expuesta en estos términos, la crítica de libros de teatro es hoy en la Argentina, salvo contadísimas y honrosas excepciones, una materia en retroceso, una ausencia. Y un deseo que permanece.
*Del artículo Crítica y verdad, publicado en la Revista Literaria Teatralidad (Año I. Nº 1) cuyo bautizo, sábado 19 de diciembre, es un evento que tuvo como antesala la representación de la obra «Arritmia» de Leonel Giacometto y dirigida por Juan Martins, con las interpretaciones de Doris Hoyos como«Ana1» y Mirla Campos como «Ana2» respectivamente. La presentación de la revista la llevó a cabo Miguel Torrence, miembro del Consejo Editorial de la misma quien nos habló, entre otras cosas, de su próximo libro VEREDA. Dicho evento estuvo organizado por Cuarta Pared, Estival Teatro, Codarte y Librería Kalathos. Nos acompañó la coordinadora editorial Yoyiana Ahumada y su editor Juan Martins quien viene de presentar ésta, la revista, en la ciudad de Buenos Aires ante la Asociación Argentina de Investigación y Crítica Teatral. En este encuentro en Buenos Aires, participaron los críticos Jorge Dubatti —autor del artículo el cual ha servido a su vez de título monográfico de este número—, así como también el destacado antropólogo e investigador teatral Carlos Fos.
[1] Nos referimos aquí tanto a la crítica literaria como a la teatral.
[2] T. S. Eliot, “Introducción” en su Función de la poesía y función de la crítica, Barcelona, Tusquets Editores, 1999, p. 44.




Rodolfo Santana
Bitácora Crítica
Gustavo Ott
Relectura
Felicitaciones a Yoyi y Juan Martins por esta iniciativa. Bravísimo. En cuanto al artículo ojalá se practicara en Venezuela la crítica como un verdadero ejercicio de la inteligencia, el conocimiento y la decodificación, por usar un término, que le permita al lector o públoco, en el caso de teatro, y al creador e intérpretes descubrir las otras lecturas que tiene el producto teatral.
Con admiración y respeto