Caros Herrera
Celebrar (más de) cincuenta años de oficio actoral es, realmente, una hazaña en una época donde el imperio de lo mediático campea y avasalla. Pocos son los afortunados que han vivido y aun prosiguen haciendo arte a partir de lo efímero e insubstancial como lo representa la palabra que insinúa imágenes, del gesto que concreta situaciones y de pasión como recurso que nunca se agota puesta al servicio de enlazar la vida con el todo.
Un histrión es un ser de carne y hueso pero con un alma insuflada de hermosos universos expresivos. Su cuerpo es maleable material que permite la materialidad de personajes y discursos de ahora y de siempre. Un actor es el emblema de una imaginación local y a la vez universal por tanto su experiencia así como su voluntad de desdoblarse será la voz portadora de otras dimensiones de la humanidad y que nos han inculcado mil maravillas desde que el hombre ha vivido en sociedad y su visión ha dado tramas y personajes desde Sófocles a Shakespeare, de Lope a Chejov o de Rengifo a Chocrón.
Para el teatro venezolano, cinco décadas de oficio histriónico representados tras la inconfundible presencia de Gonzalo J. Camacho es prueba fehaciente de que tras su largo periplo creador, existe sin duda alguna: una sólida y asimilada formación, una acabada técnica, un plausible espectro de logros, una feroz tenacidad como artista y, más que nada, un inmenso amor por el arte de la escena.
Las tablas venezolanas le han visto transitar trasmutado en disímiles personajes. Su peculiar estilo interpretativo calificado por algunos como “stanislawskiano excesivo” tan solo demuestra que como histrión es lúcido poseedor de una sagaz perspicacia a la hora de enfrentar la ardua labor de caracterizar. Gonzalo Camacho es uno de los pocos actores cuyo trabajo ha hablado por su mismo. Y lo que ha logrado emanar de cada uno de sus retos escénicos y de cada uno de sus personajes lo han expuesto como un consumado artífice que sabe unir coherentemente al actor y la ficción en un espacio y una estética muy personal. (leer más en Bitácora Crítica)













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