You are currently browsing the daily archive for Agosto 2nd, 2007.

Edgard Moreno-Uribe

José Ignacio, hijo de José Ramón y Matilde Lofiego de Cabrujas, fue feliz. Y lo decimos ahora, tal como lo enseña Sófocles por intermedio del corifeo de su Edipo Rey, ya que no se debe considerar feliz a un humano hasta que éste haya traspasado el umbral de la muerte sin desventura alguna.
José Ignacio, parido en Caracas el 17 de julio de 1937 y fallecido en Porlamar el 21 de octubre de 1995, era un venezolano feliz. Amó intensamente, se casó dos veces y procreó sendos hijos con Democracia López e Isabel Palacios, pero sólo Diego lo sobrevive. Participó en la fundación del mayor invento teatral del siglo XX: El Nuevo Grupo, y en la mágica aventura que convirtió a un rancho sindical en espacio teatral paradisíaco, donde mostró inolvidables espectáculos, además de su última pieza sobre un deportista devorado por el salvaje neocapitalismo. Y, por si fuese poco, escribió 15 textos teatrales, dignos de ser escenificados de nuevo, además de redactar mil y tantos argumentos sobre pasiones insólitas, intrigas y situaciones memorables para alimentar ese maravilloso invento latinoamericano que son las telenovelas, cuando las mismas no son prostituídas por los dueños de los medios audiovisuales. Y se convirtió en el Cicerón caraqueño, gracias a sus columnas periodísticas, donde advertía la buena ruta o el desatino de la patria. Fue, pues, un hombre feliz, a pesar que un brujo le advirtió que por cábala su fecha de nacimiento anunciaba una inesperada falla de su apasionado corazón cualquier día, tal como ocurrió. Hasta el último minuto amó a su país y su gente, como siempre lo había demostrado. ¡Fue un hombre feliz!
Y para estos 70 años de Cabrujas, que habría festejado con mucha ópera y abundantes viandas, además de unas cuantas sátiras sobre los criollos sobrevivientes de ese siglo XXI, sus amigos le inventaron un libro, modesto por sus páginas, únicamente 54, pero grandioso porque ahí seis atrevidos compatriotas, además de la prologuista Yoyiana Ahumada, lo analizaron en todas sus facetas como intelectual, suscitando una sana envidia para que los lectores rebusquen sus obras y textos y los degusten, para así disfrutar muchas cosas que ellos redescubrieron.
Yoyiana explica que la publicación Cabrujas: ese ángel terrible se hizo porque José Ignacio es una de las inteligencias contemporáneas más completas en Venezuela, por su compromiso con el país y “su capacidad de preguntarse qué somos como proyecto y como resultado de una historia; por ser un extraordinario dramaturgo que convierte al teatro en el mejor espejo de las sombras colectivas de la sociedad venezolana”.
Puntualiza que no exagera, “porque en un país con una memoria tan ingrata es una fiesta que nos sigamos acordando y necesitando de una mente que nos dejó huérfanos hace 12 años. Además, sobre él apenas existen los libros Cabrujerías de Francisco Rojas Pozo, Catia tres voces de Milagros Socorro; un par de tesis de grado, y, que yo sepa la de magíster literae que es la mía: Venezuela la obra inconclusa de José Ignacio Cabrujas”, además de los textos críticos del profesor Leonardo Azparren Giménez.
Los análisis compilados en ese libro apuntan a destacar las claves presentes en toda su obra: la historia como lección no aprendida, en un ciclo donde el futuro es resultado de los errores del pasado; el cuento contado desde el personaje de la sombra, no el de la gran historia; un manejo de la compasión frente a sus criaturas (artículos de opinión; teatro y telenovela); un tejido que convirtió a su mirada en una sociología de los sentidos; una articulación operática de sus discursos (arias, tríos, solos) y el manejo de las piezas escriturales como partituras; una presencia del enmascaramiento y la teatralidad como mirada del arte y la vida; y el humor como recurso estético y filosófico para contar su macrorelato que es Venezuela.
Yoyiana recuerda que es imposible copiar a Cabrujas, “era producto de sus circunstancias, pero sí puede ser emulado, como ocurre con los libretistas de televisión que enseñó o con los dramaturgos hijos de su influencia como Elio Palencia y el propio Ibsen Martínez. “Es irrepetible, como lo somos todos, pero es posible que se produzca mayor interés en seguir escudriñando en su obra, para entender las claves de cómo leer este país”.
—¿Podemos sobrevivir sin Cabrujas?
—Hay hombres que luchan un día y son buenos, pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles. Brecht, dijo eso y para mí se equivocó; somos efímeros y prescindibles. Pero hay inteligencias que uno extraña: Uslar Pietri, Cabrujas, Nuño, Elizabeth Schön. Cabrujas, como dijo Pilar Romero, nos acompañaba a entender nuestra cuesta abajo en la rodada.
Obras teatrales

Ahora será un reto para los que mantienen viva la historia de Cabrujas llevar a escena algunos de estos 15 textos:

(1961). TLos insurgentes (1956). Juan Francisco de León (1959). El extraño viaje de Simón el Maloriángulo, junto con Román Chalbaud e Isaac Chocrón (1962). En nombre del rey (1963). Días de poder (1964). Fiésole (1968). Profundo (1971). La soberbia milagrosa del general Pío Fernández, en la obra colectiva Los siete pecados capitales (1974). Acto cultural (1976). El día que me quieras (1978). Una noche oriental (1982). El americano ilustrado (1986). Autorretrato de artista con barba y pumpá (1990). Sony (1995).

Fuente: El espectador

Más del autor:

Carlos Herrera

INTROITO A MANERA DE PAUTA REFLEXIVA

 

Algo cierto: ¡soy un espectador que le encanta la comedia! Me gusta asistir a un espectáculo basado en este género. También degusto con fruición personal, los dramas inteligentes y bien correlacionados con las formas y maneras de cómo se expresa lo idiosincrático del comportamiento individual en el contexto socio cultural nacional.

 

los-chicos-del-69-escena-8-2007-01.jpgNo tengo el prurito si el montaje / espectáculo a ver sea tildado de “comercial / ligero” o, que orbite en lo sustantivo de teatro de “arte”. O, por que sea un drama que en apariencia no calce al ciento por ciento las botas conceptúales que algunos intelectuales esbozan para definir al género en sus tratados.

 

Como cualquier otro mortal envestido del ropaje singular de ser sencillamente un espectador sencillo y corriente, que se apersona en una sala teatral con el fin de pasar un rato ameno en una noche de buen teatro, exijo, ¡eso si! que la compañía sepa exponer ese “producto cultural” bajo criterios bien sólidos: que haya una idónea selección del texto –sea bien, pieza original, versión o adaptación donde se respete la esencia de tema, trama y situaciones-, que el director del grupo o la compañía –o, bien, en estos tiempos donde algunos (as) autores (as) deciden asumir escenificar sus piezas que ni tan ortodoxo ni tan flexible con su escrito- que el conjunto artístico sepa administrar los factores fundamentales tras lo que entiendo como la dinámica de la puesta en escena; y como consecuencia de todo ello, que sepan manejar con astucia el consabido dialogo escena / platea y hasta ¿por qué no? intuir los debidos canales de proyección – promoción y de sacarle el “jugo” en ese momento mágico cuando se produce la recepción de lo escénico hacia ese grupo humano poseedor de gustos, percepciones y una cultura heterogénea que ya hace muchos siglos fue catalogada por un autor barroco como el “monstruo de mil cabezas” (el público).

 

Pero no todo queda ahí. Hay factores a mi entender que también deben estar sujetos a un total cuidado cuando se decide montar tal o cual texto o escoger tal o cual autor. En mi criterio algunos de estos factores pueden ser: un compacto y homogéneo elenco de actores profesionales apoyados por comediantes noveles que sepan manejar con afiligranada destreza, tanto sus potencialidades profesionales (voz, dicción, impostación, manejo corporal, intuición escénica como lo propio en la composición / exposición / variación del personaje, manejo corpo expresivo) como lo que sabe que algunas veces posee o no al momento de asumir su trabajo artístico: reconocimiento (“fama”) teatral o mediática, encanto y carisma.

 

De lo anterior, ¡acentúo lo último! No es lo mismo ver a un reputado histrión del teatro venezolano al lado de una agraciada actriz cuya imagen está diez o veinte veces potenciada por su presencia “momentánea” en el dramático del tal o cual canal de TV. Simplemente (yo critico / cronista) agradezco ver actores desenvueltos, “orgánicos”, que dan lo mejor de si desde todo ángulo posible (técnico y compositivo), que comprendan los retos y exigencias de la escena; que dejen de lado la sutil línea entre quien solo se regodea en “el oficio del actor” de quien se sabe un intérprete que compone un (os) personaje (s) bien definido (s), si ese es resultase su desafío.

 

Demando que sepa aprehender y volcar en su labor de composición, todos los ángulos que el texto coloca tras las didascalias y acotaciones. Que se desprenda de las indicaciones dadas por el director –aclaro con ello, que son incontables las veces que he descubierto en una función “x” o “y”, o peor aun, que ya avanzada la temporada algún histrión aun se desplace o interacciones con otro actor como si estuviesen operando las indicaciones de actitud o de movimiento que le asignó en el lapso de ensayos el director. También creo mucho es ese actor o actriz e incluso en esos directores que están abierto a oír los concejos de otros profesionales como lo son el productor, los diseñadores (y hasta en casos “de excepción” de algún crítico) que lo haya visto en la fase de preparación del montaje.

 

Me encanta, y disfruto una enormidad como le acote al principio –y más de la veces hago testeo en el conjunto del público- como se manifiesta la comedia o el drama de estos tiempos. Por ejemplo, para el caso de la comedia “inteligente” es válido que haya una suma de factores y elementos antes descritos. Es necesario que, tanto la dirección como la respuesta del staff actoral (puro /actores que solo trabajan en teatro o cine o, mixto, es decir, del anterior tipo junto a eventuales actores / actrices provenientes de la TV; o del rutilante mundo de las misses y “misters” o del campo del modelaje, entre otras posibles fuentes) esté debidamente acoplado. En ellos y sobre la escena debe existir y saberse irradiar hacia el espectador trabajos imbuidos de desenfado, fuerza y entrega, todo lo que uno supone que debe poseer el desafío de un espectáculo “de arte” o “ligero”. Si están ahí es porque aparte de talento y profesión debe estar subyacente: oficio hecho pasión, personalidad, y hasta cierto “garbo” tras la composición de sus papeles y que ese encanto y fuerza escénica (sin regodeos y amaneramientos ampulosos) pueda generar una auténtica comunión escenario – platea.

 

Que la comedia sea “light” eso es una cosa; que, sea “comercial”, otra. Que el drama sea atado a las manera y modos de la convención académica o flexibilizado con toques de humor y desenfado es otra. Lo que demando es que esté bien resuelta, justa y sin subestimar al receptor. Yo ya lo dije, mi preferencia como “espectador especializado” es ver y disfrutar de comedias y dramas que me pongan a pensar. Esa clase de textos que algunas veces ¡patean muy duro! a pesar de que me hagan reír o, solo pensar sobre el eje temático abordado están en mi lista de preferencias cuando asumo en un día ver un montaje y postergando otro; aclaro, esa comedia o drama que le hace a uno descubrirse riendo u drama que tras una escena de atolondra y me hace separar mi recepción a manera de un ¡epa, un momento; acá pasa algo! son las que me impactan y sorprenden, las que me sacuden y me dejan varios días hilando fino en la reflexión.

 

Es que tras la situación argumental, tras ese parlamento, tras ese momento dramático, tras esa escena está escrita o planteada una verdad inocultable como un sol de verano: se está diciendo cosas al espectador, cosas que se deben recibirse, masticarse y reflexionarse más allá de lo eventual espectacular o del momento de solaz que uno asume en un fin de semana cualquiera. Cosas que muchas veces rayan en los discursos del silencio de esta sociedad. Cosas que hasta son medio “tabú” para otros. Cosas que, no son fáciles de expresar y menos componer en un texto, una puesta en escena o tras el trabajo del histrión y que si no se hila bien, puede quedar desdibujado en la recepción del público.

 

La comedia o el drama que “duele” es quizás el que mejor asimilo, debido a que demanda en mi fuero interno preguntas y respuestas que devienen después en esa re-visión de la realidad del comportamiento social venezolano, globalizado, pluricultural, bombardeado por lo mediático, con rémoras de temores, ansioso por un incierto devenir, con pulsiones, miedos y angustias que, también se traducen en decenas de otras preguntas, más de las veces sin respuestas, pero con la infinita capacidad de darle solución a la manera “tropical”, a la “todera” o como el personaje de una exitosa telenovela se tradujo en la vocería de uno de sus personajes (Eudomar Santos) decía taxativamente como impertérrita filosofía de lo cotidiano pesudo filósofo de la cotidianidad: “¡como va viniendo, vamos viendo!

 

Esas preguntas y sus posibles respuestas traducidas bajo la fórmula aguda de la comedia o del drama que duele es donde un autor sabe esculcar el termómetro de su tiempo, la realidad socio cultural y sus matices e inflexiones de cada capa social y, hasta los oscuros filones del “pathos” humano.

 

No hay que tener dos dedos de frente para saberse espectador de primer nivel cuando uno las confronta. Quizás mis parámetros de recepción / análisis / comprensión y hasta de gusto deban ser los orientadores para quien lee mis notas.

 

En todo caso, yo, espectador, estoy claro en que disfruto una enormidad de la comedia y del drama que duele. Géneros escritos y escenificados para decir cosas; para trascender tiempo y espacio; para dibujar parte de los comportamientos sociológicos, para dibujar con formas y maneras, con palabras y códigos y hasta con cierto maniqueísmo no tendencioso de un más bien que mal, esa “cosmovisión” de país y de sus mutables e intangibles universos de adaptación / generación de discursos de actitud en la acción del día a día en la calle, en la familia, ante el otro o, en el silencio a gritos del imaginario individual y colectivo de las sociedades latinas, en especial, la caribeña venezolana.la-quinta-dayana-01-2007-bagazos.jpg

 

Han habido excelentes autores que lo han sabido hacer: desde Cabrujas a Caballero, de Santana a Ott, de Palencia a la Moreno, de la Páez a la Pérez…; en fin, unos y otras desde mediados de los años ochenta cuando me atreví a ser “crítico de teatro” me han servido algunas exquisiteces dramáticas bajo el empaque de comedias y dramas que duelen y que he devorado con delectación.

 

En estos tiempos donde debería haber mucho “teatro político” por razones que ya sabemos, vemos como la comedia ligera hace de las suyas y el drama inteligente sabe hacer de las suyas cuando está en manos de un grupo / director sagaz; pero, también vemos en la cartelera como esas comedias y dramas que duelen están colocadas para que el venezolano vaya, las vea, se ría y, de pronto, descubra, un cierto rictus en lo más profundo de su corazón y sensibilidad haciéndolo sentir que esa risa de momento habrá de convertirse en fugaz amargura una vez que se despojó de la sorpresa de cotejar la trama, la situaciones y la verificación de su empatía (¿identificación con los personajes?) ante el fondo textual (discurso) que un autor comprometido, un director experimentado y un grupo artístico han entregado como “factura” a la conciencia de su momento socio histórico.

 

Esta nota es preámbulo a algunos comentarios que efectuaré en próximas entregas y que buscan no estar corriendo tras la urgencia de complacer al autor, director o grupo con su desempeño posterior al estreno o de la temporada sino que, se posibilité más allá de la crónica / crítica de sus esfuerzos creadores que su labor en las tablas tiene que generar una obligada discusión, reflexión y análisis. Que no solo quede el fragor de una noche o temporada. Que no se olvide los supuestos dichos o explicitados tras el discurso textual y concretado, posteriormente, en propio de las puestas en escena. ¡Que haya polémica, que se hable y discierna si, esas miradas al solar de la “realidad” son verdaderos aciertos de los valores de cambio y uso en lo que entendemos como arte dramático y espectacular es lo que siendo la primera década del siglo XXI.

 

Por lo pronto, la mirada de este “espectador especializado” ha venido confrontado algunas textos y montajes que, me dicen cosas, que están en consonancia con todo lo expuesto y que me dan cierto nievl de convencimiento que encajan perfectamente a la “ínsula” de la comedia y el drama que etiqueto de “dolorosos”.

 

La primera, aun cala en los espacios del Teatro Escena 8 en Las Mercedes. Allí se exhibe “Angustias de la mediana edad”, pieza de la dramaturga Indira Páez con dirección (y actuación) de Sebastián Falco para la conjunción de la productora independiente IQ producciones / Escena 8.

 

La segunda propuesta, es “La Quinta Dayana” de Elio Palencia, con puesta en escena de Gerardo Blanco para el grupo Bagazos propuesta al público en la sala de Conciertos del Ateneo de Caracas. Dos textos inteligentes, ácidos, ligeros porque la visual del director y las “estéticas” de montaje de los directores deben hacerla masticable más no “cólicas” en términos de un crítico teatral más quisquilloso cuando percibe que hay presencia de textos, puestas y actores que parecen decir a gritos: ¡somos teatro ligero comercial!

 

Dos montajes que merecen mi aplauso y recomendación para no solo un rato de evasión sino para “vernos” de alguna manera en las tablas gracias a la labor artística y profesional de dos buenos autores, dos grupos y un puñado de artistas de la escena caraqueña que están hilando fino para satisfacción del público caraqueño en lo que ha sido el lapso julio – agosto de 2007.

 

Incluso, como colofón a este “ejercicio crítico”, agrego la presencia de un “remake teatral” que no siendo texto de autoría nacional (pero si una muy bien ajustada versión de “Los Chicos del 69” del actor / director, argentino venezolano, Aníbal Grunn, para la pieza “Los chicos de la banda” (1967) de Matt Crowley, causó “estupor y furor” a finales de la década de los años setenta cuando fue exhibida en el hoy desaparecido Teatro Las Palmas). Comedia armada con un buen texto y un saludable montaje que divierte pero, que tras esa “diversión”, de ese teatro aparentemente frívolo y “comercial” existe un mensaje agudo, picante y con capacidad de seguir diciéndole cosas a una sociedad donde lo “gay” está a flor de piel de muchos y también donde “lo gay de closet” buscan oír, ver y hasta en cierto sentido, buscarse en la representación escénica en estos años de lo que va la primera década del siglo XXI.

 

En entregas sucesivas, comentaré esta tríada de texto y puestas en escena esperando que lo acá asentado sea lo suficientemente estimulante para que usted, amigo lector, se anime y vaya a constatarlas bajo su personal apreciación lo que este servidor percibe como “comedia y dramas que duelen”.

Fuente:
Carlos Herrera/Página WEB A Rumbear

BITÁCORA CRÍTICA

critica@cantv.net

Carlos Rojas

Atreverse con una obra de temática desde una postura «revelador», es mucho riesgo. Caer en el panfleto simplista, popular, mezquino e incendiario; derivar hacia la catequética política y sectaria de los grandes ejecutivos de los canales de televisión…son compromisos difíciles que hubiera podido comprometer y hacer fracasar el intento de César E. Rojas. Sin negar que Definiciones de Perras posea un fuerte componente didáctico, y que se presta a ser manipulada en ese sentido, el trabajo de Rojas, el de su coreógrafo, el de musicalizador y los actores —el montaje acusa de estar realizado como trabajo en equipo—, arroja un amplio saldo positivo.

Una vez visto todo el conjunto del relato y su forma de sucederse, junto al encanto inevitablemente tiene, se puede apreciar el primer desequilibrio entre narrar apoyado en el grupo de escritores y escritoras de telenovelas y en constatar que «el hacer» del grupo no es suficiente como elemento visual para informar del sustentante ideológico tanto de hecho, que se narra como de la propio montaje. Ello se origina en la percepción de un acento, dramaturgico y de realización, sobre varios personajes: la seleccionada 476 como motor ideológico en cuanto a pieza clave del propio texto narrativo y en su vertiente relativa al espectador, comunicativa; Cibernética virtual, que al ser tratada casi como un objeto presente, figura dentro del relato como una especie de conciencia, referencia o instancia legal; las preseleccionadas, si por un lado funcionan narrativamente como las «comediantes de oficio», por otro es utilizado para la demostración de la inoperatividad ideológica de las televisoras a niveles tanto personal como grupal. Los otros personajes quedan por lo general, narrativamente claros, funcionando como piezas ambientales dentro del microcosmo sociológico cual es el de Definiciones de Perra, la nueva producción del Galpón de San Fidel, escrita y dirigida por Cesar E. Rojas, para en un momento dado marcar la diferencia, un tanto maniquea, entre la generosidad y fe por una opción libertaria y autogestionaria y el egoísmo, nacido dentro de las concepciones y condiciones capitalistas (¿capitalismo y oposición dentro del capitalismo?, un matiz sobre el que la puestas dice mucho), que no se deja arrastrar hacia la falsedad. Es ésta la vocación del teatro. Y es ésta nuestra vocación de seres humanos. Es la razón de que estemos aquí. Y es la razón por la que el público y actores esperan juntos la subida del telón.

Un punto de vista/Especial para el Diario Vea

criticarojas@gmail.com

Hemos recibido este boletín especial desde los organizadores del FESTHEVE 2008: III EDICIÓN FESTIVAL DE TEATRO VENEZOLANO en el que se anuncia que participarán «El Mago del Patíbulo» de Edilio Peña, «Buenos días Noruega» de Fermín Reina, «Se acercan las Elecciones» de Parada-Ramírez , «El Secreto de la Felicidad» de Gennys Pérez, «La Tarde de La Iguana» de Juan Martins, Juan Carlos de Petre con «De pie sobre el Abismo»son algunas de las piezas propuestas en esta edición del festival.


Para el 2008 se anuncia la celebración del Tercer Festival de Teatro Venezolano en París bajo la dirección de Yahaira Salazar quien encabeza la Asociación Ciel d’email, entidad dedicada a la difusión de las artes - con énfasis en el teatro -en las comunidades de París contando para ello con los auspicios de la Alcaldía de la ciudad.

Basándonos en nuestra experiencia durante el Segundo Festival, así como en declaraciones que nos hiciera la directora durante una entrevista, presentamos a continuación ciertos enjuiciamientos. … (más)

 

Agosto 2007
L M M J V S D
« jul   sep »
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031