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Juan Martins

 

La pieza «La Bruja» de Johnny Gavlovski, es una estructura de lo épico que se nos hace, en el rigor de la lectura, un poema dramático. Siendo así la cadencia y el ritmo estructuran la sintaxis de un diálogo que se hace poema, conformidad lírica. Esa forma del poema dramático se presenta en el texto: el rezo constante le confiere el ritmo a la pieza, con la idea de crear una ruptura con la historia. foto-johnnyjpg.JPGEs un llamado que se utiliza como recurso ante el espectador. De allí que se construye lo sonoro mediante la situación que ofrece el rezo como tal. Si tiene una finalidad religiosa, también la tendrá estilística para el fin del drama en sí. El rezo constituye parte condicional de los personajes: personajes que pertenecen al siglo de la inquisición alemana. Introduce entonces este elemento histórico como excusa para tratar el género del terror: la muerte y la enajenación ideológica, representada en el aspecto religioso en toda la trayectoria, escena tras escena, de la pieza. Se introduce lo histórico: el juicio inquisidor a una madre e hija acusadas de herejía y hechicería, pero el asunto termina siendo más cotidiano y hasta cercano cuando los personajes deciden relevar su inmediación entre uno y otro. Cuando las pasiones personales son los verdaderos motivos de la historia y de qué se nos dice realmente entre líneas. Se usa el recurso de lo literario para conseguir una pieza teatral rítmica y de estructura teatral.

Al referirnos a la estructura teatral aludimos a los elementos básicos que se deben introducir en la escritura a objeto de darle a la pieza la forma para su teatralidad. Por su parte aquel ritmo de la escritura determina al uso de la palabra en el escenario, a su teatralidad, la cual se ajusta técnicamente en el texto mediante el uso de signos que especifican el sentido general del texto: en esta delimitación del signo se subraya la noción del terror y el miedo como parte de la formalidad del discurso:

Kilan.— Verás miembros despedazados, ojos sacados de la cabeza…

Ágata.— Cosas peores vi de niña durante la peste…

Kilian.—pies arrancados de las piernas, tendones retorcidos en las articulaciones.

Ágata.— Basta, Kilian… Vamos

(..)

El terror será un recurso que identifica el lugar-tiempo de esta pieza, por aquello del aspecto religioso que se denota en el contexto: la inquisición en Alemania. La transición hacia el protestantismo es el escenario histórico. Pero lo que está aquí moviéndose a nivel del espectador es el terror como categoría. El miedo, en un mayor nivel representado por el terror, nos permite decir que se introduce en el género de lo fantástico, hecho que se impone porque el sujeto es sustituido por las condiciones de miedo. El miedo a la muerte es evidente: las escenas se desarrollan en una cámara de torturas medieval. La represión hasta la muerte irrumpe ante cualquier condición del sujeto, de su YO. Su identidad es alterada por el miedo, por el terror. El mal se instala en la vida de estos personajes. Así que se impone una estética del mal a partir de esa irrupción del miedo sobre el yo del sujeto. Se van perdiendo la identidad como individuo y queda sustituida por el mal. Así que el mal funciona como interpretación de la realidad para estos personajes:… (más)

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Albi de Abreu abandonó el montaje de la comedia musical Se te nota, de Carlos Arteaga, que montó Daniel Uribe durante el último trimestre de 2006, y ahora para la segunda temporada ha sido sustituido por Saúl Marín, quien se integró fácilmente al espectáculo que continúa en la Sala Escena 8. Ahí se alude a la homosexualidad masculina, abierta o solapada, la cual ha estado siempre en el teatro y por ende en las sociedades.
Desde Edipo, tal conducta ronda los escenarios para expiar los pecados de su padre Layo y provocar la catarsis entre los espectadores. En la escena venezolana esos personajes no han sido extraños, ya que varios dramaturgos, como Leopoldo Ayala Michelena (1897-1962), crearon unos cuantos amadamados o zoquetes para provocar así la hilaridad entre su público. En los años 60,70 y 80 pulularon las piezas relacionadas abiertamente con “el tercer sexo”. Isaac Chocrón, Román Chalbaud y José Gabriel Núñez escribieron y vieron representadas La revolución, La máxima felicidad, Escrito y sellado, Réquiem para un eclipse, El pez que fuma, Todo bicho de uña, Los ángeles terribles y Bang Bang, entre otras. Sus personajes homoeróticos lanzaban proclamas existenciales o vitalistas.
También, desde los años 70 y hasta bien entrados los 90, se mostró otro teatro para burlarse del peluquero o el criado afeminado en unas tramas cercanas al ridículo. Fue el pingüe negocio del Teatro Chacaíto y de otras salas, ya que el público se agolpaba para ver a Julio Gasette, Jorge Palacios, Germán Freites o Antonio Briceño, encarnando a personajes con tales conductas… (más)

Edgar Moreno-Uribe

El espectador

 

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