Desde hace tiempo se sabía que Nelson Rodrígues, es el dramaturgo del «teatro realista brasileño por excelencia», esto lo deja bien claro con su tragicomedia perversa Siete Gatitas, la más reciente producción del Contrajuego, versionada y dirigida por Ricardo Nortier, se temía pues, otro montaje más, sin importancia. Y, sin embargo, afortunadamente ha llegado no sólo la mejor del año y de toda la factoría Arocha/Nortier, sino una auténtica obra de referencia para esta agrupación. gatitas_contrajuego.jpg
El tema, hondamente humano, está expresado con admirable concentración, gracias a la dramaturgia de Rodrígues. La puesta en imágenes atrevida a través de la mágica disposición escenográfica a la italiana, que da vida a la cotidianidad y a los personajes, creando con su hacinamiento acartonado una verdadera fabela. La obra presenta dos partes perfectamente diferenciadas, de estilo y duración diferentes, pero ensamblada y completadas entre sí. La primera es la ficción en la ficción. La segunda, el desenmascaramiento de la realidad. Desde la entrada, el espectador se ve sumido en un caos aparente, perdido entre la miseria y las mentiras, la lucidez y la sordidez, el odio y el amor del protagonista. Su actitud es la de un «dios» secularizado, que con su «siete gatitas» intenta componer las conductas ajenas, a tenor de sus propias necesidades.

 

La historia de esta pieza sobre la voluntad de sobrevivir es extremadamente sencilla, a pesar de su aparente complejidad. Un viejo conserje, astuto y borrachín, es avisado que su hija menor, ha asesinado brutalmente a una gatita preñada en el colegio donde ella estudia y tiene como protagonistas a sus familiares más íntimos: su madre, sus siete hermanas (pero, en la obra sólo aparecen cinco), un médico pacato y un turco repugnante; aunque esta versión del director, pudo haber prescindido de estos dos últimos personajes. Totalmente innecesarios.
Evidentemente, Siete Gatitas, no es una obra popular, al menos por ahora. Su vanguardismo estilístico no se lo permite. El elenco, admirable, hecho de espontaneidad a base de disciplina notable, en un lenguaje teatral rotundo y cincelado, pero al mismo tiempo, sensato y transparente: Alberto
«Paisa» González, arrollador; Freddy Buitrago, exacto; y Orlando Paredes, encantador; forman un conjunto sin estrellatos de exhibición al servicio del retorcido relato. El resto del reparto, perfectamente integrado.

Carlos Rojas
criticarojas@gmail.com
Especial para el Diario Vea/Un punto de vista

Fuente de la fotografía: Aliarts