La más reciente producción de la agrupación teatral Río Teatro Caribe; se nos presenta como una propuesta de una gran precisión a la que resulta muy difícil sustraerse. (Cuestión que ya viene siendo referencia desde El temblor de la sonrisa). Río Teatro Caribe ni es teatro ni es danza ni pretende mostrarse como tal. Es un nuevo género, bajo esta apreciación debería entenderse. Un híbrido brillante: entre lo teatral y lo dancístico. Ahora empiezo a preguntarme sobre la creación de Sueño Pelele.
La fábula describe a una insólita animal hembra, con el cuerpo desarticulado, enredada en su propia imaginación, un pelele pues, que desea ser humano y que no logra escapar de su realidad lindante. Ella es un proto-personaje de mujer-niña que no ha salido de su infancia. Ella se convierte en esclava de su propia realidad y de una vida sin sueños.
Quizás a partir de esta constatación, se puede intuir más que desarrollar-una lectura del performance- que se logra confirmar del todo a nivel estructural y a la que dan pie, sobre todo, la danza aérea y el trabajo físico-coreográfico de la intérprete Thalía Falconi. La secuencia donde ella queda atrapada en su propia fantasía reproduce este planteamiento con bastante fidelidad.Es un intento muy personal, demasiado de introspección en clave quimérica, en el que Francisco Denis, su director inteligentemente, lleva todas las de ganar, hasta el punto de no haber colocado un diálogo, sino que conceptualmente lo dice todo con imágenes. Esta intuición personalísima del montaje, está al margen de cualquier referencia capaz de ponerla en contradicción, permite a Denis un esbozo libre de una fuerza entorno a las tristezas de la vida. Es más, quizás el único momento de enaltecimiento libertador será paradójicamente-el sueño de estar libre y volar por el espacio. En ese instante donde Falconi danza consigo misma, con su imagen y con su nada.
La falta de referencias externas precisas, una luminosidad que invita a la abstracción, y unas imágenes de naturaleza preferentemente poéticas, sitúan al performance en un clima de sueño o de representación psicoanalítica. Es evidente que no se trata de una obra sobre el comportamiento humano, ni un análisis de comportamientos.
La obsesión de libertad de este espécimen, en la realidad, en el sueño, en la libertad, en la muerte, le invita a soñar sobre una vida que no ha tenido, llena de experiencias sin profundizar en ninguna de ellas. El sueño, mediador multicelular de la vida, se torna en un instrumento de muerte.

Carlos Rojas
criticarojas@gmail.com
Especial para el Diario Vea/Un punto de vista