Mi plegaria escrita y representada por Gladys Prince, acompañada a su vez por Daniel Jiménez en el piano con el grupo «Proyecto Azul», en el marco del «6to. Festival de Teatro de la Colonia Tovar». Nos demuestra que lo testimonial puede trascender en el hecho estético, puesto que, en esta segunda oportunidad que pude verla, noté cómo este espectáculo ha tenido consigo un proceso de construcción y rigor en la puesta en escena. En aquella ocasión había observado como el hecho actoral (magistralmente representado),
junto con la puesta en escena, se imponía por encima de lo dramatúrgico. El espectáculo se nos organiza desde la impronta actoral y su director (Gregorio Magdaleno) conduce concientemente esos aspectos estéticos, teniendo para el espectáculo aquellos valores que le son correspondientes a las condiciones de su funcionabildad interpretativa. Es decir, la actriz hace una interpretación semiológica del texto para tomar de él aquellos elementos emocionales que le permiten desplazar discursivamente lo que entiende por actuación: una relación orgánica entre el escenario y el público: lo que sentimos del personaje, «Susanita Aguijón Salcedo» es de alguna, y en el rigor de esa actuación, un proceso racionalizado en la conducción de la voz, el movimiento y el desplazamiento. Desarrolla su representación desde esos niveles de la emoción. Así que su «dolor», se nos hace nuestro «dolor», su fe, su manera de hacerla sentir, se transfiere en una metáfora de lo femenino (en la mejor acepción de la palabra) que se conduce, inexorablemente, por el público. Por esa razón el público acompaña emocionalmente el espectáculo. De eso está conciente Gladys Prince y lo sostiene estéticamente. Y debo decir que en esta oportunidad se acentuaron los elementos rítmicos que se comunican con el público. Así, toda obra es un proceso de construcción de una función a la otra, evoluciona en la estructura del espacio escénico. Por eso es símbolo, construcción semántica.
La actriz nos da su visión de mundo por medio de aquella interpretación semiológica. Es así porque la actriz registra y hace síntesis de un mundo muy particular y de su contexto. Pero nos los da en forma actoral. No tanto dramatúrgicamente, sino insisto, actoralmente hablando. Y allí, en ese lugar de la escena, compone la ficcionalidad del relato. En sus ritmos, en lo que nos es creíble del personaje. Es creíble porque nos hace reír, nos conmueve. Y eso lo logra la actuación.
Dicha construcción estética de la emoción se nos otorga desde esa racionalidad al intelectualizar aquellos sentimientos. Para la actriz el sentimiento del dolor es una construcción de signos, una expresión que desarrolla desde su oficio y sabe cómo (de)codifiarlo. Al punto que el público está conectado a esos niveles del sentimiento. Se mantuvo en el temple de la puesta en escena el sentido del dolor, creó atmósfera y disfrutamos de la propuesta. Y acá se nota cómo subrayaron los elementos más rítmicos para ofrecerlo como, reitero, un proceso de construcción estética.
Hay otro nivel del análisis que está en lo escritural, en la dramaturgia. No hay que olvidar que esta es una propuesta de la actriz en su primer texto. Es un ejercicio interesante, pero necesita otorgarle más síntesis al drama y quedarse con aquellos momentos que producen comicidad y no desplazar tan extensamente momentos del monólogo que no aportan en la estructura del drama, por ejemplo, lo muy extensivo que se nos hace el prólogo de la misma, como algunas escenas explicativas, extendiendo el hecho narrativo por el drama propiamente. … (más)
juan martins
estivalteatro@gmail.com
Fotografía Augusto Marcano













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