Un brindis por la paz ha sido el espectáculo que pudimos ver en la noche de apertura del « Festival de Teatro de la Colonia Tovar», dirigida y escrita por Alfonso López, interpretado para la representación por Carlos Louise quien a su vez lo hace en su condición de cantante, al escenificar mvc-008f.JPGcanciones de Louis Armstrong mediante el piano. En este sentido queda consolidada la interpretación musical que hace de éste. Al punto que tenemos con nosotros un divertimento al que me atrevo agregarle algunos adjetivos como los son lo exquisito, rítmico o alegre. Ahora esto lo consigue al momento que se incorpora el texto como unidad dramatúrgica de este divertimento. Lo califico así, puesto que la dirección lo asume y nos lo da con esa formalidad: no pretende ser un musical pero alcanza la experiencia de una comedia bien estructurada en signos gestuales y de la voz que nos induce hacia el personaje: el actor nos deja llevar por el sonido de la voz, nos proporciona el temple de su voz, tanto musicalmente como al personaje se refiere. Cuando el texto se nos da como parte del incentivo, el monólogo se compone en la sintaxis del relato teatral: La historia nos conmueve, nos hace parte de ella. Escuchamos esa historia en la voz de un «negro» (en el mejor sentido irreverente de la palabra), en su hablar y en el ritmo particular de una vida como fue la de Louis Armstrong. Y todo, a través de ese signo que es la voz, se nos estructura en forma de comedia, insisto, de divertimento, también de musical. Este hecho musical no quiere asentarse por encima del teatral, en cambio, el relato busca descubrir aquel lugar de teatralidad que le exige la puesta en escena. Estamos ante una comedia de excelente representación y, por consecuencia, eficaz en la comunicación con el público quien se aliena a su relación actor-texto-público. El actor-músico lo estructura y lo compone así en su constante acierto musical, incluso, en cómo determina la gestualidad y el sonido gutural que le fue característico al personaje como uno de los grandes hombres del Jazz norteamericano. Y eso lo sabemos todos, pero aquí se corporiza desde su interpretación orgánica, sentida y cubierta en el espacio escénico. Cabe destacar que ese hecho dramatúrgico pudo acentuar más lo elementos dramáticos del personaje, por ejemplo, el dolor que siente éste por la guerra y la responsabilidad política que tenía y tiene su país. En esos momentos encontramos una postura de denuncia que nada mal le vendría a la interpretación desarrollar la acción por la vía de lo dramático y de la intensidad actoral que bien le puede otorgar su director en algunos cambios en los movimientos y en los desplazamientos del actor. De esta manera la teatralidad toma lugar, figurando un trabajo que evoluciona y se construye en sus signos teatrales. … (más)

juan martins
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