juan martins 

La obra Eppur se mueve nos mostró una solidez actoral que permitió encontrar con una actuación que impuso una poética en la que la emoción se va racionalizando en la forma del texto, en la estructura verbal del espectáculo. Esto significa que el hecho de que el actor sea, a un tiempo, el actor del espectáculo nos permite decir que este actor racionaliza cada una de sus emociones hasta otorgarle un nivel intelectual que se ve expresado en la composición de la representación. Su representación está definida por el uso de los matices, el tono, la proyección de la voz y el tratamiento del rostro.mvc-065f.JPG

Un conjunto de signos que se identifican con el texto y con la anécdota. Por su parte, con la sintaxis del relato teatral. El actor va asciendo en la representación al punto que, en su mejor momento, ya estamos involucrados emocional e intelectualmente. Nos involucramos porque así lo conduce el actor, como el poeta que va figurando su verso desde aquella primera emoción: se racionaliza en verso, en estrofa y en poema finalmente. De allí que el actor nos cierne en la responsabilidad del texto. Lo hace por que toda la estructura del evento está centrada en el texto, en lo que se nos dice. Unas veces con humor, otras veces más racionalizado, dado el carácter científico del personaje (Galileo Galilei). Cuando surge el humor, surge como un elemento de lo lúdico, sacando de los espectadores una sonrisa, una reflexión. El humor es un elemento que se estampa en la totalidad del evento, pero forman parte de un ritmo bien estructurado y escrito. Hay dos alcances, tanto desde el punto de vista actoral, como del escritural.

Tenemos entonces en esta propuesta un teatro de texto que necesita sólo de un buen actor y sobre el espacio vacío resolver la puesta en escena. Y este es el teatro que vimos aquí, que se nos resolvió y se nos compuso en una comedia de inteligente humor y acabado estilístico en la actuación. Todo se nos deviene en actuación. Así que cuando un monólogo está bien representado de un texto íntegro nos toca disfrutar y recibir placer como público. Permitiendo que el autor alcance aquel último nivel de la comunicación teatral según Meyerhold: el público.