You are currently browsing the daily archive for Octubre 21st, 2006.

Continúa la fiesta del teatro gaditano. Festival efervescente en todos sus registros de actividades. Arrancaron los foros críticos; finalizó el X Encuentro de Mujeres de Iberoamérica en las Artes Escénicas: la memoria del futuro” con la participación de destacadas féminas dedicadas a diversas actividades teatrales en América Latina y España. Una de las ponentes fue nuestra dramaturga y directora del Teatro 8 de Marzo (Edo. Aragua), Lali Armengol. Para cuando esta nota este siendo leída se habrá entregado el VII Premio FIT de Cádiz, “Atahualpa del Cioppo” a la destacada actriz argentina Nidia Telles a quien en alguna oportunidad participase en el marco del Festival Internacional de Teatro de Caracas con su contundente monólogo “Madame Curie”. Variado, disímil y dinámico es este festival. De lo visto, comentaré otras propuestas.

UNA COLECCIONISTA DE PREGUNTAS

Un texto de Margarita Borja en trabajo de co dramaturgia con Diana Raznovich, una sobria y a la vez íntima puesta en escena de la propia Margarita Borja, generó el denso como contundente trabajo teatral “Olimpia o La Pasión de Existir”, una co producción argentino – española que estuvo bajo la responsabilidad de los grupos Armar Artes Escénicas y Teatro de las Sonámbulas y escenificado en el Teatro Tía Norica de Cádiz con un público expectante tanto por el contenido dramático y por el desempeño de su plantilla histriónica.olimpia-o-la-razon-de-existir-33.jpg

El tema del feminismo no es nuevo. A través de la historia muchas mujeres han levantado la bandera contra la exclusión. Esta se ha manifestado de diversas maneras segregando, apartando, excluyendo, obviando, minimizando e ignorando el espíritu moral, crítico, social e individual de las mujeres en cualquier ámbito donde el hombre ha detentado poder, sea este político, económico o de ideas.

En el dilatado espectro mosaico de las mujeres que, de una u otra manera han buscado revertir un cambio de actitud, oponiéndose con inteligencia, con fortaleza y hasta colocando su vida al servicio de la causa de ser pares en un mundo de hombres, se destaca la historia de Olimpia de Gouges en lo que fuese el vibrante siglo de la revolución francesa. Hija natural –se decía que se llamaba María, y que fue producto del amor negado de un alto aristócrata de aquel entonces- fue criada por un entorno familiar donde el padre carnicero, le daría afecto y la posibilidad de crecer en un mundo de mentiras y supuestos de sumisión de la condición de ser mujer que no podía tener derechos salvo los propios de la casa.

Mujer brillante, inteligente, osada, adelantada a su tiempo. Mujer que asumió el teatro para ser contestataria, revolucionaria en cuanto a su percepción de sí y de su entorno. Rechazada sus obras por la Comédie Francaise argumentando que el abordaje de sus temas de oposición sobre la esclavitud de los negros eran escandalosas e inapropiadas, no se inmuta y decide que en las vísperas y posteriormente al gran levantamiento y triunfo de la Revolución Francesa donde las mujeres tuvieron un sitial importante, convertirse en aguda e incisiva opositora al régimen de terror que instauró Maximiliam de Robespierre cuando la Francia estaba sumergida en la persecución de toda acción contrarrevolucionaria y cualquiera podía ir a parar en el cadalso para que la cuchilla nacional –léase, la guillotina- cortada cabezas, ideas y oposiciones.

En este espectáculo que ciertamente en lo personal me cautivó y me generó muchas preguntas sobre el siempre papel de la mujer en cada sociedad, descubro como la síntesis e imbricación de elementos visuales, de espacio, atmósfera y desempeño compositivo actoral aprehenden lo fundamental del texto. Texto, escenificación y actuación son una lectura polisémica y abierta a ser asimilada desde muchas ópticas. Tal vez para muchos de los espectadores no haya sido así, pero para quien escribe, el resultado fue impactante y significante.olimpia-o-la-razon-de-existir-15.jpg

La puesta se apoya en el elemento multimedia con el cual, primero, recrea una posibilidad de teatro en el teatro cuando los actores se enfrentan al maquillaje y al vestuario; desde ahí se empieza a construir una lectura que se contrapondrá con la de armar el mundo de cada personaje y una dialéctica que deberá extenderse hacia el mundo personal de recepción del espectador. Podemos ver que hay escenas de multitud donde lo coreográfico plasma las posibilidades que no se pueden llevar a la escena donde solo dos actrices y un actor tienen el compromiso de componer o un solo personaje o varios. Lo sustanciado en lo audiovisual será factor de enlace para que en la puesta en escena se arme la secuencia de cada escena. En lo propio de la puesta con un gran mesón rojo que podía servir de mesa, sillón de regente, o cadalso, con algunos elementos como fajos de escritos y con necesarios cambios de vestuario y haciendo énfasis en el acento de lo lumínico y sonoro, se crea una atmósfera que permite el transito temporal de la trama y una evolución de la mutación histórica ideológica del personaje central.

Hay rigor en la planta de movimientos, concreción de intenciones en cada relación personaje – personaje, ningún desperdicio en la dinámica de lo audiovisual y lo formal del desempeño compositivo actoral. Dirección clara, sin regodeos, lúcida y con un toque de ironía ante la mirada expectante de la pequeña platea de la Tía Norica. La trama dialogal del personaje Olimpia capaz de mostrarse abiertamente ante su casera –mujer sometida y recelosa de la actitud desenfadada de esa mujer con extrañas ideas, del choque con quienes decidían que era lo aceptable o no, en el mundo del espectáculo de la Comedie Francaise, de ese brillante confrontación con el “mosquito” –calificativo con el cual Olimpia denigraba las acciones sanguinarias de Robespierre- y de su visión del amor y de comprensión del papel del hombre nuevo que representaba su amante Mercier, eran claves para la trabazón discursivo significante de este excelente montaje.

Las actuaciones dadas por Andrea Isasi como la enérgica y siempre “coleccionista de preguntas” Olimpia; el cáustico, centralista y ciego manipulador del poder que era Robespierre encarnado por el conciso y con buen talante escénico de José María López y la magnética fuerza y sólida capacidad técnica como artística de Livia Koppman en su desempeño de mostrarnos con firmeza sus papeles de historiadora, madre, dueña y revolucionaria quedaron magníficamente dispuestos para que el buen amante del teatro del actor más que del teatro de la imagen saliese complacido.

Un espectáculo que, insisto, está lleno de lecturas y alcances que incita que se pueda ver más de una vez para asir sus filones tanto textuales, dramáticos y espectacular. Una soberbia muestra del teatro que debe estar en muchos festivales.

Carlos Herrera/Bitácora Crítica en arrumbear.com

criticanacional2005@yahoo.es

 

 

Octubre 2006
L M M J V S D
« sep   nov »
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031