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Rosa de dos aromas; es su título original. La amistad, obviamente, es una de las claves de la pieza. Amistad de Gabriela y una peluquera llamada Marlene que se apoyan, se defienden y que no dudan en arriesgar sus vidas para ayudarse entre ellas. Las dos son seres incompletas, opuestas, faltas de apoyo interior, suspicaces y escasas de su propia personalidad y dueñas de un conflicto en común. Entre ráfagas de humor, apuntes poéticos y cierta picardía costumbrista; lo único que queda claro es que el entorno social que envuelve a estas mujeres es un medio agresivo: desde una violenta ciudad hasta un marido compartido. La línea dramática se apoya en la fuerte y contradictoria personalidad de Marlene, ávida de amor pero, incapaz de asumirlo como placer. Las protagonistas son víctimas de una necesidad de dominio y sumisión. Sin embargo, nada nos dice el fanatismo de Gabriela por el licor; aunque la acción está marcada en el texto. Este ejercicio no echa leña al fuego. Sencillamente es un cliché del autor y su simpatía por el mismo.
Aunque la obra no está bien puntualizada, es muy larga; y es desigual en casi toda su totalidad. Desigual porque el director Noel de la Cruz, que es un artesano con muchas horas de vuelo, no ha querido decidirse ni por el melodrama, ni por el drama de contestación social. Se salva el texto de de Emilio Carballido, en todo lo que tiene de excelente apunte sobre la problemática que afecta a la mujer latinoamericana. Se salva también la buena interpretación de Mariana Gil, que aparece en toda la obra como oprimida por la circunstancia de ser quien es y haber nacido bajo el signo del subdesarrollo.
Es agradable ver nuevos talentos crecer y evolucionando con definitivo éxito en las tablas. No quiero despedirme sin mencionar a Mariana Gil quien magníficamente interpreta a Marlene. Ella es la verdadera heroína de la noche y la gracia de este montaje. Sin, ella difícilmente el trabajo alcanzaría calidad. Por su parte Danique Weil cumple solamente en escena. Claro está, que éstas noveles actrices entregan su mejor compromiso histriónico, pero, con resultados algo heterogéneos. Estoy convencido que en las sucesivas funciones se alcanzará, un más alto desempeño interpretativo, por parte de Weil que hará que Rosa de dos aromas, sea una perla en el incrustado artístico del grupo teatral Prometeo.
Un relato como se ve, poco agradable pero, conmovedor en todo su sentido.
Carlos Rojas
criticarojas@gmail.com
Especial para el Diario Vea/Un punto de vista
Del dramaturgo y médico psicoanalista, Eugenio Griffero (Argentina, 1936) y bajo el esfuerzo de producción de Rolando Padilla, Tulio Cavalli, Italo Silva y Yoyiana Ahumada la escena caraqueña está teniendo un grato como hermoso trabajo teatral con la escenificación de la pieza “Príncipe Azul” de este sensible escritor que ha sido inscrito en la llamada “Generación del 75” donde figuran Eduardo Pavlovski, Roberto Cosa y Griselda Gambaro. Autor vanguardista y olfato para los problemas socioculturales ofrece una interesante actividad escritural que le ha llevado a pergueñar piezas como: “La gripe, “Té de reinas”, “La Fuerza del destino”, “Príncipe azul”, “Destiempo” (Premio Moliere 1984) entre otras.
Griffero, ha sido escenificado en países iberoamericanos alcanzando reconocimiento de público y crítica. Con “Príncipe Azul” (1982) se presenta al espectador, una historia de amor de dos hombres sesentones que, por miedos al entorno social, se prometieron reencontrarse después de cincuenta años de su amor adolescente en una idílica playa que les vio sentir el estremecimiento de lo prohibido. Un tema del amor, el compromiso y la espera. Una fábula que entreteje cosas no dichas pero que se llevan en el alma como promesas que jamás caducan y que vence las presiones del ¡que dirán!, de los roles, de las posturas, de la familias y compromisos. Drama que conmueve porque tras estos dos seres y sus diálogos que esconde el inefable sentido de la ilusión perdida, el miedo por la frustración y del ansia que, como vieja gaviota, sabe que va a morir al África donde la soledad será su compañera.
Con la exultante capacidad histriónica de Roberto Moll (Juan) y de Marcos Moreno (Gustavo) se construye esta historia. Dos excelentes actores. Un desempeño de composición de personajes y escenas brillantes, memorables. Que buen teatro ofrecen. Saben capturar la densidad de estos seres marcados por un amor imposible. No hay regodeos ni excesos: teatro orgánico, trabajo actoral de primera. Teatro que conmueve. He ahí que la dirección de Francisco Salazar fue asertiva y contundente en armar este compacto espectáculo. Propuesta llena de atmósferas, tensiones y anhelos. La dúctil labor de Edwin Erminy en la recreación escenográfica y la sutileza de atmósferas de Carolina Puig (iluminación) complementan un montaje que, insisto: ¡hay que ver y disfrutar!
Carlos Herrera/critica@cantv.net
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