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Rodolfo Rodríguez

ANA GABRIELA MELO, la ganadora del 4. Off Art-Festival de Margarita, en su versión “ex aequo” compartida con Simón Salcedo, nos trajo “Las penas saben nadar” de Abelardo Estorino, en dirección de Mariozzi Carmona para el Teatro de Cámara de Maracay del estado Aragua. foto-de-ana-gabriela.jpgLos grandes talentos siempre sueñan mostrar sus condiciones histriónicas al público, libres de los apoyos de la puesta en escena, es decir, desde el centro excéntrico de la acción y no desde la articulación de la puesta. Esta actriz que representa a una actriz que viene a exponernos su arsenal interpretativo a través de la creación del rol de “La voz humana” de Cocteau, sueña para su propósito, con un espacio ideal que ella misma acota: una silla, una mesita y una única luz; y en el centro ella, irradiando su talento, llevándose por el medio a todo lo que suponga competencia de su rol protagónico. Este es el “plot”, con algunos otros aderesos, especialmente aquellos relativos a los conflictos psicológicos sobre el fracaso, contenidos en la historia que nos propone el autor, en su bien escrito monólogo. En este caso, Melo no halla obstáculos para su propósito. La directora Mariozzi Carmona, no interviene como puestista en la recreación de una estructura complicada en la planta de movimiento y se centra en lo que creemos es su único propósito: valorar la vida escénica y la expresión del mundo interior de la intérprete, el gesto como elemento significante de la interpretación, o lo que es lo mismo, como centro de la acción, y el concatenamiento y desencadenamiento de la emoción.Melo supo trasmitir con belleza, desenvoltura y una bien atiplada voz los desmedros de la actriz fracasada que lucha por sacudirse de su ruina. Para tal propósito se enfundó con la interpretación de una “colombianita” que entre tragos va narrando la historia paralela de su propia vida que no es otra que la misma de la pieza que representa. Su audacia en la manera como sostuvo su caracterización, el timbre y los registros de su clara y limpia dicción, el manejo de las emociones y el apoyo de una personalidad fascinante, le dieron a su trabajo la justa medida de un talento en ebullición. Melo es una actriz de cercanas dimensiones histriónicas que deseamos verla en otras interpretaciones interactuando con un elenco.Vale destacar en la joven actriz, no ya los desplazamientos, que en todo caso fueron relativamente pocos, sino el cómo ella, desde la gesticulación postural, le da corporeidad y ritmo al movimiento. Hay equilibrio y mesura en el manejo progresivo de la ebriedad, cosa en algunos casos difíciles de resolver sin caer en los normales clisés que forman parte del arsenal interpretativo de los actores. Ella no, ella hace de ese estado una acertada progresión que va creciendo orgánicamente hasta el final. Melo articula y desarticula, desde la casi inercia de su silla un conjunto de componentes físicos que desbordan los ámbitos de lo meramente expositivo de la acción, para recrear por esos medios una composición gestual que se impone a los trazos de la dirección escénica y así recrear una línea estilística de su representación. Tiene la actriz la justa medida entre la comedia y la tragedia y va de uno a otro estilo con aplomo, organicidad y solvencia. En síntesis, Ana Gabriela Melo nos ofreció una performance articulada, sin grietas, fresca, y vivencial en lo explícitamente teatral.

 

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