You are currently browsing the daily archive for Julio 11th, 2006.
En el 4.Off Art-Festival de Margarita recorre Venezuela” se presentó el Grupo “El hombre del traje amarillo” con su espectáculo “Primera comunión”, interpretada por Víctor Rodríguez , escrita y dirigida también por éste, quien estaba representando al estado Zulia, nos mostró una estructura actoral coherente con la propuesta de un teatro que se mueve por el humor y los elementos ideosincráticos que signa una formalidad con su noción de ser y de la vida de un hombre que identifica su memoria por la vía de la definición de lo sexual. Y se impone desde esa sexualidad para tratar una relación con el público. El público participa en esa comunicación mediante el humor como edificación del drama. Así quienes estábamos de público disfrutamos de una condición actoral que se ajustó al texto, se edificó desde él, puesto que el relato teatral centraba la historia de aquél hombre, en tanto personaje, que nos dice de su vida sexual. El tema aquí toma relevancia cuando estéticamente se ha planteado en una puesta en escena que se caracterizó por la síntesis y la claridad en conflicto de la pieza: un hombre que nos dice, en una noche de nostalgia y bolero musical, qué está “sintiendo” por su amor perdido y qué vive en ese instante de pérdida del recuerdo y la memoria, permitiendo que la memoria sea el canal con el que se expresa y remueva aquellos signos de su memoria y de su infancia a través del vestuario, la música y el maquillaje. Todo figura una simbología de lo no-heterosexual, connota una imagen de su condición de hombre. Y fíjese que he dicho “no-heterosexual” para entenderlo en la condición filosófica que aquí se representó: el ser humano por encima de cualquier decisión sexual de éste. Aquí importó los niveles emocionales con los que se exhibió al personaje.
Un teatro que se identificó con la estructura del personaje. Pocas veces nos hemos encontrado con esa condición del teatro venezolano. Me refiero al hecho de que sea el personaje la estructura fundamental de la representación y la figura expresiva de la actuación. Todo se erige en función de éste, desde el drama hasta los elementos de la actuación. Creo que en este caso es muy particular porque su autor es quien lo representa al mismo tiempo. Y lo hizo con signos que apuntan esa relación con el personaje y su historia: poco desplazamiento para centrar en un pequeño espacio al relato, el maquillaje, por su parte, buscaba signar las condiciones de su homosexualidad y el carisma de su personaje, acompañado de la iluminación que subrayó la atmósfera del espectáculo y algunos lugares del drama, sobre todo aquellos donde el nivel emotivo alcanzaba su clímax. La emotividad era en sí signo. Todo simboliza aquellos niveles de la emotividad, adquieren su racionalidad en la interpretación que hace el autor del drama y de su puesta en escena. Esa puesta en escena cuidaba tales signos en el color tanto de la iluminación como del maquillaje en general. El maquillaje dibujaba en el personaje aquél lugar de las emociones, pero, como trato de decir, esa emociones pasaron por un sentido racional, otorgándole al espacio escénico su estructura creada, si se quiere, sentido escénico. Por momentos nos emocionábamos, por momentos nos consternábamos ante la presencia del personaje. Y eso tenía una razón de ser al crear una ruptura con los niveles de receptividad de la audiencia. Y con esa ruptura del lenguaje con la que su autor trasgrede la realidad mediante el humor. Un ejemplo de ello lo tenemos en el uso del vestuario que precisó en su acabado e intención final, cuya composición aportó este sentido: la imagen de un angelito de primera comunión y cómo es trasgredido en determinada erótica de lo escabroso lo cual fue definido en el parlamento. Está allí el mayor mérito por el alcance de lo representado y transferido en aquél espacio escénico. Aquello que no se acepta sirve para hacer reír y la risa es una catarsis en la que intervienen tanto éste, el público, como su intérprete, Entonces se funda lo ficcional de la obra. Y hay que aclarar que esto no es tare fácil para representar, dado el hecho vivencial y documental de la obra. Y aún más cuando se quiere representar bien. Eso se hizo, se trató a la emoción como signo estructurante. El actor ha ido racionalizando esas emociones hasta convertirlo en el drama que vimos. Porque la emotividad adquiere forma de drama en el cuerpo del actor después de un proceso de racionalización de la imagen y la palabra, haciendo que la corporeidad del actor se nos haga texto, forma poética, palabra que se “ve”. En la medida que se desprenda a su vez de las emociones será cuando lo poético tome su lugar. Parece una contradicción pero es el rigor del teatro y del drama en sí como forma literaria. (más)
Juan Martins, maracay, julio de 2006/estivalteatro@yahoo.es
Vicente Lira es un escritor caraqueño con suerte. Se ha ganado, casi seguidos, sendos concursos de dramaturgia y ya está terminando tres obras más, las cuales enviará a otras competencias de calidad, donde seguramente obtendrá más galardones. Cuenta este teatrero (no ha cumplido los 47 años) -es licenciado en Letras, de la UCV, pero se gana la vida con la computación- que su afición a escribir piezas teatrales le viene porque conoció a Mónica Montañés, Rodolfo Santana, Gerardo Blanco y Toti Vollmer y éstos le dieron talleres o cursos, le premiaron su ópera prima, Las tumbas son pa´ los muertos, se la produjeron y además le hicieron una temporada exitosa, durante el primer semestre de este incierto 2006.
-¿Cómo fue eso?
-Estaba escribiendo una novela histórica, y jugaba en los textos con la narración, la descripción, y la poesía. En un momento quise enfrentar a mis personajes y sentí que me faltaba algo en ellos que los hiciera reales, entonces decidí suspender la novela para encontrar estos personajes y sus voces. Ellos han logrado que ahora me rodeen una cantidad de personajes que quieren hablar, y sus voces y las mías se unen en el teclado y se plasman en el guión teatral. Allí nos encontramos y mientras estén, tengo que dejarlos expresarse.
Cuenta que con Mónica Montañés hizo el taller sobre “Como contar un cuento que va a ser mostrado” y después dos talleres con Rodolfo Santana. “Lo que pasó me tiene todavía sorprendido, porque esa primera pieza gustó a la gente del grupo Bagazos, me la premiaron y la llevaron a escena. Ahora, Monte Ávila Editores acaba de premiar, en su concurso de autores inéditos, mi texto Los dioses del sur, según el criterio del jurado que le juzgó, integrado por José Gabriel Núñez, Rodolfo Santana y Orlando Rodríguez, quienes destacaron ‘el excelente manejo del lenguaje teatral, la acertada visión de las estructuras dramáticas y la pertinencia de las temáticas enfocadas’. Ahora viene una lucha para que sea exhibida, lo cual es vital para un autor, y mucho más en mi caso, porque estoy comenzando, aunque debo agradecer el premio que permite al menos su publicación”… (más)
Edgar Moreno-Uribe
El Espectador













Comentarios Recientes